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Los centros educativos de Gijón acogerán talleres sobre prevención de suicidios

El Teléfono de la Esperanza, que atendió 7.455 llamadas en 2018, elabora una página web que "normaliza" los problemas de autoestima y la tristeza

Los voluntarios María José Pablos y Daniel Eichelbaum, en las oficinas del Teléfono de la Esperanza en Gijón.

Los voluntarios María José Pablos y Daniel Eichelbaum, en las oficinas del Teléfono de la Esperanza en Gijón. M. LEÓN

Al inicio del próximo curso lectivo Teléfono de la Esperanza lanzará en Gijón su nuevo programa de prevención de suicidios juveniles. El proyecto, que ya ha dado sus primeros pasos en Oviedo en forma de talleres y charlas informativas, pretende culminar con la creación de una página web que sirva como fuente de consulta para jóvenes y adolescentes. "Son la parte de la población que menos nos llama porque su plataforma para comunicarse ahora es internet, pero es importante que se sientan escuchados", explica María José Pablos, voluntaria de la ONG citada. El grupo recibió 7.455 llamadas a lo largo de 2018 en Asturias, pero más del 98% tenía al menos 27 años de edad.

Los talleres educativos buscan "normalizar las emociones" propias de la adolescencia. "A esa edad todo se vive con mucha novedad e intensidad. Son muy comunes los sentimientos de culpa y de vergüenza y la sensación de que son los únicos que sufren; tienden a pensar que todo lo que les pasa es excepcional", razona Daniel Eichelbaum, voluntario del colectivo. "Los talleres que traeremos a Gijón buscan acabar con esa sobredimensación del problema; poder hablar abiertamente sobre sus sentimientos les permite desdramatizar su situación", añade. En la capital asturiana ya se han llevado a cabo 1.557 de estas charlas para alumnos de entre 11 y 18 años. La campaña gijonesa será similar y busca "dinamizar conversaciones normalmente complicadas". Los temas a tratar, por tanto, serán la autoestima, la solución de problemas, la empatía, sobreponerse a los cambios, la actitud, la creatividad y los hábitos de alimentación. "La idea es que los chicos no nos vean como conferenciantes que vienen a soltarles el rollo. En Oviedo nos funcionó; los alumnos se divertían mucho y participaban con ganas", asegura Pablos.

Estos debates forman parte de la primera fase del programa. La segunda se tratará de poner en marcha al mismo tiempo que los talleres en Gijón y consistirá en la publicación de una página web con información similar a la citada. "Nos hemos dado cuenta de que si estos jóvenes no nos llaman tenemos que ser nosotros los que salgan a su encuentro. Como ellos se comunican en internet, intentaremos crear un portal al que puedan acudir cuando tengan cualquier duda relacionada con sus emociones", comenta Pablos. Lo complicado, hasta ahora, está siendo encontrar un lenguaje que invite a la lectura. "Estamos haciendo subsecciones que ilustren sentimientos típicos de la adolescencia. Una, por ejemplo, se llamará 'Soy una mierda'. Queremos que los jóvenes que lo lean se sientan identificados, que no nos vean como algo ajeno a ellos", asegura Eichelbaum, que incide en que una adolescencia sana, en realidad, es una etapa vital "apasionante". "Es importante que los jóvenes puedan crecer en buenas condiciones porque a esos años creamos nuestra identidad como personas, tomamos nuestras primeras decisiones y ampliamos nuestra visión del mundo", enfatiza.

La soledad, endémica

El Teléfono de la Esperanza atendió el año pasado a 7.455 asturianos, una cifra que según Pablos se mantiene estable. La mayoría de los usuarios que efectúan la llamada son mujeres (67% en 2018) y la edad más común oscila entre los 40 y los 60 años. La soledad es el problema más extendido. "Lo normal es que charlemos con gente normal, gente que trabaja y tiene una familia pero que simplemente se siente sola. En casos puntuales atendemos a personas con problemas muy graves que no se atreven a hablar ni con su familia. Se sienten muy cobijados porque saben que debemos mantener la confidencialidad y el anonimato", resume la voluntaria.

Eichelbaum considera que las mujeres siguen siendo las más participativas por que "culturalmente han sido enseñadas a hablar más de sus sentimientos" y porque, también por tradición, los varones suelen tener más alternativas de ocio. "Se mantiene un poco el estereotipo de la mujer sola en casa que nos llama mientras su marido está en el bar. Por eso también el alcoholismo les afecta más a ellos que a ellas", completa.

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