Opinión | El rompecabezas
Natalia Menéndez Poeta y profesora
Vamos a la playa
n Las ordenanzas municipales imponen cada vez más restricciones a los usuarios de los arenales
Si creía que llegado el verano podría disfrutar con total libertad de un día de playa, sepa que nuestra libertad termina donde comienza la de los demás. Seguro que a usted le molestan ciertos comportamientos playeros que achaca a falta de educación, sin embargo es muy posible que algunos de ellos ya estén reflejados en la ordenanza municipal correspondiente y sean objeto de sanción. Se acabó, por ejemplo, lo de aguantar la música estridente del vecino de toalla, los radiocassettes a un volumen molesto o los instrumentos musicales están prohibidos en muchas playas españolas. Algunos opinan que se trata de afán recaudatorio de los ayuntamientos en tiempos de crisis, y otros respiran aliviados por la tranquilidad que se avecina.
En las playas de Levante ya no vale lo de madrugar para clavar la sombrilla y coger sitio antes de las 8 de la mañana, entre 150 y 750 euros puede costarle la «reserva». Benidorm ha restringido la ocupación nocturna de la arena como un preventivo hacia los «botellones», el sexo está prohibido en una playa de Gerona (se deduce que ésta es una práctica habitual), no está permitido utilizar gel y champú, o lavar utensilios de cocina en las duchas públicas, la venta ambulante, los animales o hacer sus necesidades entre las rocas o en el agua. En algunas playas no obedecer la indicación de bandera roja puede acarrear multas de hasta 3.000 euros.
En Asturias muchas playas coinciden en sus restricciones. En Gozón también se prohíbe la música alta, Ribadesella ha decidido otorgar más poder a los socorristas, mientras Llanes prepara su ordenanza para 2010. En Villaviciosa el año pasado dos madrileños fueron sancionados con 751 euros por bañarse en la playa de Rodiles con bandera roja. La cosa está que arde tras la insurrección de los bañistas de la playa de los Quebrantos, ya que algunos no están dispuestos a aceptar ciertas restricciones, aunque se impongan por nuestro propio beneficio.
Las vacaciones pueden salir muy caras, así que antes de partir rumbo a la playa hay que informarse para evitar multas y trifulcas innecesarias, y dejar en casa la guitarra, el perro, la camping-gas, el alcohol (salvo la lata de cerveza) o el balón, ya que los partidos de fútbol no están permitidos en muchos puntos de la costa, para alivio de los que, como yo, somos un imán para balones escapados. Así que ahora que vamos a ir más ligeros de equipaje, no será raro que cualquier día tengamos que llevarnos en la mochila una pequeña parcela con nuestra propia arena, si la naturaleza o la dejadez sigue empeñada en arrebatársela a nuestras playas.
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