Un homenaje a la historia fabril del vidrio y la loza en Gijón: así será la primera exposición en el Palacio de Revillagigedo

El Ayuntamiento de Gijón instalará la muestra en primavera tras lograr la cesión gratuita del espacio

La primera exposición contará con decenas de jarrones, vajillas y objetos ornamentales elaborados en la fábrica de vidrios "La Industria" y la de loza "La Asturiana"

"La historia de Gijón se puede recrear o reflejar a través de la creación artística; hay un patrimonio inmenso que muy pocas veces hemos podido enseñar", dice Peláez

Una exposición de vidrio y loza para contar un siglo de historia gijonesa. El Palacio de Revillagigedo de Gijón abrirá sus puertas la próxima primavera, tras una cesión puntual y gratuita de la Fundación Cajastur al Ayuntamiento, para que la ciudad pueda acoger una muestra pública con parte de las colecciones artísticas municipales que, por la escasez de espacios expositivos, suelen dormir en almacenes.

Los comisarios del proyecto han huído de las temáticas "esperadas" y apostado por una colección que, suponen, pocos gijoneses saben ni siquiera que existe: decenas de jarrones, vajillas y objetos ornamentales elaborados en la fábrica de vidrios "La Industria" y la de loza "La Asturiana", dos empresas clave entre las mitades de los siglos XIX y XX.

"La historia de Gijón se puede recrear o reflejar a través de la creación artística, y esta ciudad, tan vinculada a la industria, tiene un patrimonio inmenso que muy pocas veces hemos podido enseñar", se felicita Lucía Peláez, responsable de la Casa Natal de Jovellanos y comisaria de esta futura muestra junto a Juaco López, director del Museo del Pueblo de Asturias.

Los dos museos custodian estas semanas las piezas que podrán verse en unos meses en el palacete de la plaza del Marqués. Son tantas que los comisarios advierten que lo que se podrá ver en el Revillagigedo será una selección, en realidad, mínima, pero con un criterio que priorizará la calidad artística de las obras para que la exposición, además de aportar una lección de historia, visibilice la virtuosidad plástica que ambas fábricas tuvieron en su época.

"La fábrica de vidrios fue un caso especialmente relevante. Fue referente en las artes decorativas de este país", asegura Peláez, que explica que fue este detalle el que les llevó a optar por una muestra vinculada a la industria y no a realizar una simple selección de cuadros del fondo municipal.

"La mayor parte de los ciudadanos no somos conscientes del patrimonio que se custodia en los museos. Cuando se nos planteó la posibilidad de usar el Revillagigedo, quisimos hacer una exposición conjunta donde poner de relieve esa riqueza patrimonial y su capacidad de impulsar lecturas transversales. No queríamos centrarnos en la mera creación artística, sino mostrar cómo el arte se infiltra en todos los ámbitos", asegura la comisaria.

La fábrica de vidrios se fundó en 1844 y la de loza, 30 años más tarde. El nicho de negocio estaba casi vacante en una región a la que aún no habían llegado las corrientes artesanales de unas disciplinas que ya llevaban tiempo asentadas en Europa.

"Como no había personal especializado, en su primera etapa ambas fábricas empezaron a funcionar con expertos fuera, sobre todo con expertos suizas y belgas, que después formaron a lo que fue una nueva generación tanto de técnicos como de artistas", explica Peláez.

La selección definitiva de las piezas sigue en marcha –y a los comisarios les está costando escoger-, pero se han tomado ya las decisiones más básicas. Anuncian que se expondrán dos retratos de los impulsores de estas factorías: uno de Luis Truhan –una obra de Silbain Leclercq, propiedad del Ayuntamiento– y otro de Mariano Suárez-Pola, inmortalizado por Evaristo Valle, y que pertenece a la Fundación Cajastur, con quien se ha acordado una cesión temporal.

Peláez se paseaba hace unos días por el almacén de la Casa Natal que guarda buena parte de la colección que nutrirá la nueva muestra. En su museo se cobijan las piezas artísticamente más relevantes, y ella muestra varias, sosteniéndolas con mucho cuidado y con guantes: "Son objetos muy frágiles y con un valor increíble. Que estas piezas hayan perdurado hasta nuestros días es una suerte inmensa y ha sido gracias a que en su día se fueron recuperando desde el ámbito particular".

Francisco Crabiffosse, responsable de la dirección científica de la muestra y uno de los grandes investigadores de este capítulo de la historia gijonesa, lamentó ya en varias ocasiones el poco mimo con el que en su día se trató el legado de ambas factorías desde el ámbito institucional.

De no haber sido por donantes privados que en las últimas décadas han puesto a disposición pública sus colecciones, apenas se habría conservado nada. "Y era difícil, porque el vidrio es un material que por su delicadeza es muy difícil que se conserve. Y la loza, con la que se fabricaban piezas más de uso diario, tiene ahora un valor artístico innegable. Tenemos una vajilla de la Gota de Leche de ‘La Asturiana’ que para muchos gijoneses va a ser todo un descubrimiento", adelanta.

La idea de la muestra es darle un espacio propio a varias piezas que sirvan como atractivo monumental. En la Casa Natal se conservan varios jarrones de gran tamaño y de dos piezas –la parte superior se desmonta– trabajados mediante la técnica de opalina, que hace que el cristal adquiera una apariencia opaca y similar al de la cerámica.

"Estas opalinas estaban fundamentalmente decoradas con esmaltes, pintadas, y también tenemos muchas piezas de vidrio a color, que era algo muy común también en la época. Con la colección que tenemos, se puede ver incluso cómo evoluciona la iconografía a lo largo de los años", añade Peláez, que aclara que las piezas más llamativas tenían, ya en su día, una función exclusivamente decorativa.

Pone como ejemplo dos jarrones "maravillosos" decorados por Arturo Truhan y que ella define como "piezas emblemáticas". Otras, de menor tamaño, sí integraban vajillas que tuvieron uso, pero que estaban igualmente ligadas a una clase burguesa interesada por el apartado estético.

El legado de ambas fábricas incluye todo tipo de elementos: grandes bandejas, soperas y bandejas, vajillas de hasta 36 piezas que se sacaban a la mesa en ocasiones especiales y hasta una campanilla de mano. Se ha conservado, también, una placa de opalina firmada por Milius Schmidt en la que aparece un retrato del director de la brigada de bomberos de Gijón datada en 1892 y que se conserva casi intacta.

Hay jarrones con estampas de bosques, decoraciones infantiles y relieves en esmalte pintados a mano. "Nuestra idea es que la muestra sirva para dar unidad a los dos centros fabriles y que las piezas se apoyen con repertorio documental para dar cabida, no solo a estos productos de calidad, sino también a sus artífices, a aquellos técnicos y operarios que fueron pioneros".

La idea de vincular arte e industria está ya presente en el proyecto de Tabacalera, la vieja fábrica de tabacos de Cimadevilla que afronta ahora una ambiciosa ampliación para convertirse en un nuevo espacio expositivo y que reservará su planta baja para contar la historia de Gijón en tres etapas: la romana –gracias a un aljibe y otros restos arqueológico hallados en 2008–, la barroca –con la iglesia y el antiguo convento de las Agustinas Recoletas– y la industrial, cuyo valor patrimonial, como "La Asturiana" y "La Industria", fue denostado durante décadas.

"Nuestro problema es que Gijón carece de un espacio que permita un discurso más en la línea de la museografía actual, que no es una sucesión de obras, sino una interpretación sociocultura y artística. Queremos transmitir, con esta muestra, un mensaje concreto: la transformación de Gijón a lo largo de cien años a través de una colección artística", concluye Peláez.