Las chicas del piso de citas de Gijón arrastraron a la víctima al descansillo mientras "convulsionaba"

Las mujeres investigadas declararon ante la Policía que "quisieron llevarle al hospital", pero "no podían cargar con él" y bajaron a pedir ayuda

Las dos investigadas, a la salida de los Juzgados, con la madre del joven fallecido a la izquierda mostrando la foto de su hijo.

Las dos investigadas, a la salida de los Juzgados, con la madre del joven fallecido a la izquierda mostrando la foto de su hijo. / Luisma Murias

Pablo Palomo

Pablo Palomo

Con la camiseta levantada, el brazo derecho estirado y el izquierdo hacia abajo en "posición de arrastre". Esa era la posición del cadáver de Saúl R. I., el joven de 24 años que falleció de una sobredosis a las puertas de un piso de citas en la calle Avilés el pasado 22 de octubre. Y así fue como se lo encontró la Policía Nacional, porque así fue como lo habían dejado las dos trabajadoras del piso tras cargar con él "convulsionando" desde el interior de la vivienda hasta el descansillo de la quinta planta, tal y como ellas mismas declararon a los agentes. Las dos están siendo investigadas por un presunto delito de omisión de socorro y otro de estafa ya que la muerte del joven, según la autopsia, se produjo sobre las 17.19 horas de ese día y la llamada a Emergencias no sucedió hasta casi una hora después, tal y como desveló ayer LA NUEVA ESPAÑA. Y también porque la madre de la víctima, María del Carmen I. R., denunció que desde el teléfono de su hijo se realizaron seis transferencias a cuentas de las investigadas de en total 3.515,4 euros que se habrían producido entre las 16.02 y las 17.34 horas.

Las declaraciones de las investigadas constan en el atestado policial del caso, al que ha tenido acceso este periódico. La chica que pasó la tarde con la víctima hizo una declaración espontánea a los agentes al día siguiente del hallazgo del cadáver, durante el registro en la vivienda. Entre los objetos que los agentes encontraron se contaban varios teléfonos móviles, varios post-it de colores enrollados en forma de tubo y un plato en la cocina con polvo blanco y una tarjeta de crédito. Los hechos sucedieron en una de las dos habitaciones del piso, la que se encuentra más cerca de la cocina. La chica explicó que la víctima le contactó por teléfono para contratar sus servicios. Según la versión de la mujer, esta explicó a Saúl R. I. que debía pagar mediante un "bizum". Una transferencia que llegó a enseñar minutos después a los agentes. No dijo nada de las otras supuestas cinco transferencias y a ellas no alude el atestado porque esos datos se conocieron días después, el 6 de noviembre, mediante una llamada de la madre del fallecido cuando se percató de la falta del dinero.

La mujer comentó que el joven llegó con una botella de whisky "Jack Daniels" y "una bolsa de cocaína". Los dos mantuvieron relaciones sexuales y según expresó la investigada, Saúl R. I. estuvo consumiendo ambas sustancias "de forma compulsiva". Dijo que "le llamó la atención" la cantidad de alcohol y droga que tomó en poco tiempo. La declaración prosigue. Tras esnifar una raya, "comenzó a sentirse mal" porque "llevaba dos días de fiesta sin dormir, ni comer" y que seguidamente comenzó a "convulsionar" por lo que decide salir de la habitación para pedir ayuda a la otra chica, que se encontraba en la otra estancia.

Lo que explicó es que "le quisieron llevar al hospital" por lo que le llevaron a la puerta de la casa donde "comenzó a convulsionar con más fuerza" para después "desplomarse". Según relató, eso les "asustó", pero que como "no podían cargar con él" las dos bajaron a la calle para pedir ayuda entrando en la citada lavandería. Allí le piden el teléfono a una clienta del establecimiento. La chica contratada, además de enseñar el "bizum" a los agentes, les mostró su registro de llamadas en el que figura un supuesto número de información que buscó en Google para pedir ayuda, pero que, como no les dio resultado, bajaron a la calle. Lo que dijo la otra implicada coincide, pero aporta más datos sobre lo que pasó en la lavandería.

Afirmó que entró en el local para pedir un teléfono y llamar a Emergencias. Aseguró que abrió la puerta a los sanitarios y que se marcharon después de haberles prestado información. Los testigos a los que se tomó declaración contradicen esta versión. Indicaron que esta mujer no llegó a hablar con los médicos "en ningún momento" y que tampoco les abrió el portal porque la puerta ya "estaba abierta". También explicaron que las chicas les dijeron que habían tomado el ascensor en la planta segunda y que al subir a la quinta se encontraron el cuerpo. Se marcharon del lugar porque "estaban de resaca y no habían comido". Las dos investigadas vivían de alquiler y trabajaban en el piso. El dueño del mismo explicó que la vivienda es de uso turístico y que ignoraba que allí se concertaran citas. No les hizo contrato porque "estaba liado y se le olvidó".