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El abandono de Isabel la Católica: el "noveno museo" de Gijón

La falta de identificación de sus elementos lastran el parque gijonés, que sigue pendiente de las obras prometidas

El parque de Isabel la Católica.

El parque de Isabel la Católica.

La red de museos del Ayuntamiento de Gijón cuenta oficialmente con ocho centros repartidos por el concejo. Pero a los tres arqueológicos –Campo Valdés, Campa de Torres y Veranes–, los dos de Bellas Artes –Jovellanos y Piñole–, el de la Ciudadela de Capua, el del Ferrocarril y el del Pueblu d’Asturies cabe añadir otro más: el museo al aire libre del parque de Isabel la Católica. Un museo siempre abierto, totalmente accesible, también municipal, pero no reconocido como tal.

En este parque público nos encontramos con cerca de una treintena de piezas que han llegado a él casi en su totalidad durante la segunda mitad del siglo XX y cuyo grueso está constituido por una colección de estatuaria pública, bien bustos de personalidades –comenzando por el de la soberana que da nombre al recinto– o bien piezas de carácter artístico.

A ella se han ido sumando otros elementos que acabaron en el recinto por causas y azares coyunturales. Varios debido a la desaparición o transformación del lugar que ocupaban inicialmente, caso de piezas únicas de mobiliario urbano histórico, del vanguardista monumento a Orueta realizado en 1927 o de la alegoría que culminó la rotonda de la antigua sede del Instituto Nacional de Previsión en la plaza del Carmen hasta su demolición a comienzos de este siglo.

El resultado final es una colección heterogénea que tiene precisamente en esa diversidad su mejor baza y que resulta sumamente interesante. En ella encontramos desde los restos de la capilla de San Antonio de Somió, datados en el siglo XVII e incorporados en el monumento dedicado a Julio Somoza, hasta tapas de alcantarilla diseñadas por Joaquín Rubio Camín en la década de 1990.

Igualmente podemos contemplar desde el primer monumento levantado en el mundo en honor de Alexander Fleming, Premio Nobel por su descubrimiento de la penicilina, hasta algunos de los primeros bancos que se diseñaron para el paseo del Muro de San Lorenzo.

Isabel la Católica.

Este patrimonio público tiene un doble problema: su abandono y su falta de identificación. Unas piezas presentan mejor estado que otras según el material con el que estén realizadas, la suerte que hayan corrido y su ubicación, aunque es tónica dominante la falta de un mantenimiento acorde con su entidad.

Otras han desaparecido, ignorándose si fueron destruidas, están almacenadas o han sido robadas. En este caso hablamos de elementos como las figuras que componían el monumento de Walt Disney, dos estatuas provenientes de la fachada del teatro-circo Campos Elíseos, la delicada pieza “Travesuras” de Francisco González Macías o el busto de Manuel Álvarez Laviada, autor precisamente de varias de las esculturas del parque.

Algo tan simple como la señalización de estas obras mediante paneles, como en su día se hizo con el arbolado o la fauna, solventaría este problema. Porque es evidente que los tan manidos, aunque también certeros, asertos “no se puede apreciar lo que no se conoce” o “lo que no tiene nombre no existe” son aquí una obviedad, ya que a quienes visiten el parque –tanto locales como turistas– les resultará imposible conocer y por tanto apreciar qué es lo que tienen ante la vista.

También sería conveniente tener presente que son vinculables a este conjunto artístico los mosaicos de Joaquín Rubio Camín existentes en los muros del canal del río Piles, en parte dañados recientemente por las obras que se realizan en la zona. Igualmente debería valorarse el traslado de los bustos de Mariano Moré y de José Ramón Zaragoza desde el antiguo Parque Inglés e integrarlos entre los dedicados al elenco de pintores que cuentan con lugar propio en el parque de Isabel La Católica.

Durante la pasada década, en la que se cumplió el 70.º aniversario de la apertura oficial del parque al público, se anunciaron inversiones que quedaron en nada. Al comienzo del presente mandato volvió a hacerse lo mismo pero, ya en su ecuador, todo sigue igual en la práctica.

A día de hoy debería de ser prioritaria tanto la rehabilitación de este recinto como resaltar de manera efectiva su entidad como jardín histórico y, especialmente, sacar mayor partido del patrimonio artístico que contiene y que lo singulariza aún más.

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