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Óscar Veiras del Río Director del área sanitaria V de Gijón

“La reagrupación de los centros de salud por las tardes está funcionando”

“Han rechazado la vacuna unos 2.400 mayores de 70 años; algunos por temor y otros en las residencias, porque sus hijos no querían”

Óscar Veiras, en su despacho del centro de salud Severo Ochoa.

Óscar Veiras, en su despacho del centro de salud Severo Ochoa. ULISES ARCE

El médico de familia Óscar Veiras del Río, director general de Salud Pública en Gijón desde inicios del año pasado, entiende que la reagrupación de los centros de salud que abren en horario de tarde en Gijón –la llamada atención continuada–, que pasaron de once a cuatro durante la pandemia, es “una buena foto” de la que partir después de verano, cuando la región reorganice el funcionamiento de los centros de salud y del sistema sanitario a partir de lo aprendido por la pandemia. Preocupado por el aumento de las patologías relacionadas con salud mental, valora también cerrar El Molinón como “vacunódromo” este verano y concentrar los esfuerzos en el pabellón de Perchera.

–¿Cómo está el nivel de presencialidad en los centros de salud ahora mismo en Gijón?

–Las consultas presenciales respecto a las totales suponen entre el 36 y el 40 por ciento. Ahora mismo, no hay demora para la atención presencial. Para la telefónica, sí puede haber una demora de un par de días, pero también porque la demanda telefónica se ha disparado. Ocurrió nada más empezar la pandemia y se mantiene.

–¿En qué niveles?

–Se ha estudiado desde la centralita y se calcula que alrededor del 30 por ciento de las peticiones totales piden una atención presencial. El resto busca una consulta telemática o hacer algún trámite de tipo administrativo. Tiene que ver con el perfil, la población que prefiere esta otra vía es generalmente más joven.

–El gerente del área sanitaria, Manuel Bayona, defendía hace unos meses que parte de esta atención telemática vino para quedarse.

–La pandemia ha traído cosas muy malas muy evidentes, pero también han surgido otras cuestiones. La atención primaria, pese a quienes dicen que es difícil acceder a ella, ha aumentado de forma muy significativa en su volumen de consultas. Y lo que ha bajado ha sido la demanda al servicio de atención continuada y a las urgencias. El modelo que se ha adoptado en los centros de salud ha tenido un impacto positivo para el resto de servicios.

–¿Cómo?

–Comparando con otros años se han incrementado hasta en un 50 y pico por ciento las consultas en primaria y ha disminuido alrededor de un 30 la demanda en urgencias extrahospitalarias. En hospital ahora está repuntando un poco, pero tuvo números similares.

–Hay un proyecto en marcha para que los administrativos hagan parte del triaje en centros de salud, por teléfono. ¿Lo puede explicar?

–Lo que hemos creado desde Gijón ha sido una herramienta que permite dirigir la demanda al profesional más adecuado en cada caso. Ya está a disposición del resto de áreas sanitarias y se irá implantando próximamente.

–El personal dice que es como un formulario que orienta al administrativo sobre qué preguntar y qué hacer ante cada respuesta. ¿Los pacientes se verán cómodos con eso?

–Estamos formando a todas las unidades administrativas para ello y Gijón ha sido como un área piloto para ponerlo a prueba. Creo que es una herramienta muy beneficiosa. Tenemos que normalizar que las unidades administrativas, que son las grandes desconocidas del sistema de salud, están capacitadas para hacer estas tareas. Quizás nosotros hasta ahora hemos propiciado que eso no fuese así cuando oíamos ciertos mantras.

–La gente dice: “Yo quiero hablar con mi médico”.

–Sí... La gente se incomoda cuando un administrativo le hace una pregunta sobre su salud y va a ser difícil conseguir que se entienda que esto debe cambiar. El personal de administración está capacitado para hacer preguntas y dirigir al paciente al profesional que corresponda: al de enfermería, al facultativo o a un trámite administrativo que no necesite de una consulta.

–¿Cómo va la implantación de la historia clínica digital?

–En la última hornada se ha implantado en los centros de Candás y Parque-Somió y luego irá El Llano. Habrá un parón en verano, pero la idea es terminar con todos a finales de octubre. Luego irán el resto de las áreas. Es algo que hemos pilotado desde aquí y que era muy necesario, pero ha supuesto una carga de trabajo importante.

–Volviendo a la atención continuada, a los centros de salud que abren en horario de tarde, se han cerrado siete de los once que había. ¿Cómo ha ido?

–Hay que diferenciar entre semanas y fines de semana. En fines de semana esa reagrupación ya estaba establecida y se ha ampliado. En la atención actual por semana en esos puntos, lo que estamos viendo es que la demanda se ha visto disminuida. Se podría decir “bueno, es que ahora es más difícil que te atiendan”. Pues no, porque en fines de semana, que ya tenía a los centros reagrupados así que puede compararse con antes de la pandemia, la demanda también ha disminuido. Salvo problemas puntuales, creemos que el sistema ha funcionado y que ha dado una buena respuesta.

–Prosiga.

–Se ha visto un hecho significativo: antes de la reagrupación teníamos no pocas reclamaciones por el tema del centro vacío, pacientes que cuando iban al por las tardes se encontraban con que no había personal sanitario porque estaban con alguna urgencia en domicilio. Ahora esas quejas casi han desaparecido y no ha habido ninguna reclamación por la reagrupación. Otro tema es que este modelo necesite una revisión, no tanto en cuanto al número de centros, sino a los recursos que se puedan aportar. En el escenario futuro tendremos que repensar cómo abordarla atención continuada.

–¿Se podría mantener el cierre?

–Si hubiésemos visto que esto hubiese derivado en problemas... Pero es que los profesionales de centros con un solo equipo se encontraban muchas veces con temor a marchar a un domicilio y dejar a la gente en la sala de espera. Ahora saben que eso no va a pasar.

–Antes, varios centros de salud e Gijón tenían por las tardes un solo equipo sanitario.

–Sí, la mayoría.

–¿Y eso se tratará de evitar también después del verano?

–Hay que plantearse cuál va a ser el futuro del sistema sanitario y de los centros de salud en general. Ya me gustaría a mí saber cuál va a ser ese escenario después de la campaña de vacunación, pero no lo sé. Sí sé que las medidas que se adopten deben ser generales en todas las áreas.

–Entonces, ¿la reagrupación en cuatro centros por las tardes, ya sea con el modelo actual o revisado, se va a mantener?

–Tendremos que ver después del verano, reanalizar la estructura actual con números, con datos. En este caso, si el modelo actual ha tenido buena respuesta en fin de semana y al ampliarse a por semana también ha dado buena atención, a mí me parece una buena foto de la que partir. Otra cosa es que a esa foto haya que darle vueltas.

–Hablemos de salud mental. Gijón ya tiene a algún psicólogo clínico, ¿habrá más?

–Tenemos tres, y estamos pendientes de que se concrete el plan de salud mental para acordar entre todos cómo proceder.

–Será un tema relevante en el futuro.

–Y en el presente... La patología de salud mental ha aumentado bastante, sobre todo en el rango de edad infantojuvenil. Estamos viendo un aumento de trastornos de conductas alimentarias, que antes afectaba más a las mujeres y ahora se está equilibrando con varones.

–¿Cómo vamos con las vacunas? ¿Se abrirá algún dispositivo más?

–Estamos citando por 1987. Ahora vamos a intentar recaptar a población perdida. Había muchos datos erróneos y mucha gente fue ilocalizable. En julio vamos a tener Perchera entero para nosotros porque dejará de haber competiciones. Y El Molinón, con el escenario de la Feria y demás, nos estamos replanteando no vacunar este verano y tal vez después volver al palacio de La Guía. Ahora lo importante es captar lo máximo posible de unas 2.000 personas por encima de 70 años que no pudimos localizar y darle también otra oportunidad a la gente que lo rechazó en su día.

–¿Cuántos rechazaron?

–Por encima de los 70 años, que es el dato que tengo precisado, unas 2.400 personas. Y no siempre fue por ellos. Muchos simplemente tenían temor al principio de la campaña y otros sus hijos decían que no. Nos encontramos con esa situación en las residencias.

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