Opinión

Milagros Balbín

Un científico comprometido

La trayectoria de Otín, vista por una colaboradora de su círculo más cercano

Para mí fue un honor realizar la presentación de Carlos en una de sus incontables conferencias en Asturias, en este caso, en la organizada por la Asociación "Cauce del Nalón" hace unos años en Langreo, ya que me considero una testigo privilegiada de la evolución del trabajo de Carlos a lo largo de más de 25 años.

La primera vez que escuché a Carlos López-Otín fue durante su ejercicio de oposición a Profesor Titular de la Universidad de Oviedo, a finales del año 1986. Fue la primera vez, pero no la última, que se me puso un nudo en la garganta, al conocer su trabajo y sus proyectos, que ya entonces me parecían fascinantes, y más lo han sido con el devenir de los años. Lo primero que pensé fue que me gustaría participar también en la consecución de esos proyectos, y lo segundo, que había que tener mucha fuerza para navegar en este mundo sin dejarse vencer por las dificultades. Desde aquel momento tardé unos seis años en poder formar parte de manera oficial del grupo de Carlos, justo a partir del año 93, cuando él ganó la Cátedra de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad de Oviedo, también, por supuesto, de una manera brillante y precoz.

Ya desde el principio de su llegada a Oviedo pude colaborar y disfrutar de la ciencia con su incipiente grupo, pero también ser testigo de las mil y una piedrecitas que le fueron poniendo por el camino, un día tras otro, desgraciadamente hasta hoy, con el fin de evitar un ascenso que era imparable. Ya se sabe, uno de los deportes en los que más destacamos en este país es en el de cortar las cabezas que sobresalen sobre las demás.

Así que un primer mensaje que quiero dejar del trabajo de Carlos es que ha sido muy duro desde el primer día hasta el último, y que nadie le ha regalado nada.

Mientras hacía mi reflexión sobre lo que han sido estos años, recuerdo con satisfacción y añoranza el asombro que sentíamos frente a los descubrimientos que se fueron sucediendo en los años 90: la identificación de genes muy importantes y que actualmente forman ya parte del trabajo en la clínica diaria: BRCAs, genes reparadores... y el Proyecto Genoma, algo que nos parecía tan complejo como pueda ser explorar las estrellas del Universo, y que, sin embargo, diez años más tarde, en los años 2000, se culminó. Pero Carlos no quiso ser espectador de estos descubrimientos, quiso ser protagonista, parte importante de ellos. Y su investigación, que comenzó analizando proteínas, siendo un excelente químico de proteínas, de los pocos que había en el país, luego pasó a la clonación de genes nuevos, posteriormente a la generación de modelos animales con esos genes; más tarde fue evolucionando hacia la comprensión del genoma, de los genomas de diferentes especies, claves para entender nuestra evolución, y finalmente, sin miedo a embarcarse nuevamente en otro salto tecnológico de envergadura, en secuenciar genomas completos del cáncer. Y ha podido ser protagonista en primera fila, de este momento crucial en la historia de la ciencia. El segundo mensaje que quiero dejar sería su capacidad de evolucionar y estar en la vanguardia de la investigación. Para ello, una de las claves ha sido su capacidad de liderazgo y de estímulo a las personas de su equipo, para mejorar y embarcarse en proyectos arriesgados y estimulantes, y avanzar.

Otro aspecto de la trayectoria de Carlos es su compromiso con lo que le rodea, y sus esfuerzos por ayudar. En este sentido, sólo pondré un ejemplo. Quiero destacar el esfuerzo que realizó, junto con el profesor Agustín Hidalgo para la creación del IUOPA, como medio para conseguir financiación que permitiera a los investigadores jóvenes a continuar su labor, ya que las instituciones no eran capaces de promover este desarrollo. Gracias al esfuerzo invertido en la creación y continuidad del IUOPA, decenas de investigadores y técnicos tuvimos una oportunidad de trabajar e investigar sobre el cáncer en Asturias. Incluso en la actualidad disfruto de un puesto de trabajo como responsable del Laboratorio de Oncología Molecular en el HUCA, laboratorio que fue creado gracias a un convenio entre la Universidad de Oviedo, promovido por el IUOPA, y el SESPA. Es el laboratorio de referencia en Asturias para los estudios, cada vez más numerosos, que se necesitan realizar en los tumores de los pacientes, tanto para apoyo diagnóstico como para la toma de decisiones en la medicina de precisión. En este sentido, Carlos, te doy las gracias una vez más por tu previsión, con muchos años de antelación, de algo que iba a ser muy necesario para la clínica, y que me ha permitido desarrollar un trabajo que, a pesar de las dificultades diarias, amo.

Finalmente, me gustaría reconocer que nuestra colaboración durante 25 años forma una parte importante de mi trayectoria vital, que vivimos momentos intensos en lo científico y situaciones y decisiones en lo personal que han sido determinantes en nuestras vidas, y yo he sentido tu apoyo en todo momento, lo cual agradeceré siempre.

Quiero pensar que tu decisión de abandonar la Universidad de Oviedo no significa abandonar la ciencia, ni abandonar el disfrute de cada minuto de luz, de color, de paisajes y de personas. Deseo que sea un cambio que te ayude a ser feliz y a olvidar la mediocridad y las envidias de un mundo obstinado en dañar las obras de arte de la Naturaleza.