La planta superior del Centro Social de Lugo de Llanera se ha convertido a lo largo de las tres últimas semanas en un laboratorio que trabaja a toda máquina para desentrañar los secretos del pasado romano de Llanera. Cada día decenas de bolsas repletas de restos recogidos en la excavación de Lucus Asturum pasan por varias manos para su limpieza, restauración y catalogación antes de ser entregados al Museo Arqueológico de Asturias. Es una labor ardua que se reparte un equipo compuesto por cuatro personas bajo la dirección del arqueólogo David Expósito.

Es la segunda y no menos importante parte del trabajo del conjunto de profesionales que hoy mismo rematarán los trabajos en el yacimiento romano de Llanera, liderados por Esperanza Martín, y que en esta campaña están descubriendo cuán prolífico es el subsuelo del concejo. "Están llegando muchísimas piezas y es algo que no esperábamos, aunque sabemos perfectamente que este yacimiento es extraordinario", sostiene Expósito.

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El yacimiento arqueológico Lucus Asturum, en Lugo de Llanera: los expertos descubren que durante 400 años hubo población romana asentada allí Luján Palacios

En el laboratorio montado durante la campaña en Lugo cada uno de los materiales pasa por un completo proceso. En un primer momento, se extienden y clasifican para su limpieza inicial, una tarea que en ocasiones se ve complicada por la humedad como sucedió días atrás tras una tormenta. "Tras colocar las piezas por tipos, se hace un lavado, con agua o con cepillado en seco, porque hay fragmentos que aún conservan algún tipo de pinturas y se podrían dañar. Después, se clasifican y a cada uno de ellas se les asigna un número de referencia, sobre una capa de esmalte de uñas en la que escribimos muy pequeñito para que todas las piezas estén identificadas", indica el arqueólogo, ayudado en la tarea por su hija Rocío Ruiz, que estudia técnicas de laboratorio.

Sara Gachs, voluntaria de Granada y alumna de Antropología, se encarga de hacer las fotos a cada pieza, "por delante y por detrás", después de una medición. Las que están en peor estado pasan a las manos expertas de Bárbara Güimil, la restauradora que se encarga de dar lustre con sumo cuidado a piezas que llegan oxidadas, degradadas por los siglos bajo tierra o en pedazos que pueden ser recompuestos en forma de vasijas o incluso platos de vidrio que poco se diferenciarían de una vajilla actual.

Entre las cosas más sorprendentes que reciben, enumeran cosas como una aguja de bronce, cáscaras de ostras, semillas y restos óseos que serán analizados por otros profesionales a posteriori.

Además, hay monedas y objetos que no se corresponden con la época estudiada, pero que dan buenísima fe de la antigüedad del yacimiento. En el laboratorio han recuperado varios objetos del Paleolítico, piedras pulidas y utilizadas como herramienta cortante en la mayoría de los casos. Lucus Asturum es "una gran caja de sorpresas pendientes de descubrir", concluyen los expertos.