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Herminio Huerta

Para cambiar

Herminio Huerta

Hay que ser valiente

La prometida reforma de la Administración regional

Al principio de la actual legislatura, el Presidente del Principado comunicó con cierta determinación que, entre las prioridades de su gobierno para ese periodo, incluía llevar a cabo la modernización de la Administración regional, para conseguir una Asturias que estuviera preparada para afrontar un futuro mas próspero e ilusionante. Recuerdo que, en estas mismas páginas, lo felicité por ese decidido y valeroso planteamiento.

Pues ya ven, han transcurrido dos años de esta legislatura y ni asomo de la reforma. Es más, por lo que veo, leo y oigo, tengo el convencimiento de que en vez de avanzar vamos retrocediendo pues, las relaciones de los ciudadanos con la Administración han perdido en eficiencia siendo cada vez mas complicadas, mas burocráticas y a veces desesperantes, como ocurre con los servicios de salud.

Soy consciente de que la pandemia ha trastocado todos los proyectos y planes tanto en el sector privado como en el publico, pero se da la circunstancia de que, en ese periodo de inactividad es cuando había que haber aprovechado, como está haciendo la empresa privada, para limar ineficiencias y ajustar la duplicación de funciones innecesarias.

En nuestra región el primer empleador es la Administración (entre las tres suman 60.000 trabajadores y creciendo) con un peso del empleo en el sector publico sobre la población total que está por encima de la media nacional y no digamos de la europea, por lo que, si queremos crear una Autonomía de futuro, es ineludible llevar a cabo una revisión profunda de los procedimientos y de la estructura funcionarial para detectar y corregir el exceso de burocracia y de inoperancias. ¡Ojo!, no me estoy refiriendo a los funcionarios que crean valor para los ciudadanos como son los de los servicios sanitarios o los de la enseñanza, sino a los dedicados a labores que tienen que ver con el exceso de papeleo y con trámites innecesarios.

Si Barbón, como declaró, quiere pilotar una Asturias moderna, eficiente y atractiva para las inversiones, debe abordar con valentía el cambio de la Administración que prometió y salir del buenismo y la docilidad ovina con el Gobierno de la nación –de su mismo signo– reclamando con firmeza para nuestro territorio, como hacen otras comunidades, la ejecución y conclusión de los proyectos enquistados pendientes en comunicaciones, industria y otros sectores.

También tendrá que plantearse de una vez como dejar de castigar y discriminar a los asturianos con peajes inaceptables en la principal vía de comunicación y suprimir impuestos confiscatorios sobre herencias y patrimonio.

Si consigue afrontar estas cuestiones con audacia, posiblemente empezaremos a dejar de estar a la cola de Europa en todos los indicadores de crecimiento económico, pongamos freno al despoblamiento de Asturias y seamos capaces de taponar el agujero por donde nuestros jóvenes se ven obligados a escapar a otras regiones para tener un empleo digno.

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