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Martín Caicoya

Aceites marinos, mitos y realidades

Siempre me sorprende el entusiasmo de los comerciales. Tienen muchas cualidades. Por ejemplo, saben qué grado y tipo de empatía deben emplear con cada potencial cliente. Una sabiduría que no creo que se aprenda en los mejores máster. Es algo intuitivo, un poso de la experiencia. Probablemente fundada en una predisposición. Pero lo que más me llama la atención es cómo defiende su producto, la fe que tienen en él, bien argumentada con pruebas que manejan con habilidad. Me recuerda el dicho, atribuido a tantos, que nadie es un héroe para su ayuda de cámara. Hegel explica que se debe a que ve en él al hombre que come, bebe, viste, es decir lo ve en la singularidad de sus necesidades y de sus representaciones. Sin embargo, mi experiencia es que las personas próximas a los poderosos quedan fascinados por ellos, y defienden y explican sus posturas y actos contra la opinión de los externos. Pensaba esto mientras un conocido me explicaba cuál era su actual dedicación. Comercializa ácidos grasos insaturados de cadena larga, los llamados omega 3. Es una fábrica, me dice, que se caracteriza por hacerlos muy puros, ser muy honrado en la composición y haber logrado que su producto lo aprobara al FDA para formar parte de un medicamento. Aunque la mayor parte de la producción se vende como complemento nutricional. Durante unos minutos, como el ayuda de cámara del héroe, se dedicó a explicarme la producción tal como la entendía y le explicaban los técnicos. Ese conocimiento le hacía más fuerte y seguro.

Varias veces he comentado aquí el riesgo de los complementos nutricionales. El problema es que no están sujetos a la misma legislación que los medicamentos. Cuando uno compra un fármaco, aunque sea un genérico, tiene la certeza de que contiene lo que dice, con un margen de error tolerable. No es así con los suplementos. Por ahora, dependemos de la honradez del fabricante, lo mismo que tenemos que confiar en él cuando dice la composición de una lata de conservas o de una barra de pan. Deben cumplirlo, pero la vigilancia es laxa. Y la realidad es inquietante. Porque la mayoría de los estudios que examinan qué hay en los suplementos dietéticos se encuentran que raramente cumplen con las dosis que anuncian y no pocas veces hay otras sustancias, a veces tóxicas, otras con efectos distintos. Por ejemplo, no es raro que se añadan anabolizantes a los suplementos nutricionales que se venden para los que quieren tener un cuerpo bien musculado. Como el resultado es el apetecido, el suplemento vende más.

Hay muchos mitos alrededor de las sustancias con efectos terapéuticos o de mejora de la salud. Hace años estuvo de moda el Ginkgo Biloba, tenía un aroma ancestral, el perfume de lo exótico, oriental, milenario. En los últimos años gana el Aloe Vera, remedio casi universal. El gel, que es principalmente agua, contiene decenas de vitaminas, enzimas y aminoácidos. Es moderadamente eficaz en la resolución de quemaduras, no conozco otros efectos terapéuticos probados. El problema es que cuando uno los compra no sabe lo que hay dentro. Diferentes estudios demostraron que en algunos caso no había nada de Alóe Vera, en otros encontraron contaminación con benzeno, un cancerígeno, o excrementos. Cierto que los hay que cumplen.

Volviendo a los suplementos de omega 3. Se sabe que las personas que comen muchos aceites marinos, como es el caso de los esquimales, tienen una mortalidad coronaria muy baja. Se atribuye a esos ácidos grasos que en el laboratorio tiene propiedades antiinflamatorias y reducen la actividad de las plaquetas, las células de la sangre que acuden a tapar las arterias cuando están en peligro de rotura. Es lo que ocurre en los infartos: un trombo se desprende, se encalla más allá y las plaquetas, advertidas del conflicto que se interpreta como daño a la arteria, vienen a cubrirlo: se cierra el vaso. Por eso ante un infarto lo más eficaz inmediatamente es la aspirina: es un antiagregante plaquetario. Y por eso es un medicamento básico en la prevención de infartos.

¿Pueden los suplementos de omega 3 hacer esa labor con menos riesgo de sangrado intestinal, el gran problema de la aspirina? Tenemos bastantes pruebas sobre los beneficios del consumo de pescado, sobre todo si sustituye a las carnes rojas como fuente de proteínas. Pero la supuesta capacidad preventiva de los suplementos de omega 3 es menos clara. Sobre todo cuando se examina el efecto de los que se venden en supermercados y farmacias. Ahora bien, cuando es puro y se conoce la dosis, se demuestra que tiene efectos positivos en el aparato circulatorio. Su principal acción es moderar el nivel de triglicéridos. Si solo fuera eso, no sería gran cosas. Además, en los buenos ensayos clínicos se demuestra que reducen el riesgo coronario en varias aspectos. Son dosis altas, pero no producen apenas efectos secundarios. Por eso la agencia americana del medicamento lo ha admitido para tratar pacientes con enfermedad cardiovascular o diabetes, con hipertirglceridemia severa y además dos otros riesgos coronarios.

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