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Francisco García

Jabalíes para la aldea gala

No hace falta ir de excursión a la braña de La Pornacal para discurrir que Asturias va camino de convertirse en aldea gala, en refugio de pocos pero irreductibles bárbaros que guerrean entre ellos pero que al declinar el día gozan alrededor del fuego y a la luz de la luna, devorando jabalíes con patatines. Un reciente estudio de la Universidad de Oviedo estima en 48.000 ejemplares la población de esta especie cinegética en Asturias, de los que apenas se abaten 10.000 al año. Los estudiosos de ese informe universitario recomiendan eliminar hasta 25.000 jabalíes. ¿Hay asador para tanta carne? En ese caso, recomendemos a la asociación de hosteleros unas jornadas gastronómicas del suido.

O los asturianos se ponen a comer jabalí con la fruición de Obélix o los jabalíes acabarán merendándose a los asturianos. O sea, que escopeta y manta, que la civilización empezó a cambiar cuando los hombres comenzaron a comerse las bestias que se estaban comiendo a los hombres.

Los daños causados por el gochu salvaje en el medio rural asturiano ocasionaron en la última contabilidad regional un gasto de 800.000 euros, que da para unos cuantos menús en los restaurantes de Nacho Manzano. Sin sumar el coste material y humano de los accidentes de tráfico que el bicho provoca. O en visitas a la farmacia a por Trankimacin, si te cruzas una piara al amanecer en plena calle, después de una noche de rumba y jarana.

Nos engañaron como a chinos de Taiwán cuando de críos creímos a pies juntillas las historietas de Astérix que relataban el gusto de los galos por el asado de jabalí: los que ponían enorme empeño en la caza de esta especie eran los romanos, como muestran algunos relieves del Arco de Constantino. En el banquete de Trimalción que narra «El Satiricón» de Petronio, el anfitrión abre en canal un ejemplar rechoncho recién cocinado de cuyas entrañas salen zarzales, embutidos y otras gustosas viandas. A ver qué guisandera asturiana se atreve a semejante osadía.

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