Opinión

El negacionismo

De los revisionistas históricos del Holocausto a los antivacunas

Una de las negaciones más conocidas de la historia es la de Pedro ante el interrogatorio de los judíos que prendieron a Jesús (Mateo 26:69-75; Marcos 16:66-72; Lucas 22:54-62 y Juan 18:15-27). No sabemos si con este episodio se inició el "negacionismo", pero sin duda este fenómeno es uno de los que levanta más controversia en el mundo actual. La Academia Española de la Lengua lo define como la negación de determinadas realidades y hechos históricos o naturales relevantes. En otros medios, se explica como el comportamiento humano exhibido por aquellos individuos que eligen negar la realidad para evadir una verdad incómoda. Tomado globalmente, se referiría al segmento de la sociedad que intenta evitar el cambio, dando la espalda a la realidad mediante una mentira más confortable. En el campo científico, se ha definido como el rechazo de conceptos básicos, fuertemente apoyados por la evidencia y que forman parte del consenso internacional en determinadas áreas, para adoptar ideas radicales o controvertidas.

El uso del término, originariamente utilizado como "revisionismo histórico", se atribuye al escritor y activista político francés Paul Rassinier (1906-1967), un personaje con una vida compleja y durísima, superviviente de campos de concentración nazis, que puso en entredicho la existencia del Holocausto, como es conocido de forma general. Su pensamiento quedó reflejado en dos publicaciones: "La mentira de Ulises", Ediciones Acervo, Barcelona, 1962 y "El drama de los judíos europeos", Ediciones Acervo, Barcelona, 1976. Con posterioridad, hablamos de negacionismo (Creacionismo), referidos a las teorías sobre la evolución contrarias a las ideas de Darwin, a la negación de la responsabilidad del "virus de la inmunodeficiencia humana" (HIV), como responsable del sida, a la no existencia de un "cambio climático" en nuestro planeta, o más recientemente a negar el papel del virus SARS-CoV-2 en la covid-19, y en concreto a la importancia de la vacunación para evitarla o reducir su gravedad. En resumen, bajo la bandera del "negacionismo", una parte nada desdeñable de la población, se niega a aceptar algunos conocimientos y prácticas sociales, que tienen gran repercusión sobre la salud de toda la humanidad.

Las razones de estas prácticas son muy diversas, pero pueden agruparse de la forma siguiente: a) Teoría de la conspiración (el resto de la humanidad estaría conspirando para ocultar las verdaderas razones de su comportamiento; b) Falacia de la evidencia incompleta (conocimientos propios débiles, obsoletos, defectuosos o desacreditados; c) Expertos falsos (investigaciones realizadas por personas sin crédito; d) Cambio de reglas (búsqueda continua de evidencias en áreas suficientemente probadas), y e) Falacia del espantapájaros (refutar un argumento que no está en la línea de la discusión de fondo). Pueden añadirles razones de tipo personal, tales como falsas creencias e informaciones, sometimientos religiosos diversos, aspectos económicos, miedos desproporcionados, etcétera, y tendrán un cóctel explosivo que lleva a la peor de las consecuencias.

Asistimos estupefactos a la negación de que estamos desertizando el planeta y contaminando la atmósfera, que el clima nos somete a tempestades de calor e inundaciones, que existe una clara violencia de género, o a la afirmación de que, mediante las vacunas, nos inoculan microchips que nos transformarán en acólitos de las decisiones de grandes empresarios. Lástima que, como ocurrió en la narración evangélica, no dispongamos de un gallo que con su canto matutino nos devuelva a la realidad. Si las iniciativas negacionistas tuvieran únicamente consecuencias individuales, posiblemente no deberíamos preocuparnos. No obstante, no debemos olvidar que estas decisiones repercuten sobre la sociedad y ésta debe procurar, ante todo, el bien general. Este hecho es más evidente en el caso de las vacunas, ya que su eficacia es particularmente elevada cuando cubre a la gran mayoría de la población.

Juan Sebastián Bach (1685-1750) estrenó su "Pasión según San Juan", el Viernes Santo del año 1724, en Leipzig, lugar donde había llegado el año anterior y donde falleció. En esta primera de sus "pasiones", dedica una parte de recitativo del evangelista, un aria de tenor y un coral a narrar las negaciones de Pedro. Resulta especialmente hermoso el final del recitativo, cuando indica que el apóstol lloró amargamente. Llama también la atención, que en una composición basada en el evangelio que mejor resalta la faceta humana y amorosa de Jesús, el viejo maestro utiliza para este fragmento las palabras evangélicas de Mateo, probablemente para darle a la negación una visión más dura y necesitada de arrepentimiento y perdón. Arrepentirse es una acción humana muy deseable y corregir la dirección errónea tomada es aún mucho mejor. Escuchar y apreciar "La Pasión según San Juan de Bach" sería recomendable para todos los negacionistas. Para el resto de la humanidad, no dejen de hacerlo, al menos una vez al año. Mi recomendación (https://youtu.be/jKQD3o-4rMw?).