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Alejandro Ortea

Varadero de Fomento

Alejandro Ortea

Confusión en las alturas

El jefe provincial se entromete en la ciudad a cuenta del partido

Los torpes concejalillos socialistas de esta villa marinera, que hasta hace bien poco estaban parados como estatuas, se han puesto de repente a dar saltitos y producir sonidos como animados por alguna suerte de resorte. La cosa es que desde su misma dirección política local se ha puesto en entredicho su labor y la de la ahora ya insidiosa dama de Carbayonia: hay unos valientes en la agrupación que se han atrevido a hacerle frente a ella y al aparato de la FSA para intentar que haya unas primarias, pero ella, que se cree tan divina y colosal, que cantara el «Dúo Dinámico», no termina de comprender que, según reciente estudio, es la política consistorial peor valorada. Por eso, ella, tan cobarde, no se atreve a medir el apoyo de sus compañeros, apegada a su amor incondicional a un sillón que no le encaja.

El impresentable presidente regional cree que el PSOE asturiano es solo para él y tampoco comprende que haya quienes le lleven la contraria. El argumentario que han puesto a rodar, y los danzarines repiten como loritos, es que la «división» interna es mala electoralmente. Según esta teoría, los candidatos serían los mismos ad aeternum, cosa que no sucede nunca. El PSOE tiene, a estas horas, perdidas las elecciones locales por culpa de la inoperancia de la Alcaldesa y la dirección política local está intentando la titánica labor de remontar la situación. Barbón sabe que si los socialistas bajan electoralmente en Gijón, a su candidatura le irá mal y aquí no hay quien trague a Ana González. Por eso, tendrá que acabar hablando con Monchu García a la búsqueda de una solución de compromiso, algo que no le reste votos y que sea aceptable para la directiva socialista local; es una cuestión de supervivencia.

Como siempre, el análisis político de Barbón es una sucesión de lugares comunes y de eslóganes: el ejercicio de la democracia interna en un partido político no espanta al electorado si percibe que hay juego limpio y argumentos de peso de los que se enfrentan en unas primarias. No se trata de un ejercicio de «ombliguismo», como proclama, sino de sana convivencia interna de una organización. Pero este modo de pensar no se puede esperar de quien ha sido criado a los pies de aquel SOMA caciquil dirigido con mano de hierro durante tan largo tiempo por un delincuente. Así, por mucho que alce la voz, el hombrín lavianés no conseguirá doblegar la actitud de unas personas que son la esencia viva de su organización en la primera ciudad de Asturias y que demostraron, muchos de ellos, saber perfectamente cómo hacerla prosperar y no venirse a menos como el estafermo que ahora padecemos.

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