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Melchor Fernández

Menchu, un respeto

Una vida cargada de retos que afrontó con aplomo, equilibrio y buena cabeza

A Menchu Álvarez del Valle el destino le tenía reservado el papel impensable de ser abuela de una reina. Ella, que se había iniciado en la interpretación de papeles fantásticos cuando en plena juventud entró en el cuadro de actores de Radio Oviedo supo estar una vez más a la altura requerida, como cuando adquirió en pareja con Jose Ceceda la responsabilidad de llevar adelante un muy popular programa abierto a la participación del público, o, convertida ya en radiofonista estrella en el ámbito asturiano, ser locutora y presentadora muy popular o, ya en plena madurez profesional, reconvertirse en informadora y reportera. Su voz y su aplomo la ayudaron en todos esos papeles, pero, por muy decisiva que fuera esa ayuda, no lo fue tanto como su buena cabeza y su sentido del equilibrio, que la ayudarían de forma decisiva a afrontar con tanta decisión como aplomo cada etapa.

Sus cualidades de gran profesional quedaron de manifiesto en la Almudena madrileña, cuando leyó de forma magistral un texto durante la boda de Felipe y Letizia. Esa intervención la descubrió a escala nacional. Otra persona tal vez hubiera sucumbido al vértigo de intentar aprovecharlo. Ella supo interpretar certeramente que aquella supuesta oportunidad podría ser en realidad una gran trampa y no cayó en ella. Eligió seguir siendo una buena vecina en vez de intentar convertirse en un posible personaje. Retornó a su retiro de Sardéu y a la relación con sus amigos de Ribadesella, justo los que había hecho cuando era una jubilada que nunca perdió las inquietudes culturales. Desde ese retiro discreto afrontó tanto las alegrías excepcionales como los golpes, algunos muy duros, que le tenía reservada la última etapa de su vida. Tal vez de las muchas Menchus que le tocó ser en la vida esa fue la mejor de todas. Y así puede irse hoy entre el respeto de todos.

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