Opinión
Xavier Domènech
Periódicos necesarios
Los ataques del presidente de Ecuador a la prensa independiente
Nos llega una nueva buena razón para defender con uñas y dientes los periódicos impresos: saber que gobernantes como el presidente de Ecuador, Rafael Correa, querrían verlos desaparecer. Cuando el poder intenta eliminar alguna rama de la comunicación pública cabe deducir que dicha rama es especialmente necesaria para la salud de la sociedad y de la democracia.
Escribió Correa en Twitter (la boca por la que mueren tantos peces locuaces): «Ahora los mayores "ecologistas" son los diarios mercantilistas. Bueno, si vamos a consulta popular propondremos también diarios solamente digitales para ahorrar papel y evitar tanta tala indiscriminada de árboles. No se dejen engañar». La cosa viene a cuenta de las críticas a la explotación petrolera del parque nacional de Yasuni. Al parecer, Correa no ha oído nunca hablar de la silvicultura, actividad que permite obtener madera sin estropear ningún bosque. Da lo mismo: con su tuit (escribe primero, piensa después) el presidente ecuatoriano descubre su pensamiento profundo sobre la prensa: un estorbo que le impide gobernar a su gusto. Pues se trata justamente de eso, usted disculpe.
Viene como anillo al dedo una frase célebre de Tomas Jefferson, que fue tercer presidente de los Estados Unidos: «Si me dejaran a mí decidir si debemos tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no vacilaría un instante en preferir lo último». Con periódicos aunque sin gobierno instituido, los ciudadanos pueden tomar decisiones bien informadas y organizarse para ejecutarlas. Con gobierno pero sin periódicos, la democracia deviene improbable y el mando, tiránico.
O, como dijo el argentino Horacio Verbitsky, «periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda». A Correa no le gusta que los periódicos difundan las críticas de las ONG medioambientales al proyecto de explotación petrolífera en la Amazonia ecuatoriana. Tendrá que aguantarse. Y en último término, cumplir su amenaza le iba a servir de poco, porque a la información le es aplicable el aviso de Jesús a los fariseos que el domingo de Ramos le pedían que acallara a sus discípulos: «Os digo que si estos callan hablarán las piedras» (Lc 19, 40).