Opinión

Sánchez, Puigdemont, el escorpión y la rana

La chapuza -o la chanza- de la ley de amnistía

Puigdemont ha dejado a Sánchez colgado de la brocha, como quedaba Otilio el de los tebeos después de perpetrar cada chapuza. En el reparto de roles de la caricatura, al presidente del Gobierno le toca el papel televisivo de Benito en “Manos a la obra”, albañil nefasto de una empresa de reformas que convierte cada parche en un proyecto de demolición.

En este momento, el Estado le debe a los jueces que insisten en perseguir los delitos de los secesionistas más recalcitrantes haber parado el golpe en el mentón del orden constitucional lanzado por el zurdazo de una ley de amnistía absolutamente perniciosa para la salud democrática. Fue esa la razón, y no otra, de que los diputados de Junts no votaran en el Congreso una ley solicitada a la carta por ellos mismos: no les ofrece garantías de impunidad mientras haya togados empeñados en hacer bien su trabajo. No es de extrañar pues la serie de improperios que desde el escaño profirió la grey catalanista de diversa ralea contra la judicatura: prevaricadores, indecentes, patrioteros y franquistas. Se les ha escurrido el “lawfare” por el sumidero a los delincuentes en proceso de blanqueamiento.

De regreso al mundo de la viñeta cómica, las idas y venidas de los Sacarinos del presidente a negociar el coste de los siete platos de lentejas no han servido más que para confirmar la insaciable gula del independentismo catalán, amén de otros pecados capitales de cintura para arriba, como la soberbia y la avaricia.

Habrá que ver qué nueva concesión hace el PSOE caudillista a la gleba de Puigdemont, un tipejo sin escrúpulos que solo busca su inviolabilidad personal. Ríete tú de estos republicanos de pacotilla que aspiran sin embargo a alguna de las atribuciones regias. O sea, impunidad frente a las leyes, sean penales, civiles o administrativas. No desintonicen sus televisores, que se avecina caliente el próximo capítulo de la fábula del escorpión y la rana.