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La reforma del paseo marítimo del puerto: ideas con riesgo

Los trece proyectos presentados para la reforma de Fomento y algunos aspectos importantes que han quedado arrinconados en el debate

Una vista aérea del paseo de Fomento.

Una vista aérea del paseo de Fomento. Marcos León

Comenzamos el mes de junio conociendo las características de las propuestas presentadas al concurso de ideas para la remodelación del paseo marítimo del puerto deportivo, Fomento y Poniente.

Por una parte, resulta llamativo que varios de los 13 proyectos elaborados no contemplen algunos condicionantes urbanísticos vinculados a este relevante espacio público, sin duda, uno de los más representativos de Gijón. Por otra, sorprende que otros planteen la intervención como si se tratase de un espacio de nueva creación sin atender a otro factor crucial: centrarse en atenuar los puntos conflictivos y en potenciar los puntos fuertes de lo existente. Atender a estos diversos factores evitará complejidades que sin duda dificultarán su puesta en práctica tanto desde el punto de vista técnico como económico.

Según la información que ha trascendido pueden apuntarse algunas cuestiones claves que influirán, posiblemente, en que la decisión final sea acertada o no.

Unidad múltiple

Los casi dos kilómetros de fachada marítima de la ciudad desde el flanco oeste de Cimavilla hasta El Natahoyo aúnan diversos espacios públicos que se han generado históricamente en momentos diferentes. La configuración actual del tramo que va del espigón de Lequerica a la calle Pedro Duro es fruto de remodelaciones y ampliaciones del antiguo puerto que se realizaron entre finales del siglo XVIII y la segunda mitad del siglo XIX, mientras la zona de Poniente es un espacio urbano nuevo creado a finales del siglo XX.

Resulta por tanto importante atender a que la imagen tradicional que muestra el conjunto del Barrio Alto, los jardines de la Reina y la antigua dársena merece una consideración y que, en el extremo opuesto, la zona entre la nave de Motonáutica y el Acuario permite y precisa una intervención de mayor calado.

Patrimonio histórico

El recinto del antiguo puerto local y de los muelles de Fomento presenta elementos singulares que, en su mayoría, están protegidos por el Catálogo Urbanístico vigente. En algunos casos se trata de mobiliario urbano histórico como farolas y relojes, aunque también hay que tener presente una interesante serie de noráis centenarios: cañones reutilizados provenientes de la antigua batería baja de Santa Catalina, piezas monolíticas y piezas de fundición.

Mención aparte merecen los jardines de la Reina. Tras un episodio reciente en el que se tumbó una intervención radical para deshacer este jardín histórico, sorprende que varias de las propuestas vuelvan a plantear actuaciones contrarias a la normativa urbanística vigente.

Igualmente es relevante atender a que el frente de la plaza del Marqués al puerto debería de ser abierto y despejado, manteniendo una imagen consolidada desde hace siglos.

Concesiones

Dentro del espacio vinculado a esta intervención urbanística y perteneciente a la Autoridad Portuaria existen varias concesiones hosteleras en vigor. Su presencia condiciona de manera clara algunas intervenciones, sobremanera teniendo en cuenta que son concesiones a largo plazo. La más reciente, la terraza de los jardines de la Reina, tiene arrendado el espacio que ocupa hasta el año 2029.

Barandilla

La actual baranda y las farolas que cierran el paseo del puerto deportivo constituyen una pieza de diseño singular. Materializado hace treinta años de acuerdo con el Plan Especial de Reforma Interior del puerto local de Gijón –redactado por los arquitectos Fernando Nanclares, Jesús Menéndez, Juan González Moriyón y Nieves Ruiz–, este cierre es ya una pieza icónica de la fachada marítima occidental de la ciudad, como en lo que atañe a la oriental lo es la balaustrada del paseo de la playa de San Lorenzo.

Desmantelar este cierre, a la par elegante y funcional, sería un grave error.

Tilos

No cabe duda que otro de los puntos fuertes de esta fachada marítima son sus tilos. Una fila en la calle Claudio Alvargonzález, otra doble en el paseo de Fomento y un par de bosquetes en la zona próxima a Poniente, constituye más de medio kilómetro de arbolado que cuenta ya con un porte considerable tras más de un cuarto de siglo de vida y que se encuentra en buen estado. Sería cuestionable arrasar árboles como estos para crear zonas verdes en su misma ubicación.

Horror vacui

No son pocas las propuestas presentadas que parecen entender los espacios abiertos de esta zona como una característica a eliminar, incluso hasta el punto de aproximarse algunas al clásico “horror vacui”, un aparente miedo al vacío traducido en la inserción de un exceso de elementos de todo tipo. Con excepción de la explanada de Poniente, que por su amplitud admite intervenciones más audaces, hay un riesgo de “relleno” excesivo que implica en la práctica reducir el espacio peatonal disponible y dificultar el uso polivalente que permite esta zona utilizando estructuras temporales.

Mantenimiento

El asunto anterior tienen también otra vertiente relevante: los gastos de mantenimiento que el exceso de elementos –vegetales, estructuras, mobiliario y similares– puede suponer en el futuro.

El entorno marítimo de esta zona resulta sumamente agresivo por la humedad y el salitre, sin olvidar la fuerte insolación, que resulta letal tanto para elementos metálicos como de madera.

A esto se añade la cuestión de la doble propiedad de estos espacios, unos competencia del Ayuntamiento y otros de la Autoridad Portuaria, y la atención que cada parte ponga en su “territorio”. Estos últimos años resulta llamativo el descenso del mantenimiento de la zona por parte del Puerto, sin siquiera realizar mantenimientos básicos como la poda de los tilos o la reposición de farolas.

Inversión

Las 13 propuestas plantean unos cálculos genéricos de inversión que oscilan entre los 600.000 euros y los veinte millones de euros. Sin duda el coste será la clave esencial del asunto. Uno de los fallos del concurso quizás ha sido no establecer un tope presupuestario mínimo y máximo para las propuestas.

Es evidente que si la intervención se plantea con un presupuesto de gran envergadura probablemente obligará a su ejecución por fases, operación de riesgo, o a aminorar finalmente el contenido de lo propuesto o su calidad, lo que en realidad será realizar otra cosa.

Necesidades reales

La mejora urbanística debería de atender esencialmente a los puntos débiles de estos espacios. Como es fácil comprobar a pie de calle, es indudable que resulta preciso buscar una solución para el carril bici y liberar los tramos peatonales que ocupa, decidir qué niveles de restricción de tráfico son aplicables en esta amplia zona, qué espacios de aparcamiento son eliminables y qué alternativas a los mismos se pueden implementar y qué mejor diseño se puede aplicar a los espacios comprendidos entre la calle Pedro Duro y el Acuario.

En conjunto el reto es grande, los beneficios pueden ser múltiples, la solución no debería ser mediocre y, lo más importante, lo que debería de evitarse a toda costa es abrir otra batallita concejil de años.

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