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Cuentos corrientes

Siempre nos quedará Laporta

Hemos entrado en un periodo crítico que carece de comparaciones históricas

El césped del Nou Camp del FC Barcelona recibió a 1.200 empresarios para celebrar, cena mediante, la entrega de premios de la patronal Pimec, donde se agrupan buena parte de las pequeñas y medianas empresas de Cataluña. Pocas organizaciones en España son capaces de agrupar tal tamaño de políticos de todos los colores e identidades. El presidente del Gobierno, el de la Generalitat, la alcaldesa de Barcelona, ministros y consejeros usan estos foros para saludar a unos y a otros, sonreír y cruzar manos. En el habitual ciclo de discursos que se concedió a los representantes públicos, algunos aprovechan para soltar mítines políticos y alargarse en exceso a base de repetir los mismos conceptos de formas distintas. Con lo fácil que es aplicar el teorema básico: sujeto + verbo + predicado. Quien batió el récord del cronómetro fue Ada Colau, incapaz de ajustarse al tiempo que le habían pedido. La alcaldesa estaba muy satisfecha de que Barcelona hubiera renovado hasta 2030 la concesión para celebrar la feria del Mobile que, antaño, ella nunca vio con simpatía. El tímido acercamiento que Colau ha ido realizando al mundo de la empresa ha ido siendo paulatino.

Siempre nos quedará Laporta

En aquel marco de la fiesta de Pimec, bajo negros nubarrones que asustaron con un temprano chubasco, destacó por encima de todos una figura masculina, entrada en peso y muy bronceada. Nadie compitió con él a la hora de querer hacerse fotografías. Adultos y jóvenes, hombres y mujeres, se acercaban a tocarlo, examinarlo y recibir su sempiterna sonrisa. Joan Laporta, presidente del FC Barcelona, estaba en su salsa y como anfitrión del acto de Pimec, hizo valer sus credenciales a diestro y siniestro. Esa misma semana el Barça recibía una milagrosa inyección económica al anunciar la venta de un 10% de los derechos de TV al fondo Sixth Street –también ha invertido en el Real Madrid– por 207,5 millones. Un alivio temporal para un club en quiebra técnica.

Laporta triunfaba en el césped "selfie" tras "selfie" mientras el presidente de Pimec, Antoni Cañete, aprovechaba su discurso para lanzar serias advertencias sobre la evolución de la economía. Pidió al elenco de políticos allí presente dos demandas de puro sentido común. Primera: reducir la burocracia que inunda todas las gestiones administrativas e impide acelerar el crecimiento empresarial. Segunda: olvidarse del cortoplacismo y buscar acuerdos de Estado necesarios para emprender las reformas estructurales de las que se lleva hablando desde hace años. Estos acuerdos urgen y son hoy vitales para enfrentarse a la compleja situación geopolítica y económica.

Hemos entrado en un periodo crítico que carece de comparaciones históricas. Unos mensajes telegráficos:

- La inflación se ha disparado al alza ya por encima del 10% empujada por los precios de la energía y de la alimentación.

- Nada prevé que cambie, a positivo, la guerra en Ucrania. Los designios de Putin son imposibles de predecir.

- Los países de Europa Central y del Este ya han empezado a concienciar a sus ciudadanos de que el próximo invierno va a ser duro y el suministro de gas puede escasear.

- Preparémonos a consumir menos y a pensar en bajar los termóstatos a menos de veinte grados cuando llegue el frío.

- Peor aún es la crisis alimentaria producto de los efectos de la guerra. Sus consecuencias pueden ser devastadores en los países pobres.

- Los bancos centrales seguirán probando distintas pócimas mágicas para poder combatir la inflación.

- Una subida de tipos repentina para frenar los precios es inviable ya que podría colapsar la economía y poner contra las cuerdas a las familias y empresas más endeudadas. Les queda la opción de seguir comprando deuda alimentando su balance.

- Los Gobiernos, a base de dar cheques y subvenciones, generan más masa monetaria. Palían a corto plazo el desgaste de los bolsillos de los consumidores, pero no hacen más que echar más leña al fuego inflacionario.

- ¿Y los fondos europeos, de los que todo el mundo esperaba fueran la salvación del país para transformarnos? Empiezan a ser un misterio tan difícil de entender como el de la Santísima Trinidad.

- Se prevé un otoño caliente por las reclamaciones en la subida de salarios y pensiones.

- Suerte tenemos, por dar una buena noticia, de que hay 90.000 millones acumulados –otra cosa es cómo estén repartidos– en ahorros familiares debido a la reducción de gasto producido por la pandemia. De un 7% de ahorro normal se pasó en 2020 al 15,5% y en 2021 al 11,4%. Por eso, la euforia gastadora que se percibe en este verano en el que hemos entrado.

¿Alguien da más? Siempre queda Joan Laporta que, en medio de todo el escenario en el que estamos viviendo, aparenta ser la persona más feliz del mundo, foto va, foto viene. Mérito, sin duda, tiene.

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