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MÓNICA IGLESIAS FERNÁNDEZ | LIBRERA, REGENTA LA HABITACIÓN PROPIA

Lucha feminista desde la biblioteca

Activista de izquierda y responsable de la primera librería de la región que solo vende obras escritas por mujeres

Lucha feminista desde la biblioteca

Lucha feminista desde la biblioteca

Regenta una librería-café en Gijón, pero en sus estanterías no hay ningún libro de Rafael Chirbes, ni de Raymond Chandler, ni de Charles Dickens. Ni un solo hombre. Mónica Iglesias Fernández (Mieres, 1969) es la dueña de La Habitación Propia, un pequeño local de la calle Celestino Junquera presidida por

Iglesias abrió "su habitación propia" en octubre de 2018 y trabaja, desde entonces, en la primera librería de Asturias que solo vende obras escritas por mujeres. Fue toda una declaración de intenciones y una apuesta un tanto arriesgada que, poco a poco, se está asentando como un espacio de referencia para mujeres artistas, poetas, cantantes y monologuistas. "Es uno de los proyectos más interesantes que he visto en Gijón en bastante tiempo; la visibilidad que nos da es bestial", agradece Mara Saturio, ilustradora y amiga de la librera. "Pude exponer mi trabajo allí, con lo que eso supone, y siempre recurro a ella cuando tengo cualquier duda; desde que la conozco me anima a mejorar en lo que hago", añade.

Aunque original de Mieres, Iglesias residió buena parte de su vida en Avilés, donde estuvo casi siempre vinculada al activismo político de izquierdas. "Cuando dejó de militar creo que lo de montar la librería se le ocurrió porque siempre fue muy dependiente de la lectura; tenía sentido montar un proyecto de este tipo. Estoy bastante seguro de que si tuviese que elegir entre los libros y yo, se iría con los libros", bromea su pareja, Ángel Novoa, que añade que la literatura está suponiendo un pilar fundamental para que la mierense profundice en una militancia feminista con la que siempre se ha sentido comprometida. "Gracias a la librería está descubriendo aspectos del feminismo más transgresores que no había descubierto hasta hace relativamente poco; ella es de esas que, en cuanto descubre una idea nueva, se la cuenta a todo el mundo. A mí me pone la cabeza loca, en el buen sentido", apunta entre risas.

Novoa e Iglesias se conocieron en plena crisis económica. "Era en el 2007 o el 2008 y al poco todo se me vino encima porque me quemaron el coche, el banco me quitó el piso y me tiré mucho tiempo en paro; en esa época Mónica fue un punto central para poder tirar para adelante, siempre fue un pilar en la relación", agradece él. La lectura fue también una herramienta indispensable cuando en 2009 nació su única hija, África. "Se formó muchísimo, porque a los padres no nos dan un manual de instrucciones, y ha conseguido tener una relación muy especial con ella; yo al menos lo veo así, le habla como a un individuo autónomo y no como un apéndice nuestro", asegura Novoa. La pequeña, por su parte, afirma que su madre es "más bien graciosa" y que suelen pasar las tardes libres haciendo puzzles y viendo "Friends" en el sofá. No recuerda que le eche "broncas" a menudo. "Algunas veces sí, pero porque es verdad que me puedo poner un poco pesada con los clientes", reconoce la joven, que considera que lo mejor de que su madre tenga una librería es que puede ojear libros sin pagar cuando quiera.

Mientras Iglesias revolotea despistada por la librería -no es difícil que pregunte en alto y muerta de la risa si el cliente pidió un descafeinado o un cortado-, una perra con el pelo alborotado llamada Alma aprovecha para hacer de las suyas. Iglesias la rescató hace cosa de cinco años de una protectora de animales. "Es una perra rescatada a la que habían intentado ahogar; la sacaron del río y la pusieron en adopción junto a sus hermanos, era la única que faltaba por adoptar", aclara Novoa. Se ha convertido en "la mayordomo" particular del local y va mesa por mesa saludando a todo el mundo. Es, además, una experta chantajista, pues sabe poner cara de obediente para que le den cacahuetes. Suele conseguirlo. También le caen broncas -cariñosas- si se pone pesada con los clientes.

Su madre, María Oliva Fernández -que se ríe cuando se le pregunta por su nombre de pila porque todo el mundo la llama "Vivi"-, recuerda a su "Moni" como una niña que sacaba buenas notas y que siempre tuvo algo de duende para el arte. "Fue muy buena, como todos los niños, y de adolescente se rebeló un poco, pero también por cosas de la edad. Yo lo que más recuerdo es que dibujaba muy bien", aclara:

- ¿Cómo es de carácter?

-Hay que tener cuidado con lo que se le dice porque ella es muy sincera, la verdad.

- Pero está orgullosa, ¿no?

-Ay, sí, sí. Me salió muy reivindicativa y a mí me gusta ver que pelea por las cosas que quiere. Es de las peleonas.

- ¿Y África?

-Ay, esa ye muy lista, muy espabilada. A esa no le mete miedo nada. Y es así para todo, ¿eh? Para correr, para saltar, para encaramarse a todas partes. Esa tampoco tiene precio, como su madre.

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