Opinión

Ripley

Pioneras del coraje en la gran pantalla, supervivientes cuando la ficción cesa

Alien nunca habría sido el octavo pasajero del Nostromo si no llega a ser porque Ash, el oficial científico, desobedeció a la teniente Ellen Ripley y evitó mantener aislado al tripulante colonizado por vida extraterrestre. Cierto es que la ficción tampoco hubiera tenido recorrido, así que la rebeldía del androide infiltrado fue muy conveniente para la trama y la criatura alienígena campó a sus anchas por la nave dos horas de metraje agónico hasta que Ripley consiguió acabar con el monstruo.

Recuerdo perfectamente que salí del estreno de la película, en 1979, tan aterrada con Alien como admirada por Ripley. Un personaje femenino distinto a cualquiera de los que había visto hasta entonces. Por fin una mujer autónoma, resolutiva, al frente de una trama, en vez de subordinada, temerosa, necesitada del arrojo de un varón salvador.

Cuarenta y cinco años después, han cambiado cosas, pero no tantas. Sigourney Weaver, actriz que marcó aquel hito dando vida a Ripley, recogió en España el premio Goya de honor en medio de una sacudida en el cine patrio parecida a otra reciente en el norteamericano: mujeres que se atreven a contar los abusos machistas sufridos a manos de colegas masculinos en el pasado lejano o reciente. La propia Weaver reconoció el valor de esas profesionales que dan voz, dijo, a otras muchas que todavía callan por miedo. Ripley sigue en la batalla contra Alien.

El ministerio de Cultura ha anunciado la creación de una comisión especial de atención a víctimas y el de Igualdad ha acordado con la Asociación de mujeres cineastas y de medios audiovisuales, CIMA, la elaboración de un informe y un protocolo de protección contra la violencia sexual y los abusos de poder. Se presentará en septiembre, en el marco del Festival de Cine de San Sebastián. Es de esperar que tenga su eco también en el de Gijón.

Otros estudios realizados por CIMA arrojan conclusiones elocuentes. La presencia femenina actual en el ámbito profesional audiovisual no llega a un tercio, fundamentalmente en tareas con escaso poder de decisión y visibilidad. En cuanto a los roles femeninos en películas, series o videojuegos, a ellas se les exige juventud y físico para papeles escasos y secundarios.

Tras el abuso machista está el mecanismo del abuso de poder que maneja miedos y los transforma en una espiral de silencio, alimentada por la elevada precariedad en el sector cultural. Las víctimas se amordazan solas.

Weaver será en unas décadas una adorable viejecita retirada. Ripley seguirá tratando de frenar la contaminación alienígena en su nave mientras una mano interesada abre la compuerta. Pero ojalá la maquinaria oculta tras esa y otras ficciones haya cambiado lo suficiente como para que la valentía hasta el límite de la propia seguridad se quede en la pantalla.