Industria

Un quirófano para operar el enorme corazón del naval

Mecanasa trabaja en la puesta a punto de cinco embarcaciones: desde atuneros de casi 80 metros hasta patrulleras de Aduanas

El muelle de reparaciones de Mecanasa, en Bouzas.

El muelle de reparaciones de Mecanasa, en Bouzas. / Marta G. Brea

Jorge Garnelo

El frío, la lluvia y el viento que estos días se sienten en la ciudad poco o nada tienen que ver con el microclima del muelle de reparaciones de Bouzas. Las condiciones adversas se magnifican en este espacio abierto, pegado al mar, y allí tratan de protegerse como pueden algunos de los barcos varados. Son pesqueros destartalados, en su inmensa mayoría, arrejuntados bajo la sombra de los gigantescos buques Ro-Ro que a pocos metros se encargan de descongestionar la terminal, abarrotada de coches. En la misma ubicación se asienta Mecanasa, auxiliar naval con más de 20 años de experiencia en la instalación, mantenimiento y reparación de equipos mecánicos. Un 'hospital' para numerosísimas embarcaciones que acuden a Vigo con algún tipo de problema, o simplemente a pasar una revisión.

Su nave, de 2.700 metros cuadrados, sirve en muchos casos de 'quirófano' para los 'corazones' de barcos que arriban completamente parados, sin latir. Ha llegado a albergar motores “de siete metros de largo y casi tres de alto”, explica Jorge Calo, jefe del taller, reconociendo que esos casos son los que más le gustan. “Es lo mejor, cuando tenemos uno de ese tipo. Lo desmontamos para detectar cuál es el fallo y lo arreglamos”, detalla durante una visita a Faro de Vigo, del grupo Prensa Ibérica, rodeado de maquinaria de toda clase: tornos convencionales y por control numérico, fresadoras… Como los médicos, su equipo opera dentro, resguardado, pero también se desplaza a los principales astilleros de la urbe olívica para prestar asistencia.

El interior de Mecanasa.

El interior de Mecanasa. / Marta G. Brea

Normalmente a la nave acuden los motores más “pequeños”, que aun así multiplican con creces la talla de los que emplea cualquier automóvil. Para atender aquellos de grandes dimensiones es cuando se moviliza al personal hasta el emplazamiento en el que permanecen atracados los 'pacientes', ya que “si no habría que hacer una cesárea a las embarcaciones para sacarlos, transportarlos y meterlos con grúas externas en el recinto”. Los 'corazones' de barcos, tanto principales como de emergencia, son supervisados por varios profesionales al mismo tiempo para asegurarse de que todas las piezas encajen a la perfección. Para que después de miles y miles de horas de marcha vuelvan a funcionar o sigan funcionando como un reloj.

Proyectos y buques

Entre los proyectos que allí están acometiendo, Mecanasa trabaja en estos momentos en la reparación de varias partes clave del atunero 'Montelape', de bandera de El Salvador y propiedad de Calvo (ahora Grupo Nauterra). El buque, del que entre otras cosas están poniendo a punto su rodillo de babor –el mecanismo que permite ayudar a secar la red, así como acelerar el cierre del saco para reducir la pérdida de pescado–, cuenta con una eslora de 78 metros y jugó un papel fundamental en 2020 durante el rescate de los 29 marineros que iban a bordo del 'Albacora 6', que sufrió una fuga y se hundió a 260 millas al sur de Costa de Marfil.

La firma también está abordando la instalación del motor del 'María Magdalena', de bandera francesa y 24 metros de largo, y el arreglo de varios componentes del 'Madrus', de 74 metros y bandera estonia. En el primer caso, los profesionales de taller y los que trabajan a bordo se compaginan para, desde la distancia, preparar en el interior de la nave las piezas necesarias y posteriormente llevarlas hasta Celeiro, en Lugo. Junto a estos tres barcos, Mecanasa ultima los ajustes de dos embarcaciones vinculadas al Servicio de Vigilancia Aduanera en Galicia, indispensables en la lucha contra el narcotráfico. Un patrullero de altura y una interceptadora.

Maquinillas, timones y demás artefactos son tratados también en su nave, donde la jornada comienza siempre a las siete de la mañana y culmina a las tres. Habitualmente hay cuatro o cinco mecánicos en este recinto y el resto se distribuyen por los diferentes astilleros de la ciudad salvo que sean necesarios. Y en la planta, como en tantos otros oficios tradicionales, el relevo es una de las cosas que se tienen en cuenta a la hora de encarar su futuro: “Fichamos gente joven, pero falta una generación en el medio. Hay un salto generacional. Se fue la gente mayor, de la gente del medio hay muy poca, y eso se nota en los jóvenes que llegan. Muchos no han tenido un 'maestro'”.