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Barrer para casa
José Luis Acuña Fernández Ecólogo, director del Observatorio Marítimo de Asturias

“Hay que declarar reservas marinas en Asturias y quitar el miedo a los pescadores”

“Si no quieres centrales nucleares ni térmicas, tendrá que haber parques eólicos”

José Luis Acuña, en el campus del cristo, de oviedo.   | MIKI LÓPEZ

José Luis Acuña, en el campus del cristo, de oviedo. | MIKI LÓPEZ

José Luis Acuña Fernández, (Gijón, 1963) es director del Observatorio Marino de Asturias (OMA) encargado de la observación y la monitorización del ecosistema marino de la Costa Cantábrica. Ecólogo, es catedrático de Departamento de Biología de Organismos y Sistemas de la Universidad de Oviedo.

–Dijo hace 12 años que la costa asturiana “es la mejor conservada de Europa pero el cambio climático ya es una amenaza para la biodiversidad marina”. ¿Sigue siendo así?

–Es una costa muy afectada. Empezamos ahora a hacer evaluaciones de la abundancia de los peces de roca, serrianos, julies... De críu pescaba y era muy fácil volver con una sartenada de pescado; ahora, no. Hay cambio climático y mucha más gente pescando y las poblaciones disminuyen, pero como no hay observaciones no sabemos.

–Pero comparando...

–Está en relativas buenas condiciones en relación con el Mediterráneo donde hay más problemas de invasiones y de contaminación. Pero aquí también. Un motivo para la esperanza es que tenemos un área marina protegida, que es el Cachucho, frente a Ribadesella, y pendiente de un plan de gestión el Cañón de Avilés. Estos sitios son más importantes cuanto más cerca de los seres humanos están porque se explotan. En Asturias no tenemos reservas marinas que sí hay en otras comunidades.

–¿Qué es eso?

–Sitios en los que no se pesca en favor de la conservación. Estamos haciendo prácticas con alumnos en la ensenada de Somió en Gijón, un sitio muy próximo, al que van muchas excursiones de buceo –lo que genera una economía– y que sería una reserva marina extraordinaria.

“Parte del carbón que aparece en la playa de san Lorenzo viene del tráfico actual de El Musel”

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–¿Tienen que ser espacios grandes?

–Cuanto más grande, mejor. Si no pude ser, incluso uno muy pequeña, entre la Isla de la Tortuga y la Cagonera bastaría porque la gente podría seguir bañándose y rompería ese miedo a declarar reservas marinas.

–¿Por qué miedo?

–Los pescadores las rechazan porque viven de la pesca, pero hay otros aspectos positivos. Son criaderos. Se recupera la biomasa, el número de peces y especies de interés pesquero, porque van a producir más larvas que van a difundirse fuera de la reserva y, así, a su alrededor se va a pescar más. Son otras herramientas de gestión pesqueras: en vez de limitar las capturas, se limita el área en que se pesca. Un desafío de la conservación del mar, de su gestión, es hacer que los pescadores dejen de ser vistos como los principales agresores del mar y sean vistos como sus protectores. Hay formas de gestionar la pesca que consiguen ese efecto.

–Por ejemplo.

–Los planes del percebe que son una cesión de derechos de uso. Cedes a una cofradía la exclusividad para extraer percebe en una franja de costa a cambio de cumplir con una serie de condiciones que consisten en evaluar el stock y extraer con limitación. Al asimilarlo como suyo, lo cuidan para explotarlo ahora y en el futuro. El ideal futuro sería organizar espacialmente la gestión de la costa asturiana, haciendo un mosaico de gestión de reservas, de explotación libre y de cesiones de derechos de uso, entremezclado.

–Otra asignatura pendiente.

–La depuración de aguas. El caso de Gijón es sangrante. Hay sanciones de la UE. Se están haciendo cosas. En Bañugues hay vertidos directos.

–El cañón de Avilés.

–Se declaró de interés comunitario en 2015. El Estado debe proponer el plan de gestión, que requiere mucha investigación. Sabemos dónde están los puntos de interés, los arrecifes de coral y hay que superponerlo a las actividades pesqueras, ver si hay conflictos y buscar soluciones. La responsabilidad es del Instituto Español de Oceanografía.

“Las olas de calor acaban con bosques de algas y eso está relacionado con la mengua de los oricios”

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–Su departamento halló las grandes estructuras de corales.

En 1986 y 1987, los tiempos heroicos del Noega –un barco chiquitín que sigue en El Musel– dentro de las campañas Cocaceen, en las que se formó mucha gente.

–La temperatura en el Cantábrico sube medio grado cada 10 años.

–Eso está grabado en piedra. El panel de cambio climático examina y confirma las predicciones.

–¿Qué playas asturianas se verán más afectadas en el futuro?

–Claro, sobre todo las que tengan muro.

–Usted se opuso al dique del superpuerto del Musel, ¿Se cumplieron sus previsiones?

–Totalmente. Estamos cerrando centrales de carbón y ese puerto se planteó para el tráfico de carbón. Ya se veía la dirección que tomaban las cosas. Hacer la obra del superpuerto era un gran negocio, no el futuro de Asturias, como nos vendieron.

–¿La playa se ve afectada?

–Hubo un basculamiento. No sé si cambió el régimen de olas pero el horizonte no es lo que era. El aporte de carbón que se ve en la playa no es todo del “Castillo de Salas”, es del tráfico actual.

“De críu era fácil ir a pescar y volver con una sartenada; Ahora, no, por el cambio climático y porque hay más cañas”

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–¿Le gusta el despliegue eólico de torres?

–Para hacer una tortilla hay que romper huevos. Si no quieres nucleares ni térmicas...

–¿Qué es y hace el Observatorio Marino de Asturias?

–Es la coordinación de los pocos grupos dedicados a la investigación marina asociados, con un máster Erasmus Mundus en colaboración con muchas universidades de Europa, más el Centro de Experimentación Pesquera del Principado. Esa transferencia de conocimiento beneficia a todos: al Principado porque la investigación tiene una aplicación directa en la gestión de los recursos y a nosotros porque nos permite investigar en cosas útiles.

–¿Qué cosas útiles?

–Saber cuántos pulpos hay para las cofradías que se dedican a su pesca en el occidente de Asturias. Hace unos años obtuvieron el sello del Marine Stewardship Council (MSC) [una organización mundial independiente que establece un estándar para la pesca sostenible], que te evalúa continuamente y exige mejoras.

–¿Cómo se sabe cuantos pulpos hay en una zona?

–Con modelos matemáticos. Es complicado porque hay pocos datos.

–Los pulpos son “celebrities” gracias a la divulgación.

–Estoy leyendo “Otras mentes”, un libro excepcional. Reconocemos la inteligencia de perros, gatos, delfines... De todos los seres vivos que han demostrado alguna inteligencia el pulpo es el más alejado, lo más parecido a una inteligencia alienígena.

–¿Seguirá comiendo pulpo?

–Me está dando cosa.

–Nos quedarán los oricios.

–Están fatal. Especulamos con que están muy asociados a la desaparición de los bosques de macroalgas tipo sacorriza, marrones grandes que forman láminas.

–¿Por qué desaparecen?

–Creemos que por el cambio climático. Les dañan las olas de calor de varios días en que la temperatura del agua supera los 21 grados. Entre 2005 y 2007 se produjeron varias y hubo una caída total de macroalgas en general.

–En Galicia hay oricios.

–El Noroeste peninsular está afectado por una surgencia de agua fría –lo que se llama un afloramiento– y está en La Coruña, donde ves cosas que aquí ya no hay. En Galicia sigue habiendo bosques de macroalgas y erizos. Conforme te alejas de La Coruña el efecto es menor. Sobre los afloramientos hay debate.

–¿Por qué?

–En un escenario de cambio climático mucha gente piensa que los afloramientos de agua fría se van a intensificar, frente a la subida de la temperatura. Existe una posibilidad de que ciertas zonas puedan servir como refugio de muchas especies, más propias de aguas frías, que antes eran comunes, y que desaparecieron de las zonas marginales. Por eso requieren algún tipo de protección.

–Dicen que este año los bonitos se están desplazando a más profundidad. ¿Por qué?

–Los bonitos siguen zonas con la misma temperatura. Con el cambio climático, que calienta las aguas, están migrando hacia el norte. Eso sucede también en vertical y por eso pueden desplazarse a más profundidad

–¿Cómo empezó lo suyo con el mar?

–De críu, pescando en el Pedreru. A caña, pulpos, llámpares... También me gustaban las aves y coleccionaba plumas. Cuando me decidí por la biología me empezó a llamar la atención esa idea típica de la ecología de que se puede llegar a modelar, mediante ecuaciones matemáticas, el funcionamiento de los sistemas. Eso me canalizó hacia la ecología.

–¿Qué es el plancton gelatinoso, un campo de su trabajo?

–Son cuerpos con mucho contenido en agua. Las más conocidas, las medusas, pero hay otros más raros: ctenóforos, salpas, apendicularias. Son animales tan frágiles que el estudio de su papel se relegó respecto a los peces y crustáceos, más fáciles de manejar y estudiar. Es un hallazgo reciente que tienen un papel importante en los océanos. Sus poblaciones oscilan de forma poco predecible. Proliferan y desaparecen rápidamente.

–¿Por qué?

–Son oportunistas. No se preparan para el futuro, no acumulan reservas ni tienen formas de resistencia, van a pecho descubierto. Si todo va bien, crecen explosivamente; si no, desastre total. Hutchinson lo llamaba “la estrategia de los fugitivos”. La mayoría de sus hijos mueren, pero algunos encuentran otros sitios donde reproducirse. Escanean mucho mar en un tiempo hasta encontrar condiciones favorables.

–¿Por qué le interesaron?

–Cuando acabé la carrera buscaba la forma de trabajar en ecología y había un proyecto en el que tuve una oportunidad. Me dijeron que eligiera con qué organismos quieres trabajar. Los más conocidos ya estaban cogidos y de lo que quedaba lo que más gracia me hizo fueron las apendicularias, que son lo más parecido a un alienígena que hay, en el sentido de que no tienen nada que ver con lo antropomorfo.

–Usted trabajó en el Ártico.

–Hice el posdoctorado en Terranova, en un proyecto internacional para estudiar la polínea de noreste de Groenlandia.

–¿Qué es una polínea?

–Una zona rodeada de hielo pero descubierta. La idea era estudiar su ecología como modelo para el futuro cuando ya no haya hielo en el Ártico. Fui en 1994 y a otra polínea en 1998. Viajas en rompehielos, son campañas de tres meses y de trabajo muy intenso, día y noche.

–Trabajaban hace 30 años en lo que está al llegar.

–La capa de hielo del Ártico tiene los años contados. En las zonas centrales del Ártico tienes hielos que tiene hasta 4 años de edad y sobre ese hielo se acumula más de diferentes edades. Ahora el Ártico tiene un hielo cada vez más nuevo y fino, más gris y menos blanco. Eso conecta toda la naturaleza, nuestro sistema de soporte vital. El proyecto era muy ambicioso e interdisciplinar, con microbiólogos, antropólogos, especialistas en osos polares y en plancton. Se valoraba desde los organismos que viven bajo el hielo donde penetra algo de luz y se alimentan de algas a las consecuencias que tiene para la capacidad del mar de retirar CO2 atmosférico.

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