Entrevista | Mauro Guillén Rodríguez Economista y sociólogo

"Estamos abocando a la gente a que se jubile para no hacer nada ni ser útiles a la sociedad"

"Las empresas no saben crear puestos atractivos para la gente y un trabajador suele acabar aburrido o escaqueado"

Mauro Guillén.|  | LUISMA MURIAS

Mauro Guillén.| | LUISMA MURIAS / A. Rubiera

A. Rubiera

A. Rubiera

El sociólogo y economista Mauro Guillén Rodríguez (León, 1964), vicedecano del Programa MBA de Formación de Ejecutivos de la Wharton School de la Universidad de Pensilvania, la escuela de negocios más antigua del mundo, es uno de los docentes españoles más reputados en el mundo anglosajón. Y de los más solicitados como conferenciante por sus análisis –que suele preñar de ideas provocadoras– sobre todo lo que tenga que ver con el proceso de internacionalización de la empresa y del mundo económico, los efectos de la globalización en los patrones de organización y de la sociedad, así como en la difusión de las innovaciones y las crisis.

Formado en Economía Política por la Universidad de Oviedo y doctor en Sociología por la de Yale, participa en grupos asesores del Foro Económico Mundial y desde hace años pertenece al Patronato de la Fundación Princesa de Asturias, a cuya presidencia fue aupado por aclamación, pero a la que tuvo que renunciar sin llegar a ejercer por motivos personales. Acaba de ser nombrado socio de honor 2023 de Compromiso Asturias XXI, un reconocimiento que se le entregará el próximo 22 de diciembre.

Autor y coautor de numerosos libros, entre ellos "Santander. El banco", "Una nueva época: los grandes retos del siglo XXI" o "2030. Viajando hacia el fin del mundo tal y como lo conocemos", hace poco veía la luz su último trabajo. "The Perennials: The Megatrends Creating a Postgenerational Society", un texto que se espera que pronto pueda estar disponible en español.

–¿Quiénes o qué son los "perennials"?

–En español son los "perennes". Son personas que no piensan ni tampoco actúan de acuerdo con su edad. Es decir, que se sienten liberados de la camisa de fuerza que supone la edad, esa que dice que solo puedes aprender cuando tienes cierta edad o trabajar a cierta edad o dedicarte al ocio cuando tienes cierta edad.

–La tiranía del edadismo.

–Hubo dos inventos muy importantes en el siglo XIX: el primero, el de la escolarización universal; y el segundo, el de las pensiones por parte del Estado, que es una incitativa alemana. Esos dos inventos dividieron la vida en cuatro etapas: la del juego cuando somos pequeños; luego llega la etapa de la escuela y la formación, donde se nos dice "aprende todo lo que puedas porque es la única oportunidad que vas a tener de ir a la escuela"; luego está la etapa del trabajo, en el que la mayoría de la gente hace algo obligado y sin que le guste, pero en la que te convencen de que aunque no te guste lo que haces, tienes que trabajar para llegar al premio de la jubilación. Esa sería la cuarta etapa. Es un modelo que, contado así, a estas alturas de la película parece irracional, pero es real y es así de absurdo.

–Juego-Formación-Trabajo-Jubilación... Su teoría es que nos hemos instalado en el absurdo. De ahí lo de apelar a los perennes.

–Además de absurdo tiene otra característica: han pasado 150 años desde que se inventó ese modelo y está totalmente obsoleto. Ni las empresas quieren eso ahora, ni vivimos por término medio 50 años –que era lo que vivíamos en el siglo XIX– sino que vivimos de media 80 años. La tecnología cambia todo tan rápido que no puedes aprenderlo todo cuando eres joven asumiendo que ese conocimiento te va a durar toda la vida. Vivimos un universo absurdo y con planteamientos de vida del siglo XIX.

–Empiece abriendo el melón de la jubilación.

–No tiene ningún sentido. Lo tenía cuando la mayor parte de la gente trabajaba en ocupaciones manuales y por meras cuestiones físicas ya no podían seguir trabajando a partir de cierta edad. Por eso precisamente se inventaron las pensiones. En países como España se obliga a la gente a que se jubile, incluso algunos optan por acogerse a las prejubilaciones. ¿Qué pasa entonces? Pues que lo normal es que la gente cuando se jubila ve más televisión, lo peor que puedes hacer con tu vida. Es una actividad pasiva que acelera tu declive cognitivo y tu declive físico. Otro gran problema asociado a la jubilación es el aburrimiento y, peor que eso, el aislamiento social. Estamos abocando a la gente a que se jubile obligatoriamente para no hacer nada ni ser útiles a la sociedad, y muchos lo pasan muy mal en la jubilación.

–¿Obligaría a los trabajadores a seguir indefinidamente?

"Los perennes son quienes no piensan ni actúan de acuerdo con su edad; se han liberado de esa camisa de fuerza de hacerlo todo en función de la edad"

–No quiero obligar a nadie, pero hay que dar otras opciones. Sobre todo, ahora que vivimos, de media, 25 años más de la edad en que nos jubilamos y no 5 o 6 años más, como ocurría antes. Planteo otro problema: una persona de 65 años hoy está en mejor forma física y mental que quien tenía 65 años hace medio siglo. Mi padre se prejubiló y yo, que tengo prácticamente su edad, estoy en infinita mejor forma física y metal de lo que estaba él... ¿Cuál es la consecuencia de todo esto que voy describiendo? Que tenemos un sistema de pensiones al borde de la bancarrota. No hay suficiente dinero en la hucha. Toca replanteárselo. A esos que a los 62 años piensan en la jubilación lo que hay que decirles es: ¡ni hablar!, busca algo que te guste, fórmate y empléate.

–No sé muy quién va a mirar con buenos ojos su teoría. En Francia salieron a la calle.

–Eso es por la inercia, y esa es difícil de parar. Llevamos 140 años con este sistema. Pero cuando en Alemania se implantó la pensión se le ofrecía a los trabajadores a los 62 años, cuando la esperanza de vida de un varón alemán en aquel momento era de 51 años. Ahí tenía todo el sentido; ahora, nada.

–¿Cuál es el absurdo de la organización laboral actual?

–Lo que pasa en la vida laboral es que a muchísima gente no le gusta su trabajo; y las empresas en cuanto tienen un empleado de 50 años ya empiezan a buscar maneras de desprenderse de él, por mucho que un trabajador de 50 años de hoy tenga mucha vida por delante. Tiene que cambiar la mentalidad de las empresas.

–Siga por la concepción de la infancia y la juventud.

–Hay varias cosas sobre las que reflexionar. La primera es muy clara: tenemos tan pocos hijos que a los que hay les prestamos demasiada atención. Estamos obsesionados con los hijos. Eso nos lleva, por ejemplo, a que ya desde los 18 años –o antes– empezamos a presionarles con la cantinela de "a ver cuándo decides qué quieres hacer con tu vida, qué quieres estudiar, a qué quieres dedicarte...". Les metemos mucha presión, mucho estrés, y así estamos. El porcentaje de jóvenes con diagnóstico de enfermedad mental sigue subiendo. ¿Cómo es posible que le estemos diciendo eso si igual en cinco años esa ocupación que decide hoy ya no existe porque la tecnología lo ha cambiado?

–Y llega al absurdo de la formación.

–El absurdo es de tal calibre... Lo que deberíamos estar planteándonos es cómo hacer para que el aprendizaje sea a lo largo de toda la vida. El sistema educativo tampoco está dando respuesta a esa realidad. Tampoco está preparado, ya que es un sistema que, como casi todos, nos clasifica por edad y luego nos segrega. Un ejemplo muy evidente son las becas de posgrado en España que, sean públicas o de fundaciones privadas, solo son para gente joven, para licenciados en los últimos cinco años. Y eso no tiene ningún sentido.

–¿A quién se las daría?

–Socialmente, a esos trabajadores de 50 años deberíamos estar dándoles dinero para que aprendan otra cosa y puedan trabajar muchos años más en algo que les guste. El sistema con el que nos manejamos estaba bien para el siglo XIX, no para el XXI.

–Tantos análisis sobre el envejecimiento de la sociedad española, ¿han servido para algo además de para hacer gráficos con la pirámide invertida?

–No se ha hecho nada. El envejecimiento se está produciendo por dos motivos completamente distintos: uno, que hace 50 años nacieron muchas más personas de las que nacen hoy, y otro, porque los de vivimos hoy, lo hacemos por término medio muchísimo más que hace 50 años. Son distintas causas pero es la segunda la más problemática.

–¿Cuántas veces habrá oído eso de que en España si no jubilamos a la gente mayor no habrá trabajo para los jóvenes?

–Ese es el problema, esa forma de pensar. Lo que hay que hacer es crear las condiciones para que haya más inversiones y se creen puestos de trabajo para los jóvenes, los viejos y los de cualquier edad.

–¿Se está minusvalorando mucho la experiencia?

–Sí, las empresas no saben crear puestos de trabajo atractivos para la gente. De tal manera que la gente acaba aburrida o acaba por querer escaquearse. Pero hay muchos estudios que demuestran que los trabajos en equipo con perfiles diversos tienen mayor productividad y mayor creatividad. Ahora, si me deja, voy a plantear una provocación.

–Vamos con la provocación.

–El problema en España con todos estos temas es el IBEX-35. Las empresas que están en el IBEX-35 son las mismas prácticamente que las que estaban hace 40 años.

–¿Y eso es español?

–Si vas a Reino Unido o EE.UU., con mercados más dinámicos, eso no pasa. Las españolas son empresas que no están acostumbradas a competir porque tienen posiciones de mercado dominantes. Como no compiten, tampoco se rompen la cabeza para ver cómo manejar mejor sus recursos humanos. Así que son las primeras que empiezan a prejubilar a gente. Como son empleadores tan grandes dentro del mercado de trabajo en España, son quienes marcan el paso al resto. No cambian su mentalidad y así seguimos: forzando a los jóvenes a tomar decisiones imposibles de tomar, forzando a la gente a prejubilarse o jubilarse, y fastidiando a todos los que están en puestos de trabajo que odian.

–¿Tan sobrevalorado tenemos el retiro?

–Claro, pero todo surge porque nos pasamos la vida trabajando en algo que no nos gusta y lo que nos dicen es "ya llegará la jubilación". Y añado otro problema: ¿por qué a los jubilados les reducimos el precio de las cosas, las hacemos gratis el transporte, les subvencionamos las vacaciones...? Esas ayudas deberían ser para que se sigan formando y puedan volver al mercado laboral.

–Según todo eso, en Asturias la pérdida es enorme.

–De todas las regiones donde el sistema en vigor está haciendo más daño, a quien hunde más que a nadie esta realidad, es a Asturias. Porque, insisto, los incentivos están al revés. No te gastes dinero en darles cosas gratis a los jubilados, gástalo en que gente de cualquier edad siga aprendiendo.

–Con los "perennes" va a contracorriente, porque ahora lo que manda es definirnos según seas Generación X, generación Z, millennial...

–Esa es otra historia que está más allá del absurdo. Las generaciones son invenciones que nos hemos hecho. No existen. Las clasificaciones son arbitrarias y, además, asumimos que los miembros de un mismo grupo son todos iguales y tienen las mismas aspiraciones. Pero es que entre los milenarios, por no ir más lejos, puede haber gente con título universitario y los que no tienen ni la Secundaria. ¿Cuál es el número de hijos medios de una española con título universitario? Uno. ¿Y el número de hijos de un milenario que no tiene título de Secundaria? Pues tres. Esas clasificaciones son una simplificación que solo sirven para confundir. Va siendo hora de abandonar ese tipo de discurso. Me gustaría poner otro par de problemas sobre la mesa. ¿Me deja?

–Por supuesto. Más polémica.

–El principal problema de este sistema que no hemos podido aún abandonar se genera para las mujeres. Porque es un sistema creado para hombres, ya que era quien llevaba el dinero al hogar y ni se inmutaba cuando nacían los niños, porque la crianza no recaía sobre ellos. Este sistema no le viene bien a las mujeres porque igual una mujer trabajadora querría poder interrumpir su vida laboral un par de años y luego volver o, antes de volver, permitirse ir a la universidad y volver luego... Pero no hay ayudas para eso, ni se dan becas a las mujeres de más de 40 años.

–¿Por dónde empezaría con el cambio?

–Tienen que cambiar las políticas públicas, la legislación , y las empresas; y también las universidades. Si no, el problema es que nos quedaremos detrás porque en los países emergentes no tienen estas rigideces que tenemos nosotros. En el siglo XXI, con el cambio tecnológico, nos vamos a quedar completamente rezagados.

–¿Hay problemas y soluciones en su libro? ¿O solo ha querido mover la silla de pensar?

–Si estamos convencidos de que la economía del siglo XXI es la economía del conocimiento, entonces el sistema que tenemos no es el mejor para eso. Pero que no nos quepa duda de que habrá alguien en el mundo que empezará a cambiar las cosas y a esos les va a ir muchísimo mejor. Al final yo creo en el mercado y en la competencia, porque es lo que lo cambia todo. Y estamos en un mercado global muy competitivo que impone su ley. Y si no lo terminamos de aceptar nos irá mal.