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Un día en Aspace, la entidad asfixiada por los impagos del Principado

La popular entidad, con 175 usuarios y 80 trabajadores, vive con incertidumbre los impagos del Principado que amenazan su labor asistencial: “Estamos resistiendo porque somos como hormiguitas”

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En imágenes: El día a día en Aspace Marcos León

A Belén García le gusta hablar con sus compañeros del Centro de Atención Integral (CAI). Y crear en los talleres. Ayer, se afanaba en un telar: “Quiero bordar el ‘Elogio del Horizonte’”. Lleva toda su vida, literalmente, en Aspace-Gijón (Asociación de Atención a Personas con Parálisis Cerebral). Su familia es fundadora, formaba parte de aquel grupo de padres que pelearon contra la incertidumbre para construir algo inmenso hace medio siglo. La entidad, medalla de planta de Asturias y de la ciudad, cuenta actualmente con cuatro servicios asistenciales –que cubren todas las etapas vitales de sus usuarios–, en los que reciben cuidados 175 personas. La plantilla alcanza los ochenta trabajadores. Su centro “Ángel de la Guarda”, mejor nombrado imposible, es un símbolo en Castiello de Bernueces. Se completa con una residencia en la parroquia de Cabueñes. Un referente en la atención a la discapacidad con un futuro incierto debido a los impagos de la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar.

“Hoy (por ayer) tampoco nos llegó nada, siguen sin ponerse al día”, afirma María Isabel Pacheco, presidenta de Aspace, tras pasarse por la secretaría del centro. El Principado les adeuda las mensualidades de los últimos tres meses, un total de 420.000 euros. Y es solo la punta del iceberg porque, desde 2016, el servicio de transporte tiene un déficit de 2.000 euros mensuales. “Se habían comprometido a pagar la factura íntegra, pero no han cumplido”, apunta Elena Serrano, directora de la entidad. Tampoco están de acuerdo con la resolución de la Ley para la Acción Concertada, que establece en su borrador tasas anteriores a la pandemia. Serrano no esconde el nerviosismo: “Estamos resistiendo porque somos como hormiguitas, con un pequeño colchón que tenemos. Pero si no se ponen al día, todo peligra”.

Y ese “todo” no es poca cosa. En el centro de Castiello de Bernueces, Aspace cuenta con tres servicios: la Unidad de Atención Temprana (para niños de hasta tres años), el Colegio Especial “Ángel de la Guarda” (hasta los 18-21 años) y el CAI (para adultos). “El objetivo es cubrir todas las etapas vitales de nuestros niños. El servicio más reciente es la residencia, que está en Cabueñes. Es un servicio de gran valor para las familias, ya que garantiza la atención para el futuro”, explica María Isabel Pacheco. Ella, Elena Serrano y Rafael Álvarez, director del CAI, acompañan a LA NUEVA ESPAÑA en un recorrido por el centro de Castiello.

Empiezan por la Unidad de Atención Temprana. Es el primer recurso al que acceden las familias tras recibir el diagnóstico. “Fue el primer servicio de Aspace, entonces se llamaba ‘la unidad de pequeños’”, señala Pacheco. El grupo de padres y madres que fundaron la entidad tuvieron que buscar ayuda en Barcelona: “Entonces no había nada en Asturias que pudiera ayudar a los niños con pluridiscapacidad”, matiza la directora. Formaron a profesionales y empezaron con dos pisos para dar asistencia en la región: “Uno estaba en Gijón y otro en Oviedo”. Los niños fueron creciendo, también los recursos asistenciales. “Lo siguiente fue el colegio especial, luego el CAI”. Este último servicio cuenta actualmente con siete grupos.

Y llega la hora de los talleres en el CAI. Jorge Frías ha bordado en el telar a una niña sonriente. Es un regalo para sus sobrinos. Todos se afanan en manualidades, acompañados por José Manuel Rodríguez y Aida Aladro –profesores de taller–. Reina la calma, pero aún hay más tranquilidad en el aula multisensorial. Una sala con colchonetas, juego de luces, proyecciones y sofás. “Es un lugar para relajarse, pero también con recursos de estimulación adaptados a las necesidades de cada uno”, explica la responsable de este recurso, María José Hernández.

Se respira la búsqueda constante del bienestar. De la vida en todos sus detalles. Hace poco, pusieron en marcha un método que permite texturizar –en puré o gelatina– los alimentos. Así, las personas con problemas de deglución puedan comer de todo: fabada y pizza están entre los platos favoritos. Termina la visita. Un chaval pregunta: “¿Os gustó?”. Claro que sí. Se despiden con un aplauso. Alegría incluso en tiempos de incertidumbre.

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