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reportaje

Las nuevas Asturias que nacen dentro de Asturias

La Milla del Conocimiento brota en Gijón; en Oviedo, la Ciudad Biosanitaria; en Avilés el metal se digitaliza... Estas son las nuevas tendencias del desarrollo regional

Las nuevas Asturias que nacen dentro de Asturias

Mirada al trasluz, la radiografía del esqueleto sectorial de la economía asturiana ofrece de entrada una impresión general de debilidad. Sabiendo adónde mirar, no obstante, también es posible identificar las áreas de la estructura cuyo refuerzo protegerá mejor la estabilidad del conjunto. La vista del economista enfoca muy intensamente la zona de la industria agroalimentaria, observa posibilidades de fortalecer el sector energético y tecnológico y los aledaños del metal, vislumbra beneficios si se tonifica el músculo biosanitario y percibe serias opciones de hacer crecer la parte del sector servicios más intensiva en conocimiento.

Así es Asturias, en plural, tal y como se la ve a través de los modelos que estudian el potencial de arrastre de sus sectores preponderantes. Ahí queda el resultado del examen que la cátedra universitaria para el análisis de la innovación, que dirige el profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo Fernando Rubiera, ha elaborado con el propósito de tratar de asegurar la coherencia y en último término el éxito de los proyectos con potencial captador de fondos europeos.

La estructura demográfica y la calidad de la sanidad dan opciones a la salud y el sector biosanitario

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Se verá a continuación que acercando la lupa tal vez se pueda seguir el rastro de estas semillas de “brotes verdes” llevando el dedo a través del mapa regional: el vuelo rasante ve a Oviedo haciendo señas con su pretensión de ser el polo biosanitario además del de los servicios, a Gijón y Avilés con condiciones para explorar las nuevas adyacencias del metal y el conocimiento asociado a ellas, a las comarcas mineras optando a faro energético y de nuevas tecnologías y a los entornos de Siero y Llanera asomando la patita de un novísimo foco logístico al calor que se le supone al anuncio de la llegada del tren de Amazon a Bobes. El Occidente querrá sacarse partido en el amplio espacio de las energías limpias y la resistente industria naviera, o compartir los rendimientos del atractivo turístico con el oriente mientras casi por todas partes emerge la potencia agroalimentaria como asidero transversal para el inevitable rescate del maltratado y declinante medio rural asturiano.

Casi todo es susceptible, no obstante, de transversalidad geográfica, y conviene espantar el veneno del localismo. Para empezar, como punto de partida global servirá la consideración de Sergio González Begega, profesor de Sociología. “Nunca es buena idea construir en el vacío”. Quiere decir que los cimientos de la Asturias de siempre deben seguir siendo útiles para edificar las casas nuevas. O que aunque Amazon se acerque con su enorme centro logístico a Siero y eso pueda ejercer de “fuerza tractora sobre el sector de las nuevas tecnologías”, no conviene que esa oportunidad oculte, descarte o ignore las que ya existían y permanecen: las fortalezas básicas de la economía regional, que tal y como las trazó en 2014 la estrategia de especialización inteligente siguen vigentes y dibujan un buen lugar desde donde reiniciarse “en torno a sus tres ejes fundamentales: el de la producción industrial vinculada al acero; el de la salud, relacionada con el envejecimiento y la calidad de vida, y el de los mercados agroalimentarios”.

Asturias, dicen los expertos, parte bien situada para sacar partido de la transición energética

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Cambiar no significaría aquí entonces romper con todo, sino construir otras cosas sobre la base de siempre, o también evitar el riesgo de “dejar de lado industrias productivas no relacionadas con la nueva economía y que vienen sufriendo el impacto doble de la transición energética y de la pandemia”.

Así se acerca otro momento crucial para esta región en eterna reconversión. Asturias ha vuelto a la casilla en la que las elecciones tienen consecuencias, al lugar por el que pasan los trenes del futuro y se reparte el dinero sólo entre los mejor preparados. Europa, su nuevo periodo financiero y sus fondos de reconstrucción pospandemia, exigen “un informe muy serio de los sectores productivos con oportunidad de progreso”, avanza Fernando Rubiera. El suyo parte de la impresión de debilidad que da la economía regional y va a dar a la receta de un tratamiento muy localizado y dirigido a lugares muy específicos. La cátedra de innovación ha analizado con detalle la productividad, la competitividad o la capacidad de arrastre de 65 sectores económicos y el resultado trasluce un estado general de “extrema fragilidad” que urge resolver con el reconstituyente de un ajuste en la dieta productiva de la región. Con un gran cambio. Con otra transformación. A los ojos del primer informe de la cátedra de innovación, emerge “la imperiosa necesidad de ampliar la especialización productiva de Asturias en actividades con alta productividad, elevada competitividad comercial y mayor capacidad de liderazgo sobre el resto”. Solo hay que saber elegir bien con qué. O con qué, cómo y dónde.

Lo que da la tierra

El análisis de la cátedra de innovación empieza por la tierra. De resultas del examen de los 65 sectores, y de su inserción en el contexto nacional y en el mercado europeo sale un interés por robustecer lo agrario y lo agroalimentario y por tender puentes entre este sector con mucho recorrido potencial y el más consolidado de la hostelería y el turismo. Buceando en el interior de esta actividad esencial, la industria láctea se hace acreedora de una “mención aparte” por “productividad” y “ventaja exterior”, por su condición de “sector ideal” de intervención preferente y líder potencial para la estrategia de apoyo.

“Compañeros” para el metal

Si esto va de inventar sobre lo que ya existe, el metal es obviamente “muy potente”, aunque de entrada solo como “sector puro”, observa Rubiera. Resulta “más extraño” comprobar que “los que están conectados con él, como el de la fabricación de productos metálicos, parecen más flojos” si se comparan los asturianos con los de otras regiones que también apoyan mucho su tejido productivo en la metalurgia.

La energía verde

El camino que parte hacia el futuro, a la búsqueda de nichos de especialización y diversificación no tarda en llegar a la energía. Se ve a Asturias “muy bien posicionada para afrontar el reto de la transición energética”, vinculándolo a su músculo industrial tradicional y a las posibilidades que trae, por ejemplo, el uso del hidrógeno “como fuente de combustión” o “la generación de energía verde ligada a la producción industrial”.

El envejecimiento y el polo biosanitario

Por su estructura demográfica, y por el prestigio de sus servicios asistenciales, a esta región se le ve una oportunidad en la generación de todas las actividades que serán “tanto más demandadas cuanto más envejecida” esté una población que además ofrece aquí “un creciente poder adquisitivo”. Sabiendo mirar, ahí está la potencia del sector sanitario y la oportunidad de generación y aplicación de conocimiento en el sector biosanitario.

El “terciario avanzado”

A fuerza de escarbar, en ocasiones se encuentran cosas inesperadas. En la zona de los servicios, brota de pronto el sector “de las actividades terciarias intensivas en conocimiento”, el de la consultoría, por ejemplo la de ingeniería y arquitectura o servicios financieros. En Asturias ofrece rendimientos superiores a la media en cuanto a su productividad, pero arrastra el lastre de cierto déficit “de tamaño” que la caracterizan como una “oportunidad latente que no acaba de despegar”. Tampoco ayuda el entorno, donde esta porción de la economía nota especialmente el retraso que acumula la ordenación del área metropolitana. Son tareas, explica Rubiera, “muy vinculadas al tamaño del entramado urbano que tienen a su alrededor”, y se beneficiarían particularmente de la articulación pendiente de una auténtica gran urbe a su alrededor.

¿La logística no?

También hay oportunidades inesperadas. Los modelos no detectaban demasiadas capacidades en la logística, que sin embargo viene de atraer hasta el polígono de Bobes (Siero) a la locomotora de Amazon. Bienvenido sea. Por eso y por el poder de arrastre que se le supone sobre el sector de las nuevas tecnologías, pero siempre que no nos ciegue o nos haga apostarlo todo ahí, o tratar de pasar a ser “un monocultivo de empresas digitales y nuevas tecnologías”. Asturias, advierte Sergio González Begega, ya conoce “los problemas de haber sido durante décadas un monocultivo industrial”.

OVIEDO | La Vega, una idea de fábrica para la vida

El secreto mejor guardado de Oviedo lleva en esta ciudad más siglos que la mayor parte del paisaje urbano y está a la vista de todos sin que nadie se dé cuenta. La fábrica de armas de La Vega fue durante siglos cenobio y hospital de peregrinos, aunque el peso que arrastra es el de su última peripecia como fábrica de armas, pues a él pertenece su trazado actual, la mayoría de sus naves y la pujanza industrial de cuando Oviedo, en el paso de un siglo (XIX) a otro (XX) se convirtió en otra cosa. Era la fábrica de armas una factoría de especialistas formados en su escuela de artes y oficios que acababan en ingenieros y era una ciudad bulliciosa dentro de otra ciudad, a la vista de las familias que allí trabajaban que accedían al interior en las jornadas de puertas abiertas. El sueño industrial empezó a morir con la privatización de Santa Bárbara y ahora, cuando el viejo recinto abandonado solo revive como contenedor cultural de bohemia posmoderna, sea para una Noche Blanca o para unos Premiso Princesa, todos los ojos se fijan en ella porque tiene una nueva oportunidad histórica. Esos 120.000 metros cuadrados son el terreno donde los poderes públicos y privados sueñan con hacer crecer una nueva revolución industrial y dar forma definitiva a un gran polo biotecnológico dedicado a las ciencias de la salud.

La fábrica de armas.

El sueño de ver La Vega convertida en un semillero de farmacéuticas, startups de nuevos tejidos, impresión 3D de prótesis y bancos de ADN, nace de una vigilia en la que Oviedo ha ido dando forma a un polo sin darse cuenta, sin que nadie le ponga nombre. A lo que podría llegar a suceder en la vieja fábrica de armas hay quien lo llama “La Vega de la vida”. A lo que ya sucede fuera, le ha caído en gracia el lema de “la milla de la bata blanca”. Es verdad que no son todo médicos y no todos los científicos visten de blanco, pero ese paraguas ya cobija en la actualidad más de 1.400 profesionales que manejan un presupuesto de más de diez millones al año. Son cifras que, además, no tienen en cuenta la cabeza tractora de todo ese conglomerado biosanitario, el HUCA.

El nuevo Hospital Universitario Central de Asturias fue la primera pieza pensada desde el punto de vista metropolitano, como señala siempre el urbanista y apóstol de la causa del área central Víctor García Oviedo, y hoy es la cabeza del polo biosanitario. Aunque haya otras instituciones principales, como la Fundación para la investigación y la innovación biosanitaria de Asturias (Finba) que da soporte al Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias (ISPA), con sede frente al HUCA, todo acaba pasando de una y otra forma por el hospital.

Los 120.000 metros cuadrados del viejo recinto fabril a la entrada de Oviedo son el sueño donde hacer crecer un polo de salud biotecnológico

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El ISPA y la Finba también concentran muchos investigadores, aunque estén en otras instancias, como la Universidad, también están allí representados, y lo bueno es que Asturias, y Oviedo, ya tiene diseñada y en funcionamiento la estructura necesaria para captar fondos, lanzar becas o asumir proyectos. Algunos ya son referentes internacionales y también están allí dentro, aunque tengan vida propia, como el Instituto Universitario de Oncología (IUOPA), donde, por citar, uno puede encontrarse el equipo de Otín.

Pero el conglomerado biosanitario tiene también otro apoyo fundamental en el CSIC. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas es la mayor institución pública dedicada a la investigación en España, en Asturias tiene cuatro centros, y en la zona de la bata blanca se localizan, en especial, el Instituto de Ciencia y Tecnología del Carbono (Incar) y allí se mudará también el Instituto de Productos Lácteos de Asturias (IPLA).

Lo que todo ese conglomerado puede generar para llenar y dar sentido a La Vega de la Vida se puede ver en pequeña escala en el Vivarium, el semillero de ciencias de la salud que tras varios intentos empezó a coger velocidad, riesgo y éxito y hoy apenas puede contener las iniciativas empresariales que se desarrollan allí: las empresas Healthens, Entrechem, Criogene y Metrohm-DropSens que en conjunto suman alrededor de cincuenta trabajadores.

Lo que todo ese conglomerado puede generar para llenar y dar sentido a La Vega de la Vida se puede ver en pequeña escala en el Vivarium,

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Pero el polo biosanitario de Oviedo no es solo la milla de la bata blanca, que la ciudad ha logrado ir especializándose en el ámbito de la salud lo ratifica el largo éxito de otras iniciativas privadas. Entre los grandes centros privados de investigación y tratamiento biosanitario de la región y del polo biosanitario destaca el Instituto Oftalmológico Fernández-Vega y su Fundación de Investigación Oftalmológica (FIO). El centro abrió sus puertas en 1997 en su sede actual, en la falda del Naranco, donde cuenta con más de 150 trabajadores. La Fundación trabaja en 116 proyectos de investigación y por la clínica pasan al año unos 110.000 pacientes, el 70% procedente de fuera de Asturias.

El otro gigante privado de la sanidad en Oviedo es el Instituto de Medicina Oncológica y Molecular de Asturias (IMOMA). Se constituyó en la primavera de 2008 como una iniciativa privada de Masaveu Medicina, Liberbank y Medicina Asturiana para luchar contra el cáncer y otras enfermedades con base genética. Comparte sede con el Centro Médico y aporta también trabajo de investigación y una línea pionera en equipos y tratamiento.

¿Qué le falta entonces a Oviedo para hacer realidad La Vega de la vida?

Para empezar, algo que parece muy difícil y puede resultar muy fácil. Que todas las administraciones (local, regional y central) se pongan de acuerdo para que Defensa se avenga a formar un consorcio con el que se puedan empezar a ordenar de alguna forma concreta y con algún sentido específico esos terrenos y esas naves. Lo segundo, según explican todos los investigadores involucrados y también las pequeñas empresas, que la ciudad sea capaz de captar para ese monstruo que puede ser también La Vega una gran empresa del ámbito, una farmacéutica, por pedir, que meta grasa, músculo y velocidad al sueño de la ciudad de la salud.

GIJÓN | Una milla para hacer negocio del conocimiento

Una milla son 1.609 metros. Algo más si es náutica. Salvo en Gijón. Una milla en Gijón es marca de ciudad y símbolo de innovación. La “milla del conocimiento” –que desde principios de 2020 suma con orgullo a su nombre el de la científica asturiana Margarita Salas– define el singular espacio de la zona este gijonesa que es motor económico, académico, científico, sanitario, social y cultural de la ciudad y de Asturias. Todo un distrito de innovación donde tienen papeles protagonistas el Parque Científico y Tecnológico y la Universidad, pero al que no es ajena la vecindad de la Universidad Laboral, Laboral Centro de Arte y Creación Industrial, el Hospital Universitario de Cabueñes ni el Jardín Botánico.

Vista de la Mlla del Conocimiento

Alrededor de 20.000 personas estudian o trabajan en ese espacio. Y, sobre todo, se relacionan compartiendo experiencias y sabiduría para que del conocimiento salgan oportunidades de negocio y las necesidades empresariales den pie a más investigación. La suma de lo público y lo privado ha generado una estructura que ha actuado en los últimos años como catalizador de talento, investigación e innovación con el resultado de crecimiento de la actividad económica y creación de empleo de alta cualificación en la ciudad.

Quien engrasa la maquinaria económica de esa “milla” es el Parque Científico y Tecnológico: el primero de toda España impulsado directamente por un Ayuntamiento, que sigue ocupándose de su gestión a través de la sociedad municipal Gijón Impulsa. En aquel inaugural 30 de octubre del año 2000 la idea de crear una alternativa de futuro al Gijón industrial y de construcción naval que languidecía sumaba 6 empresas y 41 trabajadores. La última estadística, fechada al cierre de 2019, presenta unas cifras bien distintas: 180 empresas que facturan 1.741 millones de euros y tienen en plantilla a 4.831 personas, de las que 630 tienen una vinculación directa con actividades de I+D en las que hubo una inversión de 17 millones. Falta actualizar los datos al cierre del año de la pandemia, pero los primeros informes evidencia que el golpe del covid-19 a las empresas tecnológicos ha sido muy inferior al asestado a otros sectores económicos.

El municipal parque tecnológico es el motor económico de una red empresarial que factura 1.700 millones y se conecta con la labor investigadora del campus local

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A lo largo de los años el Parque ha tenido que saltar las fronteras de sus 171.000 metros cuadrados de espacio inicial –con vistas a la fachada principal de la histórica Universidad Laboral– para hacer hueco a más empresas de ese ecosistema. Surgieron así los espacios tecnológicos Intra 1 e Intra 2 y el Espacio tecnológico Campus. Ambas son residencias de gestión municipal, al igual que los edificios Asturias e Impulsa dentro del propio recinto del Parque. El resto del suelo de ese complejo está ocupado por sedes de empresas privadas, ya que la venta de parcelas urbanizadas para que cada cual construyese a su gusto fue una opción desde el primer momento.

Ahora toca dar un paso más y desde el Ayuntamiento se impulsa la ampliación del Parque en la cercana zona de la Pecuaria, donde hay unos 200.000 metros cuadrados esperando. Solo hace unos días se encargaba la redacción del plan especial de ese ámbito y del proyecto de urbanización al equipo Rueda y Vega Arquitectos. El objetivo está claro. Potenciar el Parque dentro de la “milla del conocimiento” para convertirlo en un foco de innovación de referencia tanto en el Norte de España como en el Arco Atlántico Europeo y dotarlo de una capacidad renovada para atraer empresas, entidades y personas del entorno nacional e internacional vinculadas a la nueva economía del conocimiento. Si todo sale según lo previsto habrá cuerda para otros veinte años.

El futuro está en crecer en la pecuaria para ser referente de Europa

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Pero no se trata de repetir la fórmula. Se trata de mejorarla. Los estudios previos han dejado claro que en la Pecuaria se debe ofrecer un nuevo modelo de espacio empresarial. Nada de un recinto cerrado con cada empresa en una parcela y una garita de seguridad a la puerta del complejo. Ahora toca crear un espacio empresarial abierto con un diseño más de campus universitario que de polígono, viales abiertos al paseo como una calle más de la ciudad y edificios donde las empresas tengan sus metros, pero también encuentren ubicación restaurantes, gimnasios, tiendas o ludotecas accesibles a toda la ciudadanía.

Al proyecto de la Pecuaria se suman otros donde Gijón Impulsa también apuesta por otro futuro para la ciudad. Son dos con miniparques empresariales centrados en la economía azul y la verde. El primero en el suelo que ocupara el astillero de Naval Gijón en El Natahoyo y el segundo sobre los restos de la también desaparecida Mina La Camocha. Dos ejemplos máximos de ese cambio de sistema productivo por el que lleva décadas trabajando Gijón.

El Hospital de Cabueñes tiene por delante la más ambiciosa reforma de su historia

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El Parque Tecnológico no es el único vecino de la “milla del conocimiento” que tiene planes de futuro. El Hospital de Cabueñes tiene por delante la más ambiciosa reforma de su historia. Una ampliación con una inversión que ronda los 100 millones de financiación autonómica y que le colocará a la cabeza de la red sanitaria asturiana en pocos años. Su labor sanitaria es básica, pero no única. El hospital genera actividad docente e investigadora. Y negocio. Un solo ejemplo: el Gijón Convention Bureau tiene desde hace tiempo relaciones con profesionales del centro para impulsar congresos y eventos profesionales sanitarios. También tiene en mente una ampliación el Jardín Botánico y la Universidad de Oviedo hace cuentas y planes para una residencia de estudiantes e investigadores en la zona.

Y un vecino ilustre, la Laboral, busca con tanto ahínco ser declarada Patrimonio de la Humanidad como sumar nuevos inquilinos a un edificio donde ya conviven estudiantes de todos los niveles, empresas y sedes artísticas. En los próximos meses se habilitarán, además, espacios para acoger empresas y se impulsará un centro de innovación de Formación Profesional. Porque la innovación es el pegamento que une todas las piezas en la “milla del conocimiento”. La gran milla de Gijón.

AVILÉS | Una comarca que se mueve con aire y algoritmos

Corren buenos y tecnológicos vientos en la economía avilesina. Y los números cantan: el año pasado salieron por los muelles de Valliniello, en la orilla izquierda de la ría, el doble de elementos para el negocio eólico que doce meses antes. Y no es no casualidad. Las exportaciones a través del puerto avilesino se han caracterizado tradicionalmente por su monocultivo de graneles (líquidos y sólidos). La exportación de bienes de equipo es consustancial del Puerto de Avilés: en sus orillas han crecido varias fábricas: la de acero más importante del país (Arcelor) y una de las primeras fundidoras de cinc del planeta (Asturiana de Zinc). Hasta hace año y medio, el aluminio primario daba pureza a las cuentas de la comarca (hoy los herederos de Alcoa solo fletan navíos cargados con materia prima para fabricar aluminio fuera de su aluminera).

Una estructura eólica en Avilés. Ricardo Solís

La novedad de estos dos últimos lustros sopla con fuerza: el material eólico que cocinan las empresas del Grupo Daniel Alonso. “La industria de los sectores metalmecánicos ha evolucionado”, explica Íñigo Felgueroso, que es el director de Idonial, uno de los dos corazones que hacen palpitar la investigación y el desarrollo en la comarca. “Hemos sabido desarrollar lo que ya sabíamos hacer y hemos demostrado que lo hacemos bien”, apostilla el concejal de Promoción de Ciudad, el socialista Manuel Campa. En Avilés echó a andar en 2015 el Parque Tecnológico “Isla de la Innovación”, la herramienta administrativa encargada de evitar de que vierta por los poros el porvenir de la comarca, que Avilés trabaja solo como concejo cuando hay que perimetrarlo.

Las pruebas de todo esto están sobre la mesa: seis de las ocho nuevas investigaciones industriales que se desarrollarán con el incentivo económico del Instituto de Desarrollo Económico del Principado (Idepa) y la Consejería de Ciencia (cinco millones de euros) lo van a hacer en Avilés.

La actualización del sector metalmecánico y el apoyo de las administraciones públicas transforman la economía avilesina: del acero a las nuevas tecnologías

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Hace tiempo que las administraciones públicas han visto que parece necesario reconvertir la Reconversión. “Europa nos reclama la especialización por regiones. Y en eso estamos gracias el empuje público y privado de Idonial, pero también privado por completo, el de Arcelor”, explica Campa, que es el teniente de alcalde de un municipio que se ha volcado con los nuevos desarrollos de tal manera que su presencia no los estorba, sino que más bien los incentiva. Eso y algo tan sencillo como que Avilés “es una buena ciudad para vivir”. Lo dicen Felgueroso, Ángela Santianes, la presidenta de Du Pont, y también los ingenieros jefes de Arcelor. Todo junto es el tesoro del porvenir. O eso es lo que creen los responsables industriales consultados para componer este artículo.

Los nuevos centros de investigación son los de Windar (que está en Gijón, pero que ampliará en Avilés), Gonvarri, Idesa y Satec. Estos se suman a los dos pioneros:_Idonial (antes, ITMA) y Arcelor. Hay dos multinacionales trabajando en el porvenir de sus negocios desde hace décadas: Asturiana de Zinc y Saint-Gobain Cristalería. La primera se centra en la venta de su “know-how”, esto es, de la experiencia adquirida a la hora de fabricar cinc metálico. De hecho,_la planta de Mooresboro, en Carolina del Norte, de la empresa American Zinc Products, es gemela de la San Juan de Nieva. El centro de desarrollo de la multinacional francesa, sin embargo, ya no es la que fue una vez: imán de nuevos productos.

Hace tiempo que las administraciones han visto que parece necesario reconvertir la reconversión

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“Lo que estamos viviendo estos últimos años es fruto de un trabajo previo de décadas en los sectores que han caracterizado el desarrollo económico de la comarca avilesina”, explica Felgueroso. “No es fruto de una decisión repentina”, añade el director de uno de los centros de investigación más importantes del país en cuanto a nuevos materiales se refiere.

Están en la rotonda de la palmera, en la carretera de Luanco, en terrenos que fueron de la antigua Ensidesa, la empresa más importante de la segunda mitad del siglo XX del Principado. Esto (su ubicación) es la ilustración inmejorable de la idea motor de hacer de Avilés la capital asturiana de la Revolución 4.0, la digital: donde antes se sinterizaba el mineral de hierro, ahora se inventan nuevos materiales que permiten que el aire mueva la economía de una comarca casi siempre de realengo y ahora de señorío, muchas veces internacional”.

La Revolución 4.0 (las otras tres fueron: la de la mecanización, la de producción en masa y la informática) es la de los mecanismos controlados por algoritmos. Luis Rodríguez-Ovejero, que es el presidente de Sistemas Avanzados Tecnológicos (Satec), explica que su crecimiento vendrá precisamente de la aplicación de las nuevas tecnologías a la salud: “Pero no sólo a la telemedicina”, aclara. Dice, por ejemplo: “Hay otra área que es más importante que la telemedicina que es el tratamiento de la información de salud a efectos de optimizar el modo de funcionamiento de las instituciones sanitarias. Un hospital es un sitio donde todo lo que te hacen está reflejado digitalmente: los análisis, las pruebas... Toda esa información existe, la cuestión es cómo la tratas. Y esa es la gracia. Hablo de redes neuronales, de inteligencia artificial, el ‘big data’... Esta es la actividad verdaderamente capital de la medicina digital”, señala.

Seis de los ocho nuevos centros de investigación industrial están en Avilés

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Satec trabaja a través de Satec Health en esta vía: en saber analizar todos los datos generados en un período determinado como el presente._“Desde que entras en el centro hasta que sales, el médico sabe cuántos días has estado de baja, qué te han hecho para mejorar, qué día has empezado a mejorar... Es algo más que telemedicina”, recalca el empresario. “La telemedicina es una herramienta fantástica que ha pasado todos estos años por un proceso de destilación muy evolucionado y forma ya un mercado maduro. Existe la tecnología más que suficiente para hacer estas cosas”, aclara.

En Cancienes los ingenieros de Hiasa (Grupo Gonvarri) han pasado de ahondar en los elementos de contención de vehículos (su producto tradicional), a estructuras “inteligentes” que alojan paneles solares y es que el futuro llega con nuevas energías. Lo saben bien las empresas Windar e Idesa. Y lo saben también en el Puerto, que ven que la tradición se moderniza.

 

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