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“Es una pena que el movimiento acabe así”, dicen las fundadoras de “Todos somos Jarrio”

El colectivo social queda descabezado tras sumarse a la dimisión de la presidenta la de las otras dos personas que seguían en la directiva

La manifestación celebrada el pasado noviembre en Oviedo para exigir más recursos para el Hospital Comarcal de Jarrio. | Fernando Rodríguez

“Es una pena que algo que nació tan grande y por una causa tan necesaria acabe así”. Lo dicen parte de las socias fundadores de la plataforma “Todos somos Jarrio”, colectivo que exige más recursos para el hospital comarcal del Noroccidente y que, ahora, se queda sin liderazgo al dimitir su presidenta, Mar Villanueva, y los otros dos miembros de la junta directiva.

Josefa Martínez, socia fundadora, se unió al movimiento pronto, pero se fue por su propio pie cinco meses después. Lo mismo ocurrió con Mónica Pérez. Ambas relatan a La NUEVA ESPAÑA que se marcharon “cuando vimos que no había libertad de expresión, por decirlo de algún modo”. Pese a todo, “no tenemos nada malo que decir de nadie y también creemos que las cosas internas deben ser eso, internas”, detallan.

Mónica Pérez comenta, en todo caso, que la relación en el seno de la directiva era “tensa” desde hacía meses, algo que se percibía en los comentarios de las redes sociales. “Al final, no es serio decir determinadas cosas de cualquier forma en un perfil público, los seguidores de la plataforma estaban hasta pendientes de estas trifulcas y no me gustaba”, lamenta Pérez.

Otras tres personas que estuvieron en la junta directiva –Charo Vijande, Patricia Rodríguez y María Antonia Martín– fueron expulsadas por verter acusaciones graves contra la presidenta y ser “desleales a los estatutos”. La decisión se tomó el pasado diciembre.

La tensión, según las fundadoras de la asociación, se palpaba en las redes sociales: “No era serio”

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Según pudo saber este diario, antes de esa fecha las mismas socias se habían distanciado de la presidenta. Hubo un nuevo encuentro para sellar la paz, pero semanas más tarde volvieron los enfrentamientos y la tensión, lo que acabó en la expulsión. Las mismas personas llegaron a elaborar un escrito en diciembre en el que advertían de prácticas “antidemocráticas” por parte de la líder del movimiento y apuntaban a una presunta captación de fondos opacos. “La ciudadanía ha de ser conocedora de que la asociación ‘Todos somos Jarrio’ no responde a los fines honestos que todos creíamos que perseguía; se trata de una asociación con un funcionamiento antidemocrático y que únicamente responde a intereses personales, en la que se menosprecia a toda aquella persona que demuestra mayor capacidad de trabajo o que manifiesta disconformidad con la presidencia”, rezaba el escrito que llegaron a difundir estas socias.

La organización del recorrido de los autocares que desplazaron a muchas personas del Occidente a la manifestación celebrada el pasado noviembre en Oviedo también generó polémica. Algunas de las socias “activas”, como se definían, apostaban por hacer más paradas, algo a lo que la presidenta se negó por razones logísticas y económicas.

La ya expresidenta, Mar Villanueva, rechaza hacer más declaraciones sobre su marcha y las discrepancias internas. Sí lo hace la tesorera, María Isabel Coto, quien lamenta la situación y confirma también su dimisión. “Todo queda en manos de los socios, que tendrán que decidir qué desean hacer en una asamblea general”, cuenta. Coto asegura que lo que se hizo hasta la fecha “fue con la mejor voluntad” y defiende a Mar Villanueva, “una persona que se dejó mucho por este movimiento”. Como las socias fundadoras, muestra su “pena” por la crisis que afronta el colectivo y duda de su futuro. “No es bueno para nadie que pase esto, tampoco para el hospital”, dice. Con ella también renuncia a su puesto el marido de Mar Villanueva, quien formaba parte de la junta directiva tras la marcha de otras socias fundadoras. El movimiento que logró inversiones para Jarrio agoniza.

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