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Asturias, tierra de robots

Un puñado de compañías se abre paso en el campo de la robótica y la utilización de la inteligencia artificial para mejorar los métodos educativos en la escuela y optimizar la fabricación industrial, entre otras muchas aplicaciones

Asturias, tierra de robots

Asturias, tierra de robots

"Tico" anda estos días de mudanza. Ha cambiado el parque tecnológico de Llanera por unas nuevas oficinas a las afueras de Gijón. No se le ve demasiado agobiado por el trajín de cajas y de idas y venidas de sus compañeros de despacho. "Tico", de metro y medio de altura más o menos, fue con toda probabilidad uno de los primeros androides que nacieron en Asturias. Acaba de cumplir sus primeros diez años de vida. Su diseño corrió a cargo de la compañía Adele -que es la que realmente acaba de mudar sus oficinas- dentro un proyecto de I+D en colaboración con Treelogic y su carcasa fue ensamblada en una factoría del Principado.

La misión en el mundo de "Tico" es la de trabajar en el ámbito del marketing, para eso fue concebido. Pero su éxito ha sido limitado. Adele sólo ha vendido una unidad del androide, que tiene unos ojillos que recuerdan a Wall-E, el famoso personaje de la productora Pixar. Fue hace siete años a un banco ruso, de nombre Sberbank. A aquel robot le han perdido la pista, desconocen si sigue trabajando en aquella oficina de la fría Rusia. Allí su labor era la de hacer de receptor de los clientes y orientarlos en lo que pudiera. "También lo hemos alquilado para ferias. Últimamente nos cuesta ya más promocionarlo que el retorno que nos da, por lo que es ya más un elemento de marketing", asegura Celestino Álvarez, fundador y director de la compañía de robótica. Como hay que generar "cash", añade, ahora se han lanzado a crear robots de pequeño tamaño para que los escolares vayan familiarizándose en el trato con los androides. Son el futuro y, a no muy tardar, humanos y robots están llamados a convivir en armonía.

Ante ese horizonte hay empresas asturianas que ya tratan de subirse al carro de la robótica, aunque aún de forma muy incipiente. Adele es de las más veteranas de ese sector. "Somos tan poquitos que no se nos podría ni considerar sector", puntualiza Álvarez. Aún así, en los últimos tiempos han surgido varias empresas en la región dirigidas, sobre todo, a tratar de poner a los robots a pensar y a decirles cómo tienen que moverse y qué decir, aunque de forma ética. Es decir, respetando las tres reglas del escritor y científico Isaac Asimov que se basaban en que los androides no pueden hacerle daño a los humanos.

Aunque los rectores de estas compañías coinciden en que aún estamos bastante lejos de que los robots tengan autoconsciencia, reconocen que nos acercamos a ese escenario a pasos agigantados. Algunos de esos progresos se presentaron hace unas semanas en una feria en Oviedo y en la que participaron algunas de las compañías asturianas de este incipiente mercado y otras de fuera.

A unos pocos kilómetros de donde vive ahora "Tico" se mueve con bastante soltura otro robot con forma humanoide. Se llama "Pepper", físicamente parece primo hermano de "Tico", pero éste ha sido desarrollado por la empresa japonesa Softbank Robotics (aunque su diseño original es de una compañía francesa) a la que está asociada desde principios de año la asturiana Alisys, que se encarga de hacer que el robot interactúe, que hable, que se mueva y que se relacione con los humanos. Es decir, desarrollan el software del androide, su cerebro.

-¿Tienes sentimientos, "Pepper"?

-No tengo sentimientos como los tuyos, pero puedo entender las emociones humanas.

Esto es lo que responde "Pepper", que levanta metro y veinte centímetros del suelo y pesa unos treinta kilos. Su carcasa es blanca como la nieve y tiene unos ojos sorprendentemente expresivos, que cuando prestan atención a un humano se ponen azules. El humanoide se mueve al ritmo que le marca un programador de Alisys a través de un ordenador, y mantiene una conversación limitada a las frases que tiene en ese momento en su "cerebro", donde en lugar de materia gris hay clips. El que le hace la pregunta es José Carlos Fernández, director de tecnología de la empresa gijonesa. "Lo que nosotros hacemos es dotarle de inteligencia, de una inteligencia que va en función de lo que necesite el cliente", señala. Así, el robot, previamente programado por la empresa asturiana, fue el encargado, por ejemplo, de hacer de maestro de ceremonias durante la presentación del plan Madrid Central, que restringe el tráfico en las calles centrales de la capital española.

No ha sido su único trabajo. Hay un "Pepper", previamente preparado por Alisys, empleado como recepcionista en la biblioteca del Instituto de Empresa de Madrid o ha estado contratado, por ejemplo, como actor para un spot publicitario de una empresa de arroces de Valencia. "La inteligencia no tiene por qué estar programada dentro del robot, nosotros utilizamos servicios en la nube. Incluso estamos desarrollando aplicaciones de control remoto para poder ver lo que ve el robot con sus cámaras e, incluso, actuar y poder gestionar remotamente sus movimientos", explica José Carlos Fernández. Para mantener una conversación con cierta soltura y fluidez necesita aún ser programado. "De que pueda pensar por sí mismo estamos lejos porque eso implica tener una cierta capacidad de aprendizaje, que ahora sólo se puede tener en ámbitos limitados como, por ejemplo, a la hora de jugar a algún juego, que es algo que tiene unas reglas muy bien definidas", señala.

Fernández le toca la cabeza a "Pepper" y el robot se estira y suelta: "Ummm, me siento como un gatito".

En una línea parecida trabajan en Adele. Esta compañía está desarrollando una plataforma de inteligencia artificial para que sus robots aprendan. Y aquí entra de lleno otro protagonista, de nombre "Next" y con menos pinta de humanoide que "Tico" o "Pepper". Sólo levanta unos pocos centímetros del suelo, tiene dos ojos, una gorra, va sobre unas ruedecillas y lleva una gorra con varios botones en la cabeza. Adele ha fabricado más de 25.000 unidades de "Next", en colaboración con la editorial Edelvives que lo está distribuyendo por los colegios de media España. Su misión en la vida es interactuar con escolares proponiéndoles juegos que tienen que resolver en interacción con el robot. El objetivo final es que los niños vayan acostumbrándose a tratar con estas máquinas y que, al mismo tiempo, tengan unas nociones básicas de programación. Una disciplina que probablemente será esencial en su futuro laboral.

Ahora la empresa asturiana está trabajando en una nueva evolución de "Next" gracias a esa plataforma de inteligencia artificial. "Aspiramos a poder crear itinerarios formativos para los niños. Es decir, que el robot se convierta en un tutor y pueda identificar en qué áreas es mejor el niño y ayudarlo a mejorar en ellas. Si el niño es muy bueno en matemáticas se le proponen más retos en ese campo para ayudarlo a que se desarrolle más rápidamente", señala Celestino Álvarez. Aunque todo eso está aún en proyecto y en búsqueda de financiación para poder llevarse a cabo.

La propia Unión Europea (UE) está tratando de estimular el desarrollo de la inteligencia artificial mediante ayudas millonarias para el desarrollo de este tipo de plataformas. Adele montó un gigantesco consorcio con otras 68 entidades o empresas (estaban por ejemplo Indra, Sacyr o Arcelor-Mittal) y su propuesta fue la segunda de siete. Se quedaron a las puertas de conseguir ayudas. Álvarez está convencido de que la aplicación de la inteligencia artificial en el mundo de las empresas, en las cadenas de producción esencialmente, es posible desde ya y, en un breve plazo de tiempo (si no ya mismo) será una cuestión de supervivencia para muchas de ellas. "O lo haces o mueres", sentencia.

Azisa es una empresa asturiana dedicada a realizar trabajos de inspección con drones y otro tipo de vehículos no tripulados. Según explica uno de sus fundadores, Raúl Álvarez, la inteligencia artificial es una de las vías que están explorando para hacer más autónomos a estos pequeños robots industriales. Sus drones y vehículos terrestres y acuáticos han servido para inspeccionar algunas centrales nucleares españolas, y ahora la compañía está buscando internacionalizar sus servicios.

De introducir la robótica en el mundo de la empresa tiene bastante que decir también Ignacio Secades, socio fundador de Roboticssa, una compañía asturiana (ubicada también en Gijón) que se dedica a fabricar brazos que ayudan en cadenas de producción industriales. Su invento saltó a la fama hace unos meses después que uno de sus brazos robóticos se convirtiera en la estrella del pabellón de Asturias en la feria empresarial de Fráncfort (Alemania): lo programaron para escanciar sidra.

No se alarmen los escanciadores humanos. Secades indica que ni están explorando ni explotando esa línea de negocio. Sin embargo, lo que sí les ha sorprendido gratamente es la alta demanda que está teniendo su producto, tanto que en apenas seis meses que llevan de fabricación han conseguido vender una veintena de estos brazos articulados, lo que les está animando para seguir mejorando e ir buscando nuevos hitos para el próximo año y el que viene en materia de I+D. Uno de sus objetivos es hacer que sus movimientos sean más fluidos.

Sus brazos robóticos se han extendido tanto que trabajan en actividades tan diversas como para una productora de cine americana o en una fábrica de tarjetas de crédito de Francia. Secades insiste en que sus robots industriales no tienen como objetivo "sustituir a ningún humano". Todo lo contrario, el objetivo es que ayuden al operario humano en el trabajo diario y que lleguen a los sitios que ellos no pueden. "Se trata de evitar que los trabajadores tengan malas posturas o que tengan que encargarse de tareas peligrosas", apunta Secades.

Ése es, precisamente, uno de los debates que está más candente en el mundo de la robótica. ¿Nos van a quitar los robots el trabajo? Los responsables de estas compañías asturianas no rehúyen la discusión y con opiniones contrapuestas.

"El discurso estándar es que la tecnología va a crear nuevos puestos de trabajo diferentes a los actuales. Pero creo que hay un punto intermedio. Para mí uno de los trabajos más duros que hay es el de atención al cliente y está lleno de call centers en el que los trabajadores para ir al baño hasta tienen que pulsar un botón, ya son humanos controlados por una máquina, porque es la máquina la que les gestionan cuándo y a quién tienen que llamar", señala Celestino Álvarez. Y añade con ironía: "Mira, ahí al lado de 'Tico' hay una fotocopiadora. Si queremos crear empleo lo mejor sería eliminarlas y volver a contratar escribanos". Lo que quiere decir es que el progreso es imparable y que los robots están aquí para quedarse y para convivir con los humanos haciéndoles la vida más fácil.

Hay teorías para todos los gustos, Álvarez cita una de un investigador alemán, Jürgen Schmidhuber, que sostiene que en unos años los humanos seremos para los robots lo mismo que las hormigas son para nosotros. Es decir, que están ahí sin molestar mucho y si hay que pisarlas, se pisan. Es de los más radicales, eso sí.

Mucho más moderado, José Carlos Fernández, de Alisys, asegura: "A los robots los veo como una forma de eliminar barreras de entrada para aquellas personas que tienen más problemas con la tecnología, como asistentes para cobrar en los centros comerciales, o con posibilidades en el mundo de la publicidad. Pero no los veo para nada como una competencia con los humanos, serán un complemento". Posiblemente desaparezca algún puesto de trabajo, pero aparecerán otros nuevos, augura. Lo comido por lo servido para el mercado laboral.

Sin embargo, las investigaciones van muy rápido y pocos saben a ciencia cierta lo que ocurrirá en unos años. Un ejemplo que ilustra esto lo pone José Carlos Fernández que asegura que hace no mucho los robots eran casi incapaces de reconocer el lenguaje humano, pero ahora la fluidez con la que captan la pronunciación de los seres humanos es asombrosa. De hecho, Alisys también tiene en su catálogo otro robot, de nombre "Nao" (también fabricado por Softbanks Robotics), mucho más pequeño que "Pepper", y que han programado para hacer de profesor de idiomas o para ayudar a niños con necesidades especiales, como los autistas, a los que les resulta menos brusco tratar con un robot que con un humano.

En preparar a los niños para trabajar codo con codo con los robots es dónde Adele ha visto un buen negocio. Ahora, la compañía ha creado una pequeña "Pepa Pig" robótica, de un tamaño muy similar al de "Next" y del que tienen una alta demanda. De hecho, andan detrás de los permisos y licencias para poder venderla en China (allí fabrican sus robots) donde estos dibujos están pegando fuerte. Además, se da la circunstancia que el 2019 será el año del cerdo en el país asiático. La ocasión es única y la compañía ha cuidado mucho el diseño. "Siempre hemos dicho que si nuestros robots por lo que sean acaban como un pisapapeles, al menos queremos que sean un pisapapeles bonito", señala Celestino Álvarez.

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