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Eduardo Viñuela

Crítica / música

Eduardo Viñuela

Una reivindicación feminista de Cleopatra

La soprano María Bayo alterna canto y monólogo para homenajear a la reina egipcia

La Sociedad Filarmónica de Gijón pone fin a una temporada convulsa y lo hace a lo grande, con un teatro prácticamente lleno (entiéndase con aforo COVID) y con un espectáculo original protagonizado por la soprano María Bayo y la “Divina Cleopatra”, que así se titulaba el recital. Fue una representación marcada por el eclecticismo, tanto en las formas, alternando el canto y el monólogo, como en el repertorio, del barroco al tango; una interlocución musical con el público tomando a la reina egipcia y la trayectoria vital y profesional de Bayo como hilo conductor; una confrontación de divas con un trasfondo feminista cargado de actualidad y de triste realidad.

Sobre el papel, el programa del recital era difícil de entender: Haendel, Massanet, Piazzola, Guastavino… de la ópera barroca a la canción popular, del siglo XVII al XX, de Centroeuropa a Argentina, y todo a través de la figura de Cleopatra. Sin embargo, sobre las tablas todo cobró sentido; María Bayo fue hilvanando un discurso en el que la música y los textos aparecían en el momento preciso para reforzar un argumento o para aludir a una emoción o un sentimiento. En lo musical llamó la atención cómo la guitarra, el chelo y el acordeón fueron suficientes para sostener con solvencia la parte instrumental. Especialmente llamativo resultó comprobar cómo este último se acoplaba a los acompañamientos de las arias barrocas y cómo tomó la iniciativa en el intermezzo instrumental para transitar de un lamento barroco al tango.

Bayo saltó a las tablas como una diva, centrando toda la atención del público y dispuesta a sostener el espectáculo en primera persona y haciendo gala de sus dotes vocales e interpretativas a todos los niveles. El reto no era sencillo, la actuación afectada de la ópera barroca poco tiene que ver con el desparpajo del tango; hizo el más difícil todavía, pasando de una convincente escena de muerte de la “Cléopâtre” de Massanet a la picardía de un medley de opereta francesa. En estas transiciones dramáticas supo también adaptar la voz a la estética del repertorio: un afecto comedido en las arias de la ópera “Giulio Cesare” de Haendel, sin descuidar las figuras retóricas del barroco, y buena articulación en las melodías de temas populares, como “Los pájaros perdidos” de Piazzola o el “Se equivocó la paloma” de Guastavino.

Más allá de la música, Bayo hizo del recital toda una reivindicación feminista a la que no le faltó detalle; desmontó el mito erótico e infantilizado de Cleopatra que se ha fraguado a lo largo de la historia en distintos repertorios artísticos, reivindicó la fuerza y el poderío del personaje histórico, pero también denunció el “mansplaining” tan vigente en la sociedad actual o la ausencia de creadoras reconocidas en la historia (véase la invisibilización de las compositoras) que den voz y una visión diferente de personajes tan potentes como el de Cleopatra. El “Yo soy María” de Piazzola que cerró el programa fue todo un ejercicio de empoderamiento, inmejorable en el día en el que la soprano navarra celebraba su cumpleaños. La ovación fue larga y merecida, correspondida con “Los caminos del amor” de Poulenc como propina.

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