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El hasta luego de la ministra audaz

La cuota catalana asume de nuevo el timón de la sanidad en un Ministerio mutilado y en detrimento de la gestión enérgica de María Luisa Carcedo

El hasta luego de la ministra audaz

El hasta luego de la ministra audaz

Se veía venir que los socialistas catalanes no iban a quedarse ayunos de representación en el nuevo Gobierno de coalición, y la asturiana María Luisa Carcedo ha sido la víctima de la fragmentación y posterior reparto de lo que venía siendo el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social.

La médico de San Martín del Rey Aurelio pasará, en consecuencia, a la condición de diputada rasa. Ella misma precisa que "de momento", lo que invita a pensar que tiene en su cabeza una nueva responsabilidad superior a diputada e inferior a ministra. Lo que parece inevitable es que Asturias se quede, una vez más, sin voz en el Consejo de Ministros. Mientras tanto, Cataluña emitirá en estéreo: con el filósofo Salvador Illa, sustituto de Carcedo en un ministerio mutilado, y con el sociólogo Manuel Castells, albaceteño metido a independentista catalán y futuro ministro de Universidades.

La historia se repite. Cuando el último Gobierno de Mariano Rajoy necesitó cubrir su cuota catalana, también tiró del Ministerio de Sanidad, con una Dolors Montserrat que no pasará a la historia por sus hazañas en el número 18 del madrileño Paseo del Prado. Poco importa que los servicios sanitarios absorban el 40 por ciento de los presupuestos de las comunidades autónomas. Ciertamente, la mayor parte de las competencias del sector están transferidas a los gobiernos regionales. Pero no es menos verdad que la supervivencia de la sanidad pública está supeditada a una serie de reformas que han de ser aplicadas en todo el país de forma simultánea. No, Sanidad no debería ser un departamento de conveniencia.

Con esta nueva estructura y composición del Gobierno central pierde Asturias pero, ante todo, pierde la imprescindible coordinación entre la sanidad y los servicios sociales. La salud y el envejecimiento son realidades indisociables. Los planes sociosanitarios proliferan por doquier, con sesudas reflexiones financiadas por las administraciones públicas. Sin embargo, llegan las urgencias de los pactos y toda la teoría elaborada durante décadas salta por los aires. Incluso sobre la tesis, que no parece descaminada, de que Pablo Iglesias pretende construir su vicepresidencia de asuntos sociales en rigurosa comandita con sus otros cuatro ministros, y a una prudente distancia del resto del mundo.

María Luisa Carcedo ha sido ministra durante casi 16 meses. En este periodo, con el también médico asturiano Faustino Blanco a su lado, ha abordado asuntos de enjundia: combate a las pseudoterapias, aumento de las plazas MIR contra la escasez de médicos, plan de acceso a los nuevos y carísimos tratamientos, esbozo de una reforma de la atención primaria... "Hizo mucho en muy poco tiempo y, esencialmente, lo ha hecho bien", declaró ayer a este periódico Francisco del Busto, consejero de Sanidad en el anterior Gobierno del Principado. Del Busto destaca, entre otros logros, "la recuperación de la sanidad universal", "el calendario vacunal único" y "el impulso al Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud como herramienta de cohesión".

María Luisa Carcedo -hoy sanchista convencida a la que el expresidente del Principado, Javier Fernández, no perdona lo que considera una traición sin límites- se aleja por el momento de los máximos oropeles de la política. "Seguro que no va a aceptar que, con 66 años, su tiempo puede haber terminado", señala un compañero de filas socialistas encuadrado en otra "sensibilidad". Todo apunta a que esta malevolencia no está mal tirada. Carcedo es tenaz, perseverante, una yonqui de la política, una enemiga de las rendiciones prematuras... Algo se inventará para resurgir de las cenizas de la gran barbacoa con butifarra y alioli. Nadie olvide que, por lo que sea, a los médicos no les gusta jubilarse hasta los 70 o más...

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