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Yolanda Lozano Gómez

Asturianas con ciencia

Yolanda Lozano Gómez

Catedrática de Física en la Universidad de Oviedo e investigadora principal del grupo de Física Teórica de Altas Energías

Asturias debe apoyar a sus científicos

La investigación en Física Teórica, un área extremadamente competitiva

Yolanda Lozano Gómez, catedrática de Física en la Universidad de Oviedo e investigadora principal del grupo de Física Teórica de Altas Energías, se licenció en la Complutense de Madrid en 1991 y se doctoró en la Autónoma madrileña tres años después. Tuvo contratos posdoctorales en Princeton (1995 y 1996), la Universidad de Utrecht (1997 y 1999) y Queen Mary University of London (1998) y un CERN Fellow (2000 y 2001). Desde 2001 es profesora de la Universidad de Oviedo.

En los últimos años de mis estudios de licenciatura empecé a sentirme atraída por las cuestiones más teóricas y fundamentales de la Física, aquellas que requerían para su descripción de las teorías más complejas que había estudiado en la carrera, la Relatividad General y la Teoría Cuántica. Había leído sobre la dificultad para conciliar ambas teorías, y me pareció un tema fascinante en el que trabajar para mi doctorado. Esta unificación es esencial para poder entender el comportamiento de los agujeros negros, que hoy sabemos que lejos de ser elucubraciones matemáticas predichas hace más de un siglo por la Relatividad General son muy numerosos en el Universo, así como lo que ocurrió en los primeros instantes del Universo, después de la gran explosión conocida como el Big Bang.

La Teoría de la Relatividad General explica por qué los cuerpos se atraen gravitacionalmente. En su marco se predijeron los agujeros negros y las ondas gravitacionales, ambos recientemente descubiertos, la Teoría del Big Bang, hoy confirmada experimentalmente, fenómenos tan fascinantes que se pensaban dentro del dominio de la ciencia ficción. Estos son ejemplos de lo que ha ocurrido muchas veces más desde principios del siglo XX, que la teoría ha ido por delante del experimento, prediciendo fenómenos que sólo muchos años después han sido descubiertos. La creencia en la validez de las dos grandes teorías en las que se sustenta la física moderna ha hecho posible la construcción de grandes infraestructuras que han permitido confirmarlas, permitiendo un espectacular avance en nuestro entendimiento de lo más grande y de lo más pequeño. Ejemplos notables son COBE, KEK, el Very Large Telescope, el LHC, macro experimentos que han hecho posibles descubrimientos tan importantes como la radiación de fondo de microondas, reliquia del Big Bang, el agujero negro que existe en el centro de nuestra galaxia, o el bosón de Higgs, el último gran descubrimiento en Física de Partículas.

Las partículas elementales se describen a través de la Teoría Cuántica de Campos. Esta teoría permite explicar cómo interaccionan a través de las interacciones electromagnéticas, fuerte y débil, que son las más intensas a las escalas microscópicas alcanzables por nuestros experimentos. Sin embargo, instantes después del Big Bang el Universo tenía un tamaño tan pequeño que la fuerza gravitatoria, despreciable frente a las anteriores a escalas más grandes, era comparable con éstas en intensidad. Para recrear los primeros instantes del Universo es por tanto necesario disponer de una teoría que permita estudiar las cuatro fuerzas fundamentales a la vez. Este es sin embargo un problema abierto desde que la Relatividad General se consolidó como la teoría que describe la interacción gravitatoria y la Teoría Cuántica como la teoría que describe el resto de las interacciones fundamentales.

La Teoría de Cuerdas surgió en los años 80 como un revolucionario marco teórico en el que es posible describir la gravedad conjuntamente con el resto de las fuerzas fundamentales. Según esta teoría las distintas partículas elementales que existen en la naturaleza, así como las partículas que hacen posible la interacción entre éstas según la Teoría Cuántica (las que se conocen como mediadoras de las interacciones, como el fotón, mediador de la interacción electromagnética), aparecen como modos de vibración de pequeñísimas cuerdas microscópicas. En el seno de esta teoría es posible reproducir, por un lado, la partícula que media la interacción gravitatoria, el gravitón, como uno de los modos de vibración posibles de estas cuerdas, y, por otro, las fórmulas de la Relatividad General. La Teoría de Cuerdas proporciona así una realización de la, tan buscada desde los tiempos de Einstein, Teoría del Todo.

Tanto la Universidad como el Principado siguen sin apostar de manera decidida por conseguir la ansiada excelencia en investigación de la que tanto hablan

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Como ya sucediera en su día con la Relatividad General y la Teoría Cuántica, algunas de las predicciones de la Teoría de Cuerdas parecen del dominio de la ciencia ficción, como que el espacio en el que vivimos consta de 9 dimensiones: las 3 que observamos más otras 6 dimensiones compactas tan pequeñas que son indetectables. Igualmente, es muy posible que las predicciones de la Teoría de Cuerdas no puedan ser confirmadas experimentalmente hasta dentro de muchísimo tiempo, pues no sólo está completamente fuera de nuestro alcance técnico un experimento que permita su detección directa sino que además la teoría ofrece tal complejidad matemática que estamos aún muy lejos de conocerla en profundidad. Se trata de un fenomenal reto intelectual para el siglo XXI, cuyas implicaciones son, a día de hoy, difíciles de imaginar.

La Teoría de Cuerdas en su papel como Teoría del Todo ha atraído desde sus orígenes a mentes muy brillantes. Se trata de un campo de investigación extremadamente competitivo, en el que por su eminente carácter teórico las ideas son fundamentales y se trabaja de manera muy individual.

La presencia de mujeres en este campo es el menor de todas las ramas de la Física, estimándose en alrededor de un 10%. Lo estándar en el campo es que una mujer desarrolle la práctica totalidad de su carrera investigadora siendo la única mujer de su grupo de investigación. Esta es una situación profundamente anómala, y percibida como tal por las nuevas generaciones, lo que no ayuda a revertirla.

Dentro de la Universidad de Oviedo realizo mi actividad investigadora en el Grupo de Física Teórica de Altas Energías, constituido por siete investigadores senior y un número variable de investigadores posdoctorales y estudiantes de doctorado. Todos los miembros senior del grupo hemos completado nuestra especialización en prestigiosos centros de investigación internacionales, entre los que se encuentran el CERN, la Universidad de Princeton, la Universidad de Seattle, etcétera, con contratos posdoctorales que nos han permitido acumular una experiencia en el extranjero de entre seis y ocho años. El grupo tiene, así, un marcado carácter internacional y colabora de manera habitual con grupos de investigación de todo el mundo.

Este estrecho contacto con grupos de investigación extranjeros permite comparar, y evidenciar que hacer investigación en la Universidad de Oviedo no es tarea fácil. A día de hoy tanto la universidad como el Gobierno del Principado siguen sin apostar de manera decidida por conseguir la ansiada excelencia en investigación de la que tanto hablan, proporcionando a sus grupos más activos en investigación un apoyo que es a todas luces insuficiente e ineficaz y sobrecargándolos de docencia hasta límites desproporcionados que hacen muy difícil, si no es a costa de un gran sacrificio personal, que se mantengan competitivos en investigación.

Es urgente que la Universidad y el Gobierno del Principado se pongan las pilas, y apliquen medidas de promoción y desarrollo de la investigación que ya están aplicando otras comunidades autónomas con gran éxito. Si no seguiremos a la cola en investigación, aunque se nos llene la boca de grandes palabras y de objetivos completamente inalcanzables sin las inversiones y políticas adecuadas.

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