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Los males de Jarrio: turnos rígidos, contratos mejorables y poca “mano izquierda” en la gestión

“Falta interés por cuidar a la gente que viene, no hay ningún incentivo ni talante negociador”, lamentan los facultativos del hospital coañés

Cartel en la entrada del complejo hospitalario coañés. | T. Cascudo

¿Por qué a Jarrio le cuesta más que a otros hospitales periféricos resultar atractivo para los facultativos? Es la pregunta que los vecinos del Noroccidente se hacen a menudo, cansados de sufrir el aplazamiento de consultas y la demora en las operaciones por la estrechez de la plantilla, agravada en la última década. Que los médicos escasean es una realidad compartida y padecida por toda la red hospitalaria, pero no afecta por igual a todos los centros.

La pregunta sobre qué pasa en Jarrio la responden una decena de sanitarios consultados por este periódico. Entre la variedad de causas que exponen, destacan tres: contratos poco atractivos, entre otras cosas, por la rigidez en la gestión de los turnos; la falta de una correcta planificación en las ofertas públicas de empleo y los concursos de traslados, lo que limita la movilidad de los profesionales; y la necesidad de más mano izquierda y talante negociador por parte de los responsables del Área Sanitaria I.

“El de Cangas del Narcea es un hospital comarcal igual que Jarrio y de allí muy poca gente quiere marchar. Les dan muchas facilidades para conciliar y agrupar horas, digamos que hay más flexibilidad para organizar la jornada frente a la rigidez que tenemos aquí”, dice un facultativo del centro coañés. “Hay cierto maltrato al profesional. Se pretente que un facultativo haga el trabajo de dos, se aprieta en exceso las consultas y eso genera sobrecarga. Además, los contratos, aunque van mejorando, fueron históricamente bastante rácanos”, añade.

Usuarios en la puerta principal del Hospital de Jarrio esta semana. | T. Cascudo

Otro veterano del centro coañés abunda en la idea de que “falta interés para cuidar a la gente que viene”. Refiere las carencias en áreas como Anestesia, donde faltan dos de los siete profesionales del servicio. O en Cardiología, donde se cubre con el desplazamiento de médicos de otras áreas para atender solo las consultas. Cita también Anatomía Patológica, donde un solo profesional se ocupa de todas las pruebas. “La gente está bastante quemada”, señala, al tiempo que tiene poca confianza en el plan a tres años recién anunciado por Salud para impulsar Jarrio. “Hicieron otro hace cuatro años que era mejor y no se cumplió. Este lo veo bastante amorfo, papel mojado”, añade.

Un facultativo con años de experiencia en Jarrio considera que el problema “es que los contratos no aportan ninguna ventaja sobre los que te ofrecen en un hospital del centro”, así que ve normal que los profesionales recién formados elijan otros a priori más atractivos. Admite, como sus compañeros, que quizás otros periféricos “facilitan un calendario de trabajo donde los servicios se organizan mejor”, si bien subraya que hay más carga de trabajo en Jarrio.

Este médico, que se confiesa “encantado” en el hospital coañés, entiende que hace falta una oferta pública de empleo más amplia y competitiva, para impedir cosas como que una plaza tarde tres años en resolverse.

Esta última valoración la suscribe un histórico del centro, ya jubilado: “La principal razón de no elegir Jarrio es la inestabilidad en el empleo. Que las ofertas públicas de empleo se demoren tanto repercute decisivamente en que la gente quiera venir. Hacen falta más frecuentes y programadas, que no dependan de los cambios políticos. Si acabas de formarte y optas a una vacante en Jarrio sin saber cuándo tendrás posibilidad de desplazarte, te obligan a cogerla sin expectativas”. Opina que los contratos en los periféricos deben tener incentivos adicionales. Y recuerda la “ilusión” de los primeros años en Jarrio –abrió en 1989– y lo que se volcaron aquellos gerentes que estaban “todo el día en los pasillos”.

Sobre esta idea redunda un profesional de la Atención Primaria, que lamenta que la falta de planificación dejara a Jarrio descabezado, tras la jubilación de los médicos referentes. “De un hospital en el que se estaba a gusto y había una camaradería grande, hemos pasado a uno desangelado, falta equipo. Encima, hubo gente que se marchó a malas y eso lo cuenta y no atrae a la gente. Si tú tienes un contrato atractivo y la gerencia te cuida, estás a gusto. Pero si eso no pasa y encima tienes sitios donde elegir... Hay trabajo más cómodo y profesionalmente más atractivo”, dice.

Los problemas no son exclusivos de los médicos, sino que también el personal de enfermería se queja de condiciones “de precaridedad total, con contratos cortos que te impiden saber si vas a seguir trabajando”. Lamentan los continuos cambios en los turnos, que provocan “una conciliación familiar imposible” y que “solo las personas arraigadas en el occidente aguanten aquí”.

Todos los tesimonios aportados por personal hablan de problemas que se solucionan con voluntad política para afrontar una mejor gestión de los recursos. Con esa idea coinciden tanto la plataforma “Salvemos nuestro hospital”, ligada al PP, como la asociación vecinal “Todos somos Jarrio”. La presidenta de esta última, Mar Villanueva, considera que esta situación y las continuas quejas de los usuarios están provocando un “desgaste emocional grande” en la plantilla de Jarrio. Por eso, ve fundamental su lucha para conseguir una plantilla al cien por cien. “Esto se puede solucionar, pero tienen que querer hacerlo”, apunta.

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