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El “navibús” se atasca en la periferia

Desilusión en la ruta de luces navideñas de los barrios: “Vamos por callejones, es mejor la del centro”

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El recorrido del Navibús por los barrios, en imágenes Ángel González

El pequeño Marcos Riestra, de 4 años, se montó ayer en uno de los autobuses que recorren estos días la ciudad para ver las luces navideñas con su madre, Laura Rodríguez. Decidieron, tras más de diez minutos de grandes colas en Fomentín, subirse al autobús naranja que, se supone, hace una ruta larga y recorre los motivos navideños de los barrios, en especial los de La Calzada y El Llano. Al principio, los dos posaban contentos para la cámara y charlaban animados sobre los regalos de Papá Noel (que le ha traído a Riestra unos walkie-talkies de la ‘Patrulla Canina’) y sobre las llamativas luces que ya habían visto en el Náutico y el Parchís. Pero a mitad de lo que acabó siendo una ruta de hora y media a Riestra le entró el sueño y Rodríguez disimulaba su enfado mirando el móvil. “La ruta casi parece que se mete adrede en calles sin luces”, protestaron. La ruta, en realidad, debería durar una hora y cuarto, y es probable que ayer el conductor se despistase en algún giro, porque hubo un rodeo extraño en el entorno de la rotonda de Foro, pero en general las decenas de viajeros entienden que el itinerario es simplemente erróneo: “Se mete por callejones de La Calzada y evita Brasil y Gran Capitán. Esto ha sido un paseo por las no luces de Gijón”.

Parece tener más éxito la otra ruta, la que recorre el centro en un autobús rojo de dos plantas y descapotable. El paseo es también más corto, de media hora, y repasa algunos de los puntos más llamativos de las luces de Germán Vizcaíno, como el Parchís, el Náutico y la Fábrica de Gas. Fue el itinerario que escogieron Sara López y sus hijos, Carlos y Nicolás López, este martes. Ayer, la familia hizo cola para la otra ruta, la del autobús naranja que recorre más la periferia. Iban con Idoya Menéndez y David García y su hijo, Unai. Los seis lograron sitio en la segunda planta y, al principio, iban muy animados. En Gijón anochecía y de camino a la zona Oeste el bus pasaba muy cerca de algunos árboles, que rozaban las barandillas del vehículo y repiqueteaban contra la carrocería.

Pero la paciencia les duró poco a todos los viajeros, que empezaban a mirarse de reojo cuando el gigante autobús se metía por callejones de la calle Espinosa y Rubín, completamente a oscuras. Hubo un momento de gracia cuando vieron un edificio ostentosamente iluminado en Arquitecto Mariano Medarde, y luego la comitiva circuló a oscuras por la avenida José Manuel Palacio, también sin luz, y por Príncipe de Asturias, sin mucha más gracia. Había alguna farola decorada en la Sierra del Sueve, rumbo a Perchera, y una solitaria bola decorando un árbol en el parque de Víctor Fernández Suárez motivó gritos y aplausos irónicos. Los giros extraños en el entorno de Foro, en una ruta que esquivó Pérez de Ayala y enfiló las calles a oscuras de Severo Ochoa y la calle Cataluña, acabaron por desmotivar a los viajeros, que tildaban la ruta de “despropósito”. Tras el atasco en la avenida de El Llano, junto a Los Pericones, empezaron a verse más luces ya pasado Los Fresnos y acercándose más al centro, por la avenida de Castilla y por la calle Manso. “Pero a estas alturas yo ya solo me quiero bajar, llevamos aquí una hora circulando sin sentido”, se lamentaba Jesús Cobo, madrileño, que está de visita en Gijón con su esposa, Beatriz Sierra, y con su hija de cuatro años, Inés, que se durmió a mitad del camino. “Esto es casi una falta de respeto”, criticó la mujer.

La familia de Cobo no esperó al final del trayecto y se bajó, malhumorada, en El Humedal, para ir a la pista de hielo. Las familias de Sara López e Idoya Menéndez abandonaron la ruta ya antes, en Begoña. En estas últimas paradas ya céntricas, los viajeros de la planta de abajo, intuyendo que quedaban sitios libres, subieron para ver si arriba la ruta había sido mejor: “¿Vosotros habéis visto luces?”. Hasta el final del recorrido se quedó Vikie Castañón, que fue quizás el verdadero gran atractivo del paseo. Ella, también desesperada por un itinerario “que da pena”, empezó a sacar las carcajadas del resto de viajeros, porque señalaba cualquier comercio mínimamente iluminado y aplaudía exageradamente cuando aparecía alguna luz suelta en algún parque. La mayoría hizo como ella y se tomó con humor una iniciativa que sí recorre buena parte de la ciudad y que es gratuita, pero, si tienen que elegir, los viajeros del “navibús” de los barrios de ayer se quedarían, “de largo”, con la ruta del centro.

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