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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Barbón es humano

En medio de los rigores de la pandemia, muchos asturianos se encomiendan con fervor a la Santina; Barbón, sin embargo, tal vez por su condición de mandamás territorial de un Estado aconfesional, prefiere elevar sus súplicas a quienes le precedieron en el cargo. Debe de ser que el Palacio de Presidencia, que el viernes conmemoró las bodas de oro de su reforma con quince años de antelación, en lugar de santos con estampitas mantiene en la peana los retratos de los expresidentes del Principado, los cuales a partir de ahora, póstumos y supervivientes, recibirán tratamiento perpetuo de presidentes por “cortesía institucional”, Barbón dixit.

En su discurso de celebración de 35 años de palacio, el de Laviana se confesó: en los peores momentos de la zozobra sanitaria, “incluso yo me venía abajo”, explicó a un reducido y selecto auditorio el Presidente, que como se puede comprobar por el contenido de sus frases es terrenal y humano. No se trata de una divinidad omnipresente y plenipotenciaria, condición que en su partido está reservada a Pedro Sánchez, que ni siente ni padece, y en cuya iglesia al más elevado rango que se puede aspirar es al anillo del episcopado.

Según su propio relato, cuando peor venían dadas las acometidas del virus, Barbón encontraba consuelo y “fuerzas para salir adelante” en la biografía de los anteriores ocupantes del despacho presidencial, “sancta sanctorum” que desde el viernes pasado lleva el nombre de Pedro de Silva, integrante de lo que el ilustre abogado y escritor prolífico bautizó en el mismo acto como “el club de los jarrones chinos”. Bien traído por De Silva el símil oriental, si se reconoce que Barbón preside un Gobierno inane de soldados de terracota.

Ahora que sabemos que el presidente del Principado enciende lamparillas a sus predecesores, delimite cada cual a quiénes de aquellos alumbra con velas negras y a quiénes solicita consejo espiritual y auxilio con plegarias de cirio pascual.

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