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Elena Fernández-Pello

Una alegoría trans

Las hermanas Wachowski y su particular “Matrix”

Lana Wachowski, con su hermano Andrew Paul, antes de iniciar su transición de género y convertirse en Lilly. | Chicago Tribune

Lana Wachowski, con su hermano Andrew Paul, antes de iniciar su transición de género y convertirse en Lilly. | Chicago Tribune

Hace más de 20 años del estreno de “Matrix”, una película de ciencia ficción con trasfondo filosófico, que ha dado pie a un sinfín de teorías e interpretaciones. Que si una actualización del mito de la caverna de Platón, que si la versión moderna de la hipótesis del genio maligno de Descartes, que si un desarrollo cinematográfico del existencialismo de Sartre, que si Marx, Nietzsche o Baudrillard. Todo eso han visto en su argumento, tan enredado, tan oscuro y a la vez tan abierto a cualquier lectura. “Matrix”, sobre todo la primera entrega de la trilogía, revolucionó el género, acabó ingresando en la categoría de cine de culto y nos ha mantenido intrigados con su significado oculto durante un par de décadas. Hasta que el verano pasado Lilly Wachowski acabó con el enigma y reveló que “Matrix” trata, ni más ni menos, sobre ser una persona transgénero.

Lilly y su hermana Lana son las mentes que idearon el universo de “Matrix”, lleno de incongruencias y sinsentidos, de una realidad que es ensoñación y de la que los protagonistas intentan escapar cuando llegan a una suerte de iluminación. Hay que despertar, hay que rebelarse, hay que romper las cadenas y adquirir una nueva identidad, la auténtica. Es un proceso doloroso, una lucha, y una vez revelado el camino no hay vuelta atrás.

Eso debe ser lo que, con toda seguridad, habrán tenido que enfrentar las Wachowski, que cuando empezaron con “Matrix” no eran las hermanas, sino los hermanos Wachowski.

Lana Wachowski, con su hermano Andrew Paul, antes de iniciar su transición

Laurence Wachowski y su hermano pequeño Andrew Paul nacieron en la década de los 60, en Chicago, y con esos nombres y su concordante aspecto masculino atravesaron la mayor parte de sus vidas, atrapados en su propia “Matrix”. Se ganaban la vida con una carpintería pero lo que les gustaba era contar historias. Empezaron a hacerlo dibujando cómics, y así contando y contando acabaron haciéndolo sobre una pantalla y recreando sobre ella una metáfora de sus propias vidas.

Con el cambio de milenio empezó a rumorearse que Laurence, Larry como solían llamarle, andaba por ahí vestido de mujer y luego se supo que había emprendido el proceso de transición de género.

En 2002, Larry había desaparecido y cuando reunió la suficiente valentía se presentó públicamente como Lana. Algunos años después su hermano pequeño emprendería la transición, hasta renacer como Lilly.

Tras escapar de su particular “Matrix”, Lana y Lilly dieron un paso más y se atrevieron a hablar de la dureza del viaje que tuvieron que afrontar hasta liberarse. Lana, en un discurso en una gala benéfica a favor de los derechos humanos, reveló que, cuando era adolescente, estuvo a punto de suicidarse saltando a las vías al paso del tren, que en el colegio una monja le dio una paliza como correctivo por empeñarse en permanecer en el grupo de las chicas. Habló de sus periodos de aislamiento, de su insomnio, de sus crisis de ansiedad y finalmente de una caída abismal en la depresión.

“Cuando era joven quería ser escritora sobre todas las cosas, quería ser cineasta, pero no pude encontrar a nadie como yo en el mundo y sentí que mis sueños se habían cancelado”, reconoció públicamente Lana Wachowski. Sabe que como ella, muchos otros jóvenes y sus familias y amigos se enfrentan a una realidad endemoniada, en la que no tienen manera de manejarse y que ni entienden ni son capaces de hacer entender.

A lo largo de su vida, atrapada en aquella pesadilla, Lana no encontró un espejo en el que mirarse, un igual, y se sintió profundamente sola. Encontró la liberación a una edad madura y ahora, al compartir sus vivencias, dice querer ofrecer una referencia a los que transitan por ese páramo: “Si puedo ser esa persona para otra persona, entonces el sacrificio de mi vida cívica privada puede tener valor”.

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