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Millas

EL TRASLUZ

Juan José Millás

La salida del sol

Llevo dentro de mí un hombrecillo del tiempo que acaba de anunciarme la llegada de una borrasca, en forma de neuralgia, que penetrará por mi sien izquierda y se extenderá al paso de las horas por la zona occidental de mi cabeza. Es lo que vengo llamando, desde joven, la

Si mi rostro fuera el mapa de España, las neuralgias entrarían siempre por Galicia. Significa que el dolor empieza allí, en Galicia, y a veces se extiende por el resto de la península y a veces no. Depende los vientos que las conducen caprichosamente hacia Extremadura o Castilla. Extremadura, en mi caso, es el lado izquierdo de la faringe. Padezco de neuralgias faríngeas que se manifiestan como un reflejo de las del ojo de ese lado. Y bien, yo continúo trabajando a pesar de todo. Resisto como una torre asediada por una tormenta eléctrica, como un mástil incendiado por los rayos, resisto como veía resistir a mi madre, de la que heredé estos temporales físicos, en la cocina de su casa, llevándose de vez en cuando la palma de la mano al ojo, como para que no se le saliera de la órbita.

Finalmente, acudo, rendido, al botiquín e ingiero un par de analgésicos cuyos efectos secundarios, según el prospecto, me podrían matar. De hecho, matan a un porcentaje equis de sus usuarios. Moriría con gusto, créanme. Tras la ingestión, vuelvo a la mesa de trabajo, echo hacia atrás el respaldo de la silla y asisto, con los ojos cerrados, a la salida del sol dentro de mi cabeza.

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