Suscríbete La Nueva España

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Álvaro Díaz Álvarez | Médico, se jubila tras 36 años en el centro de salud de El Natahoyo

"Los políticos estaban avisados de la falta de médicos desde 2005; fueron cortoplacistas"

"La pandemia demostró que bastan cuatro centros en horario de tarde; abrir más sería reforzar la urgencia, no la atención primaria"

Álvaro Díaz. | | J. P.

Álvaro Díaz (Gijón, 1957), histórico médico de El Natahoyo durante más de 35 años, se jubila hoy con una última sesión clínica en su centro con el que busca dejar constancia de la evolución del barrio y sus pacientes.

–Fue uno de los «fundadores» del centro de salud.

–Sí, el de El Natahoyo se abrió en diciembre del 86 con tres médicos, y yo era uno de ellos. Soy el único que queda de esa plantilla inicial. Las cuatro enfermeras que había de aquella también se jubilaron. Soy el último de Filipinas.

–¿Cómo era el barrio?

–De aquella, cuando abrimos el barrio vivió su primera fase de la reconversión industrial. Era muy distinto, eminentemente obrero, como lo fue siempre, y con una industria naval muy potente, tanto por los astilleros como por los pequeños talleres. Recuerdo que durante un tiempo no se podía entrar al barrio por Mariano Pola porque los trabajadores en huelga habían colgado de las grúas camiones y vigas. Hubo tiempos de mucho conflicto.

–El perfil de pacientes tenía que ser muy distinto al de ahora, con gente más bien joven y en edad de trabajar.

–Sí, y fue curioso ver cómo en pocos años el barrio se llenó de prejubilados (ríe). Aunque a muchos trabajadores los recolocaron en otras industrias, pero en general el barrio cambió mucho, sí. Y por más cosas. Porque paralelamente a la desindustrialización hubo cambios en la propia estructura del barrio. Por ejemplo, con el conjunto de viviendas de la fábrica de Moreda, un entorno al que se fue a vivir un perfil de gente distinto al que teníamos hasta entonces, con mucho empleado del sector público y un nivel socioeconómico diferente. El otro gran cambio fueron las viviendas de lujo de Poniente, que se edificaron sobre infraviviendas donde vivía gente muy marginal. No quiero decir que los que se fueron a vivir ahí fuesen ricos, ni mucho menos, pero el barrio sí cambió mucho.

–¿Y la profesión?

–¿Qué cómo cambió? Uf, muchísimo, también. La medicina era distinta. En parte, por los avances tecnológicos, aunque yo creo que lo principal sigue siendo lo mismo que antes: el trato con el paciente, hablar, escuchar, explorar. No creo que eso haya cambiado. La atención primaria hubo un primer tiempo que parecía que cambiaba para bien y, en estos últimos años, parece que estamos dando marcha atrás.

–¿Cómo ve el futuro de la atención primaria?

–Siempre ha sido el pariente pobre de la sanidad. Lo sigue siendo. El sistema sanitario es hospitalocéntrico y no parece que vaya a cambiar, desgraciadamente. Y si la atención primaria no se potencia, el sistema se va al garete. Eso se dice mucho, de palabra, pero no se aplica en la práctica. La mayoría de inversiones van a la atención hospitalaria, porque viste más y quizás porque no se ha hecho un análisis muy certero de la realidad.

–¿En qué sentido?

–Por ejemplo, ante el problema de que las urgencias hospitalarias están saturadas, ¿qué se hace? Ampliar el área de Urgencias. Y no digo que no haya que ampliar Cabueñes, ojo, pero creo que no se ha analizado bien qué falla en la atención primaria y en la especializada para que las urgencias estén saturadas. Y debería hacerse, salvo que queramos que las urgencias hospitalarias sean la puerta de acceso al sistema. Creo que no se ha analizado en profundidad las causas de lo que pasa y que viste más inaugurar edificios nuevos.

–¿Cuánto tiempo calcula que su gremio lleva alertando de la falta de médicos?

–Uy, pues desde 2005, o así. Que tampoco hacía falta tener una bola de cristal, solo había que ver las edades de la gente que trabajaba en centros de salud y calcular cuánto les faltaba para jubilarse. ¿Qué paso? Que de aquella primaron las políticas de contención y ahorro. Y no solo se restringieron las plazas de MIR, sino que hubo una política de contratación de personal que hizo que mucha gente se marchase. Es lo de siempre: en política se toman decisiones cortoplacistas. Es un «resuelvo lo mío y que el ‘panchu’ se lo coma el que venga».

–Se marcha en un momento de cambios. Tras reagruparse en cuatro los once puntos de atención continuada, ahora se pretende crear consultas de tarde para crónicos. ¿Cómo lo ve?

–Esas consultas de crónicos no se han concretado de ninguna manera, no se ha vuelto a decir nada. Y sobre los puntos de atención continuada, sabemos que hay una reivindicación del movimiento vecinal. Yo creo, y se lo he dicho, que en esto se equivocan. Imaginemos un barco con varias vías de agua y que los recursos, en vez de destinarlos a tapar esas vías, se destinan a tener once lanchas de salvamento cuando, en realidad, todos cabrían en cuatro. Eso pasó. En pandemia se demostró que con cuatro centros basta, y apostar por más puntos implica destinar los recursos a la urgencia y no a la atención primaria.

Compartir el artículo

stats