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Crisis energética

Lluvia de críticas en Alemania por mantener dos nucleares en reserva hasta abril

La decisión divide al Ejecutivo de Scholz, endurece el tono de la oposición y enfada a organizaciones medioambientales

La central nuclear de Emsland. EFE

El abandono de la energía nuclear a finales de este 2022 era una decisión tomada hacía años en Alemania que prácticamente no generaba debate. Pero entonces llegó la invasión rusa de Ucrania y la crisis energética que ya arrastra a la primera economía de la Unión Europea hacia la recesión. Tras recibir los resultados del último test de estrés al sistema de suministro energético del país, el vicecanciller y ministro de Economía y Protección Climática, el verde Robert Habeck, anunció el pasado lunes que dos de las tres centrales nucleares todavía en funcionamiento se mantendrán “en reserva” hasta abril del 2023.

La decisión pretende ser un plan B en caso de que las actuales fuentes de energía que alimentan el consumo privado y la industria estén en peligro. Es lo que el ministerio de Habeck denomina “uso de emergencia” para “protegerse de un peligro concreto para el suministro”. Entre los escenarios dibujados aparecen, por ejemplo, que las centrales de carbón reactivadas para suplir la falta de gas ruso dejen de funcionar por la falta de carbón, que suele llegar por transporte fluvial, que este verano ha estado muy restringido por la sequía. Otros escenarios son que muchas centrales nucleares francesas –que exportan energía a Alemania– dejen de operar, o que el precio del gas siga subiendo, como todo parece indicar que ocurrirá.

Consenso roto

“No habrá una prolongación de la energía nuclear durante esta legislatura” ni tampoco “la construcción de nuevas centrales nucleares”, aseguró Robert Habeck en su comparecencia del pasado lunes. Para los ecoliberales de Los Verdes el ‘no’ a la energía nuclear, una de sus bases fundacionales que todavía conservan, es innegociable.

En Alemania ha cundido históricamente un consenso sobre el abandono de la energía nuclear. La catástrofe de Chernobyl, cuyas consecuencias ambientales llegaron a afectar a algunas regiones alemanas, dejaron huella en la opinión pública del país. La catástrofe de Fukushima acabó por llevar al Gobierno de Merkel a anunciar en 2011 el apagón definitivo en 2022. La entonces canciller asumió así una de las posiciones históricas de Los Verdes y colocó a su partido, los conservadores de la CDU, aún más en el centro del tablero político.

Ese futuro ya está aquí, pero el consenso fraguado durante décadas parece ahora roto por la grave crisis energética a la que se enfrenta Alemania, muy dependiente históricamente de importaciones de energía fósil, de la Unión Soviética primero, y de la Federación Rusa después. Mientras el SPD del canciller Olaf Scholz saluda la decisión de Habeck, los liberales del FDP, la tercera pata del tripartito que gobierna Alemania, la rechazan abiertamente. “Es una cuestión de sensatez hacer ahora posible cada kilovatio-hora que no genere emisiones”, ha escrito en Twitter Jogannes Vogel, vicepresidente del FDP. Los liberales apuestan por mantener en funcionamiento las tres centrales nucleares del sur de Alemania, la región con menos alternativas a las energías renovables.

Por su parte, los democristianos de la CDU, primer partido de la oposición, no dejan pasar las divisiones internas dentro del Gobierno para endurecer su tono contra el Ejecutivo. El presidente democristiano, el derechista Friedrich Merz, ha calificado este jueves en el Bundestag la decisión de Habeck de “locura”.

Operadores y ecologistas

Los problemas se le acumulan al vicecanciller Habeck, que se ha convertido las últimas semanas en el centro de las críticas contra el Gobierno federal. El operador de la central Isar-2, la empresa Preussen Elktra, dijo el pasado miércoles que el plan de mantener en reserva la central hasta mediados del próximo año “no es técnicamente realizable”, un anuncio con el que Habeck se ha mostrado molesto. El político verde acusa a la empresa de no haber atendido a la información hecha llegar por su ministerio.

Al aluvión de críticas se suman también organizaciones medioambientales, que se sienten traicionadas por el ministro ecoliberal. Greenpeace Deutschland considera irresponsable no apagar las tres centrales nucleares que quedan en el país el próximo 31 de diciembre, como está establecido en el acuerdo de Gobierno tripartito. “Asumir un importante riesgo de seguridad con las tres antiguas centrales nucleares es una irresponsabilidad de Habeck, a pesar de la crisis de suministro energético”, dice Martin Kaiser, presidente de la ONG ecologista en Alemania.

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