La figura de la semana

La nadadora del Santa Olaya que nunca se rinde y rescató a una mujer que se cayó al mar

Aficionada al deporte desde la infancia, Vanesa Laredo compite en triatlones, fue recepcionista de hotel y es una persona amigable y trabajadora

Caricatura de Vanesa Laredo.

Caricatura de Vanesa Laredo. / Mortiner

Pablo Palomo

Pablo Palomo

Vanesa Laredo formó parte en su infancia del equipo de natación del Santa Olaya. Un buen día, el entrenador pidió a todas sus atletas lograr una marca mínima en la piscina para poder seguir en la formación. Laredo, que por entonces tendría 13 años, estaba lejos de poder nadar tan rápido. Tanto, que casi nadie pensaba que fuera capaz de lograr la marca necesaria. Casi nadie, menos ella misma, porque el día que le tocó zambullirse en la piscina sorprendió a todo el mundo y logró quedarse en el equipo. Esta anécdota resume a las mil maravillas la personalidad de esta mujer. Una persona fuerte, tenaz, competitiva, trabajadora, que nunca da nada por perdido y todo sin perder nunca una sonrisa más grande que una piscina olímpica en el dibujo de su rostro.

Estos valores la han hecho merecedora de ser proclamada, junto a Daniel Ordóñez, «Olayista Ejemplar» de este año. Un galardón que la gala celebrada en la Universidad Laboral el pasado lunes tuvo que subir a recoger su madre, María Ángeles Hernández «Gele», porque a la protagonista de la tarde todo el asunto le pilló de vacaciones en las Islas Canarias. Eso sí, todo el mundo que la conoce sabe perfectamente que el hecho de no haber podido estar no significa ni por asomo que recibir tamaño homenaje no haya sido una de las cosas que más ilusión le hayan hecho en esta vida. Porque ella, todos lo cuentan, lleva el Santa Olaya en lo más profundo de su corazón.

Claro que el título recibido no le viene solo por sus valores. Sino también porque Vanesa Laredo tuvo que convertirse una tarde de abril en heroína. Estaba corriendo por la playa de Poniente (para ella el deporte es casi religión) cuando vio que una mujer pedía auxilio tras haberse caído en la dársena del Acuario. Ella no lo dudó ni por un segundo y se tiró al agua para sacarla con la vida. La historia sorprendió a los que más la conocen, porque cuentan que, pese a ser una mujer aguerrida, es la clásica persona a la que no le gusta especular con la salud. Es bastante conocido en su círculo familiar los nervios que le recorren el cuerpo cada vez que tiene que pasar una prueba médica.

Pero el saber superarse, ya ha quedado claro en estas líneas, es una de las virtudes de esta mujer de 45 años, a la que describen como una persona divertida, con facilidad para hacer amigos, pero a la vez trabajadora, constante y con mucha fuerza de voluntad. Y una mujer cuya vida está marcada por la pasión por la actividad física. Así lo cuentan los que más la quieren cuando se les preguntan por sus aficiones. En hacer deporte es lo que invierte la mayor parte de su tiempo libre. Es algo que le viene desde pequeña, cuando fue alumna del colegio Sagrado Corazón. Lo que hoy es el Lloréu. Ya en su infancia fue jugadora de voleibol y de balonmano e hizo también gimnasia. Entrar en el Santa Olaya le vino de familia. Su padre, José Luis, que es de Mieres y trabajó en la antigua Ensidesa, en Gijón, apuntó a todos en el club de natación. La pasión olayista no la ha dejado de lado con el paso de los años, porque forma parte del equipo máster de natación, pero fuera del club de la zona Oeste, practica también intensa actividad deportiva. Es conocido su gusto por los triatlones.

Caricatura de Vanesa Laredo.

Caricatura de Vanesa Laredo. / Mortiner

Laredo estudió en el Emilio Alarcos y empezó la carrera de Empresariales, pero no era lo que más le gustaba y la terminó colgando después del primer curso. Terminó haciendo Turismo y luego Gestión de Empresas. Habla con soltura en inglés y se defiende en francés. Sus estudios la llevaron a vivir un tiempo fuera de Asturias, en Tarragona, donde trabajó en la recepción de varios hoteles.

Sin embargo, ahora vive en La Calzada y trabaja para una filial de Dupont. Los que la conocen la describen como una mujer trabajadora y a la que en su puesto laboral aprecian mucho por su forma de ser. De su infancia se puede apuntar que también fue buena en los estudios y que las lentejas (cosa llamativa en una niña) siempre fueron un plato que le encantó. Ahora, como buena deportista, sigue cuidando mucho su alimentación.

No está casada, pero tiene pareja. Es un hombre, como ella, al que le gusta sobremanera el deporte. Tampoco tiene hijos, pero tiene dos sobrinos que son sus dos ojitos derechos. Es la pequeña de la casa ya que su hermana, Flor, le saca cuatro años. Además del reconocimiento del Santa Olaya, recibió en octubre otro de la Policía Nacional por su rescate en Poniente. Una obra que se puede decir que no solo sirve para que sea la «olayista ejemplar», sino también una persona de las que el mundo necesita tener más efectivos.