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Fernando Granda

Cartas cargadas, clarines en la reserva

El peligro colectivo de las amenazas a los políticos

Las cartas y los whatsapps los carga el diablo. Con balas de fusil o con navajas. Más que a las escopetas a pesar del dicho popular. Muchas veces desconoces si están o no descargadas, si las recibe una u otra persona, si lo envías a quien piensas. Aunque las recibidas por la directora de la Guardia Civil, los ministros y el candidato –y su familia– en las elecciones a la Comunidad de Madrid sí han llegado a su preciso destino. Pero el peligro no es solamente para el destinatario. Es para todos. Ya seas militar, smarphonista o cazador.

“¡Ya viene el cortejo! / ¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines, / la espada se anuncia con vivo reflejo; / ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines”, decía Rubén Darío en su “Marcha triunfal”. Pero los versos del poeta nicaragüense pueden servir para reflejar muchas cosas. Por ejemplo, para llamar al levantamiento. A otro ”Alzamiento”. El de unas personas que vivieron cómodamente en un establecimiento que les permitía lo que les viniese en gana, mandando, sabiendo que no serían replicados, pensasen lo que pensasen sus subordinados. O quienes no opinan como ellos. Por ejemplo, para los rencorosos que ven peligrar sus privilegios, quienes no soportan la igualdad de derechos de la mujer, los inmigrantes o con distinta creencia.

Atención. Los cartuchos de Cetme no están al alcance de cualquiera. Son artículos militares que se guardan y cuentan a diario. Los whatsapps, cartas, manifiestos que se dicen en un grupo de exmandos castrenses, al igual que publicaciones curiosamente conmemorativas, nos muestran estas características mencionadas. Un pensamiento que parecía privado y oculto y unos peligrosos mensajes mostrados en un servidor ¿erróneamente? usado. Pero la carga sobrepasaba el soporte y se desparramó. ¿O fue intencionada su salida a la luz? ¿Es un cebo para lanzar la caña, el señuelo para descubrir la pieza, espejuelo para sondear al personal? Las recientes misivas cargadas lo desmienten. Las armas parecen preparadas.

La amenaza yo no es una quimera. Convendría recurrir a otro literato. Bertot Brecht reprodujo lo que parece fue una parábola de un clérigo luterano al contemplar la inacción de muchos intelectuales alemanes ante las barbaridades que cometían los nazis. Esta es la versión más extendida, que cuenta que, en el Museo Memorial del Holocausto inaugurado en 1993 en Whasington, tomando como base el informe de 1979 de la Comisión Presidencial del Holocausto establecida por Jimmy Carter, figura grabado este poema:

“Primero vinieron por los socialistas, / y yo no dije nada, porque yo no era socialista. / Luego vinieron por los sindicalistas, / y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista. / Luego vinieron por los judíos, / y yo no dije nada, porque yo no era judío. / Luego vinieron por mí, / y no quedó nadie para hablar por mí.”

Si el autor fue el pastor Martin Niemöller, el dramaturgo Bertolt Brecht lo popularizó y tras él vinieron más versiones que incluían otras tendencias, diversas profesiones o estamentos (comunistas, obreros, estudiantes, curas…) para alertar contra la indiferencia.

La política mundial está llena de recovecos, escondrijos e intereses. Entre lobbies, sectas, internacionales, intereses económicos, credos… surge lo que en principio parece una venial desavenencia pero que crece rápidamente y siembra la alarma porque lleva el marchamo de una tendencia que va sumando adeptos que amenazan la democracia. Ejemplos hubo y hay, los tenemos en los lugares más insospechados, donde la libertad democrática se asentaba firmemente, donde el populismo y el recorte de libertades parecían totalmente descartados.

No parece banal que tras largos meses de pandemia viral, con una política de enfrentamiento radical, con una oposición que intenta deslegitimar lo votado por los españoles, brote una nostálgica añoranza de una gobernanza que oprimió a todo un país durante casi cuarenta años. Que aproveche la debilidad de una jefatura casi autárquica, acosada por presuntas corruptelas y apoyada por una ultraderecha que reclama reprimir la democracia. Recientes encuestas no hacen sonar los clarines pero señalan el repunte de un peligroso radicalismo que propugna el negacionismo democrático.

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