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La Nueva España

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Xuan Xose

Desmemoria y memoria

En mi barrio acaba de reabrirse una sidrería, esta vez su nombre es La Cábila. En el entorno hay también una asociación del mismo nombre, esta vez con “K”. No muy lejos se halla otro establecimiento denominado La Santina.

Quienes tenemos cierta edad, sabemos que ambos vocablos estaban ligados a dos agrupaciones de chabolas y marginalidad. Ignoro las concretas razones para elegir hoy esos nombres, pero las imagino. Ambos términos se han convertido en un puro “flatus vocis”, en un sonido que, desprovisto de las imágenes de su designación real, evoca de forma vaga algo antiguo y ligado a esta zona de la población; prestigiado el vocablo, por ende, en razón de esas resonancias vacías de designación.

En el barrio ha ocurrido, como he señalado en otra ocasión, lo mismo con otra denominación más famosa: la de la plaza y centro de “Los Fresnos”. Los hermanos Fresno fueron unos falangistas asesinados durante la Guerra Civil. En su memoria, los vencedores denominaron “Los Fresno” a una calle, la actual de La Argandona, y un campo de fútbol. Como en los casos anteriores, los fonemas han perdido toda relación con su designación anterior, se han convertido en “Los Fresnos”, un nombre que evoca naturaleza y campo.

Frente a esa desmemoria de la memoria, existen otras memorias vivas. Tengo ante mí el reportaje que LA NUEVA ESPAÑA dedica a la Sacramental de Cue y las maravillosas alfombras florales que realizan, año tras año, sus bandos, empeño en el que, siguiendo una memoria de muchos años, insisten sus vecinos como los de otras muchas partes de Asturies y España.

Esa memoria contrasta con otras que parecen agotarse. Se habrán fijado en cuántas fiestas dejan de celebrarse por no haber ciudadanos que tomen el relevo, o en cuántos organizadores anuncian su retirada y se lamentan de que no existe renovación generacional para seguir esa memoria secular.

Memoria y desmemorias diversas.

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