DTO ANUAL 27,99€/año

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Las peñas del Sporting, a los diez años de la reforma de El Molinón: “Se ganó en comodidad y estética”

Los seguidores rojiblancos coinciden en que la reforma les permite "disfrutar con más comodidad de su pasión"

Por la izquierda, Eduardo Cordero, José Manuel García, Pedro Riesco y Andrés Buznego. Delante, el pequeño Iker Riesco, con el fondo norte de El Molinón detrás.

Por la izquierda, Eduardo Cordero, José Manuel García, Pedro Riesco y Andrés Buznego. Delante, el pequeño Iker Riesco, con el fondo norte de El Molinón detrás. Marcos León

En el último arreón de las obras le tocó convivir con el fútbol a la intemperie. Bien lo recuerda Eduardo Cordero, peñista de La Catrina. “No hubo otro año que lloviese tanto como aquel, más que agua no cayó”, rememora con una sonrisa. “Pero mereció la pena, porque quedó un campo muy guapo”, añade. Fue uno de los aficionados a los que le tocó mojarse en el tramo final de la remodelación de El Molinón, entre 2010 y 2011, cuando se eliminó la vieja visera para ampliar la zona Norte y construir una tribuna alta en la zona más cercana al río Piles hace ahora una década. “Tenemos un estadio que no envidia a ninguno del fútbol español”, destaca.

Hace una década que El Molinón experimentó un importante lavado de cara, con una remodelación que le permitió ganar en aforo, renovar su estética, y contar con un espacio mucho más dinámico. Los peñistas del Sporting ensalzan la evolución, que cuentan que les ha permitido “disfrutar con más comodidad de su pasión”. También subrayan que con la apertura de los bajos comerciales se ayudó a completar una modernización que hizo que El Molinón “ganase en comodidad, estética y vida”. Y urgen la necesidad de afrontar tareas de mantenimiento. “Limpiar la fachada por fuera y algún arreglo dentro, como los aseos, es algo obligado para poner a punto”, cuenta José Ramón Fernández, de la Peña Nunca Caminarás Solo.

Salvo una excepción, el pasado mes de enero, en los últimos 14 meses la afición del Sporting se ha quedado sin ver partidos de su equipo en el campo. “Tenemos muchas ganas de volver”, confiesa Marta Elena Gil, de la Peña Nunca Caminarás Solo, que aun así visita el “templo” con frecuencia. “Es uno de los beneficios que supuso la reforma al instalar bares. Es como estar en el centro de la ciudad. Dices mucho eso de voy a tomar algo a los bajos de El Molinón, te pasas mucho por aquí, aunque no haya fútbol, cosa que no pasaba antes”, relata.

Algunos más clásicos, como Pedro Riesco, de La Catrina, se ciñen solo a cuando el balón echa a rodar. “Voy una hora antes, pero no me gusta ir al bar, pero es verdad que hay mucho más ambiente ahora en las previas”, relata. “Estéticamente por fuera y por dentro el cambio ha sido notable”, subraya.

Por la izquierda, Francisco Javier Trapiella, Benjamín Castaño, Marta Elena Gil y José Ramón Fernández, ante la puerta 1 de El Molinón. | M. León Marcos León

Andrés Buznego está al frente de la Peña Casa Kilo. En su caso considera que el mayor beneficio de la obra se produjo en el entorno, aunque “la ampliación del aforo y la mejor de la imagen nos benefició”, resalta. “Con los bajos se pasó de una zona muerta a tener mucho ambiente”, indica, antes de añadir que el tiempo también ha dejado huella. “Se necesita una limpieza en la fachada, que está algo deteriorada, y también que nos arregle el local que tenemos la Federación de Peñas, que cuenta con humedades y goteras”, denuncia Buznego.

Uno de los peñistas más veteranos es José García, de la Peña El Chorby, una de las más beneficiadas por la reforma, ya que su sede está en la pulpería situada en la grada Este. “Antes había que hacer el previo del partido en La Guía, ahora lo tienes ahí para tomar algo en los bajos. Se siente mucho más el fútbol, lo vibras muchas más horas”, cuenta. “Ya no es que sea solo cómodo para nosotros, sino también para los que vienen de fuera, quedó muy apañáu el campo”, cuenta Benjamín Castaño, de la Peña Nunca Caminarás Sol. “Es que antes acababas el paseo de la playa y parecía que salías de Gijón, ahora este entorno tiene mucha vida, te apetece venir con tiempo al fútbol e incluso pasarte por semana”, relata Francisco Javier Trapiella, uno de los 300 afortunados que pudo ver el partido de Copa ante el Betis.

“El Molinón se modernizó, en color, imagen, estética y uniformidad, ahora que no podemos venir valoramos más el paso adelante que se dio con la reforma, por eso ahora solo nos falta volver”, concluye Marta Elena Gil.

Compartir el artículo

stats