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Sector financiero

Los cinco grandes bancos copan ya el 70% del mercado español

El semáforo de la competencia en el sector intensifica su color naranja tras las fusiones CaixaBank-Bankia y Unicaja-Liberbank

Retirada la marca Bankia en las Torres Kio de Madrid para que luzca CaixaBank. José Luis Roca

El fantasma de un oligopolio pende sobre el sistema financiero español desde hace años. La concentración en el sector se ha disparado desde el estallido de la anterior crisis iniciada en 2008 a medida que el número de entidades relevantes se reducía de 45 a 10 fruto de las nacionalizaciones y fusiones. Las autoridades, con todo, siguen sin ver alarmante la situación, en función de los indicadores que utilizan para medir el grado de riesgo a la competencia. Sin embargo, uno de estos indicadores marcó el año pasado una nueva cota sin precedentes: los cincos mayores bancos del país (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell y Unicaja Banco) concentran ya el 69,3% de los activos bancarios en España.

El dato del Banco Central Europeo (BCE), supervisor financiero de la zona euro, refleja que la absorción de Bankia por parte de CaixaBankcuarto y tercer bancos españoles hasta su fusión en marzo de 2021, volvió a elevar la concentración bancaria por primera vez en dos años. También afectó, aunque en menor medida, la unión de Unicaja Banco y Liberbank. Entre 2018 y 2020, así, la cuota de mercado de las grandes entidades bajó del 68,5% al 66,4% fruto de la mayor competencia en el sector tras el saneamiento posterior a la crisis financiera, que fortaleció a los bancos más pequeños. La integración de la entidad nacionalizada en la catalana rompió esta racha y llevó el indicador a un nuevo máximo histórico.

La cuota de mercado del 69,3% de 2021, así, contrasta fuertemente con el 40,3% de 1999 (año en que comienza la serie histórica del BCE) y con el 41% de 2007 (el ejercicio previo al estallido de la burbuja inmobiliaria). Respecto a los principales países de la Unión Europea, está muy por encima de los datos que presentan Alemania (31,8%), Francia (49,3%) e Italia (51,6%), aunque queda por debajo de la de Holanda (84,1%). En cualquier caso, está todavía lejos de la de los países que presentan peores registros, como Grecia (98%), Estonia (93%), Lituania (89,8%) o Letonia (87,4%).

Más ámbar

Aún más relevante es que, fruto de las dos fusiones del año pasado, el semáforo que utilizan las autoridades financieras para medir el grado de competencia en el mercado intensificó el año pasado el color naranja que alcanzó por primera vez en 2018 tras la absorción del Popular por el Sabadell. Tras dos años de caídas, así, el índice Herfindahl e Hirschman (más conocido por HHI por sus siglas en inglés) se elevó el año pasado de 1.082 a 1.270. Como regla general, el BCE estima que un nivel inferior a 1.000 implica una baja concentración, mientras que una cota de entre 1.000 y 1.800 la considera de concentración media, y por encima de 1.800 la ve de alta concentración.

Los principales organismos de defensa de la competencia del mundo utilizan dicho índice para analizar la situación de un mercado. Se calcula elevando al cuadrado la cuota de mercado que cada empresa posee y sumando esas cantidades, con lo que se da más peso a las compañías más grandes. Un valor máximo de 10.000 implica que se produce un monopolio. La normativa de competencia europea del 2004 entiende que un nivel inferior a 2.000 no es alarmante. En Estados Unidos, por su parte, un nivel de menos de 1.500 implica que el mercado está "desconcentrado", entre 1.500 y 2.500 supone que ya está "moderadamente concentrado", y por encima de 2.500, "altamente concentrado".

Concentración creciente

En 1999, el sector financiero español presentaba una muy baja cota de 427, que en la década siguiente creció de forma moderada hasta los 459 del 2007. Las fusiones, sin embargo, lo han llevado a dispararse y a mantenerse durante cuatro años seguidos en un nivel cada vez más naranja, aunque todavía lejos de la cota de 1.800 que marca la frontera con el rojo. De haberse producido la frustrada fusión entre el BBVA y el Sabadell, se le hubieran añadido otros 235 aproximadamente, según cálculos del mercado, con lo que también hubiera quedado por debajo del nivel preocupante.

Este análisis es, en parte, lo que explica que el BCE y el Banco de España haya estado durante años instando a un mayor proceso de concentración (en el caso del organismo español, desde el 2015) para que los bancos ganasen eficiencia recortando oficinas y plantilla y mejorasen así su rentabilidad golpeada por los bajos tipos de interés. En los últimos meses, sin embargo, el mensaje ha parecido perder peso en sus discursos, en buena medida por el aire que está insuflando a las cuentas del sector el encarecimiento del precio del dinero para combatir la inflación. Con todo, no es descartable que vuelva a resurgir a medio plazo por retos estructurales como la digitalización de su clientela o coyunturales como el posible incremento de la morosidad.

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