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Vicente Montes

Un melón verde que se echa a perder

Los errores estratégicos en el debate de la reforma estatutaria

El melón de la reforma estatutaria ha quedado sobre la mesa, pasándose de fecha, sin que nadie siquiera haya clavado un tenedor o intentado, al menos, probarlo: se abrió demasiado verde y enmohece al límite del plazo para que el cambio de la norma básica pudiese lograr todas las bendiciones en esta legislatura. Y queda claro que la oficialidad del asturiano era el verdadero meollo del asunto, por más que los socialistas metiesen en el saco otras medidas que únicamente eran aderezo de un plato principal. La imposibilidad de un acuerdo para la oficialidad del asturiano, salvo que alguna de las partes se desdiga de las que ha establecido como posiciones fundamentales, deja también arrinconados otros cambios.

Queda aún una semana, como una pesada prórroga, para que los partidos favorables a la cooficialidad digan a las claras que no cabe un acuerdo que ya este lunes daban por difunto. Así que se inicia una semana “horribilis” para el forista Adrián Pumares, a quien los partidos de la izquierda señalan como culpable del fracaso. Los colectivos asturianistas le piden que reflexione; los contrarios a la oficialidad hacen correr por las redes sociales mensajes en los que se facilita el correo electrónico de Pumares y el teléfono de la sede de Foro para que se le reclame “cordura y sensatez”, “con educación y respeto”, para que el diputado “se mantenga firme y no ceda”. Pumares tiene todas las papeletas para acabar pagando ese melón, aunque ha sido el Ejecutivo quien de forma apresurada decidió sacarlo a escena con final baldío.

Ante esta operación malograda solo caben dos hipótesis: la primera, que el PSOE ya intuyese de antemano que la cosa acabaría así (la primera reacción de Barbón cuando Pumares anunció en la Junta que estaba dispuesto a apoyar la oficialidad fue aplaudir su paso pese a que el forista ya advertía de que exigía el fin del impuesto de sucesiones), o que realmente nada estuviese previsto y se propiciase un debate tan socialmente polarizado.

Ninguna de las opciones deja en buen lugar a quien decidió sacar el melón de la nevera. Y añade más frustración y desencanto a quienes esperaban ver colmadas sus aspiraciones.

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