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Estados Unidos

"Jesús, pistolas y bebés": cómo la identidad ganó la batalla por el control de armas en EEUU

La identificación de los republicanos con las armas y la NRA es tan estrecha que se ha vuelto casi imposible legislar contra la violencia armada

Vecinos de Uvalde se consuelan durante una vigilia con velas celebrada en el Fairplex Arena.

El club de tiro apareció en el desvío de una carretera boscosa de Connecticut, uno de los estados del noreste de Estados Unidos donde nació la industria de las armas en el siglo XIX. Era un martes en horario de trabajo. En las cubetas para disparar, solo había dos hombres. Uno limpiaba meticulosamente el arma, sin prisa, encerando el cañón como quien masajea una espalda, inclinando la cabeza para ver el brillo de aquellos tendones de acero negro. Era un AR-15, la versión civil del rifle de asalto M-16, usado en todas las guerras estadounidenses desde Vietnam. El hombre habló de cómo manejar las armas con seguridad, de cómo las guardaba en casa para proteger a su familia, de por qué era importante militar en la NRA o por qué la postura respecto a las armas de los candidatos iba a determinar su voto en período electoral. Para aquel hombre de la América suburbana las armas no eran solo una distracción de martes y jueves, eran parte esencial quién era, parte esencial de su identidad.

Hay millones de estadounidenses como él. Un 42% de la población del país dice tener armas en casa, según Gallup, nueve puntos menos que en 1995. De ellos, el 54% tiende a votar republicano, frente al 31% que se inclina por los demócratas. Hay más armas en las zonas rurales que en las urbanas. Más entre los hombres que las mujeres. Más en el sur que en el oeste o el noroeste. Y es sin duda el hombre blanco el más armado entre las distintas razas, de acuerdo con otra encuesta del Pew Center. “En los años setenta, cuando se preguntaba a la gente por qué tenían armas, la caza y el tiro eran las principales motivaciones”, explica Phillip Cook, profesor en Duke y autor de varios libros sobre la materia. “Eso ha cambiado completamente. Hoy es la defensa personal frente al crimen la principal motivación, aunque hay también un sector importante que las tiene como protección frente a la tiranía, para ser capaces de enfrentarse al Gobierno. Ya no son las escopetas las más vendidas sino las pistolas. Hoy la gente compra armas para usarlas contra otras personas”, añade Cook. 

Más de 110 muertos cada día

Los tiroteos de masas, por horribles que sean, no son el principal problema de EEUU. Y eso que los últimos son especialmente viles. En Buffalo (Nueva York), una matanza racista en un supermercado. En Uvalde (Texas), el más execrable de los crímenes de una especie que ha matado hasta hartarse, 19 niños de primaria y dos profesoras asesinados a balazos. El verdadero problema son las 41.000 personas que mueren cada año a tiros (incluidos los suicidios), muchos de ellos en barrios pobres de San Luis, Detroit, Nueva Orleans o Cleveland. Más de 110 personas cada día.

Sus decesos solo salen en las noticias locales. En las nacionales, únicamente cuando la tendencia pulveriza récords. Pero los medios se cansan rápido, lo dan por una causa perdida. Racismo, urbanismo, pobreza, educación, servicios, drogas, violencia. Demasiado que explicar, demasiado por desgranar. Son más morbosamente cautivadores los tiroteos de masas. Aquellos con más de 4 muertos, según la definición estándar del FBI, de los que ha habido una media de 19 al año desde 2009, según Everytown for Gun Safety. 

Inmovilismo en Washington

Pero por más cruentas que sean las masacres, nada cambia en Washington, donde la derecha republicana lleva años bloqueando cualquier reforma substancial. Solo se endurecen o se relajan las leyes --en función de quién gobierne-- en los estados. 

Se tiende a pensar que el inmovilismo de los conservadores es producto del dinero que reciben de la NRA (Asociación Nacional del Rifle), el poderoso lobi de las armas que sirve de tapadera a los intereses de la industria, el mismo que este fin de semana celebra su convención anual en Houston, a solo unos cientos de kilómetros de la masacre de Uvalde. Cuenta con 4.5 millones de afiliados y otros 12 millones que simpatizan con su causa. Pero lo cierto es que las contribuciones de la NRA a sus candidatos afines representan menos del 0.5% del dinero que estos recaudan, según un análisis de ‘The Washington Post’.

“Si los republicanos se oponen al control de armas es porque la identidad conservadora es hoy inseparable de las armas”, escribió en 2019 el crítico cultural de NBC News, Noah Berlatsky. Una coctelera de la que forman parte también la oposición al aborto, los bajos impuestos o la defensa de los combustibles fósiles. “La identidad es un motivo más profundo que el dinero y, para aquellos que quieren acabar con la violencia armada, también más intransigente”. Solo hace falta echar un vistazo a los anuncios para las elecciones de noviembre. Más de un centenar de candidatos republicanos mencionan las armas en sus spots, aparecen disparando o presumen de sus vínculos con el sector.  

Armas como signo de identidad republicana

“Yo creo en Jesús, las armas y los bebés”, decía una candidata a gobernadora de Georgia. “Bebés, fronteras y balas. Valores conservadores, valores que defendemos”, subrayaba un aspirante a senador en Arkansas. No siempre fue así. Durante los años sesenta hubo un apoyo considerable de la derecha al control de armas, entre otras cosas porque se pretendía desarmar a la militancia negra, grupos como los Panteras Negras que abogaban por la revolución armada. Ronald Reagan, el héroe conservador por excelencia, legisló contra las armas en su época de gobernador de California.

Pero todo empezó a cambiar en 1977 con la revuelta en la convención de Cincinnati de la NRA, cuando los radicales tomaron el control de una organización hasta entonces relativamente flexible. Cualquier paso atrás, pasó a considerarse una derrota hacia la confiscación de los 390 millones de armas que hay actualmente en el país. La paranoia, el extremismo y el populismo pasaron a dominar la organización, que progresivamente fue introduciendo otros elementos en su narrativa, como la demonización de los inmigrantes, el desprecio a las élites liberales o el racismo hacia los negros.

Unos rasgos de identidad que el Partido Republicano acabó haciendo suyos. “Los republicanos descubrieron que era un asunto ganador para ellos y básicamente sellaron su matrimonio con la NRA”, dice Cook. Eso ha hecho que sea casi imposible legislar contra las armas en Washington. Los demócratas necesitarían 60 votos en el Senado, una aritmética que no existe. De ahí que, también esta vez, el debate esté muerto antes incluso de haber comenzado.

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