Opinión

Industria, retorno a la agenda pública

Reivindicación de la necesidad de una política industrial fuerte

Industria, retorno a la agenda pública

Industria, retorno a la agenda pública

A más ocupación en empleo industrial en cualquier tiempo pasado, más riqueza. La tesis de Dani Rodrik viene a decir que quienes primero tomaron el tren de la industrialización tienen más garantías de generar riqueza y empleo de calidad en el futuro. Von Thünen, Weber, Christaler, Lösh y otros teóricos expusieron teorías de la localización industrial, basadas en la situación y la accesibilidad, cuya nota más definitoria era la implacabilidad de su cumplimiento. La alquimia actual guarda una lógica similar, pero con ingredientes nuevos. También la intervención pública ha ido mutando en este campo. ¿Dónde estamos entonces?

Durante las dos últimas décadas del siglo pasado las políticas industriales habían caído en desgracia. Se las tachaba de ineficaces, de provocar elevados costes y de una discrecionalidad tóxica para la competitividad. Los "grandes proyectos" franceses, el caso más paradigmático de intervención pública occidental, descansaban sobre un eficaz reclutamiento de élites, un marco institucional favorable y la elección de las empresas "campeonas nacionales". Pero la decisión de promover sectores nacionales líderes también tuvo consecuencias negativas, como la concentración de poder económico, la distribución ineficiente de recursos y la desatención de consideraciones a largo plazo. Afectaron a la competencia de mercado y a la innovación, en perjuicio del crecimiento y el bienestar social. Prodigios inviables en el mercado, problemas que se desplazaban en el tiempo con una permanente anestesia social, de la que era muy difícil despertar. Seguro que algo de esto nos es familiar.

Sin embargo, la deriva neoliberal no arrojó los resultados deseados. Los bajos niveles de imposición y de gasto social comprometían la necesaria inversión, precisamente el éxito que había demostrado el modelo nórdico de inversión social y empleo de alta calidad, la de una economía basada en el conocimiento. Los "próximos pasos" de Thatcher, se convertían en un viaje hacia ninguna parte.

Las grietas de la libre competencia se hicieron visibles recientemente con la relajación de la normativa de ayudas públicas y con la iniciativa alemana que en 2022 destinó cuatro veces más recursos a su industria que España. La Administración Biden se ha embarcado en un gigantesco programa de reindustrialización con su Inflation Reduction Act. Las políticas industriales, bajo el impacto de la pandemia, las materias críticas, los conflictos geopolíticos, o los objetivos de descarbonización, son ya explícitas. Las estrategias de crecimiento incorporan de nuevo la política industrial. Se acabó el sueño de una sociedad sin industria, pero también se acabó poseer un sector industrial fuerte sin política industrial. Ciertamente, esta es una política que funciona mejor en la teoría que en la práctica, y que además ha desaparecido de la confrontación electoral como elemento de debate. La industria emociona poco; se borró del relato colectivo la trazabilidad de dónde vienen las cosas y se vinculó con una fase superada de nuestra evolución.

Asturias afronta una transición hacia un tablero en el que han cambiado gran parte de las reglas. Lo que eran condiciones suficientes, ahora son, como mucho, necesarias. Las interconexiones han pasado de ser un factor decisivo y positivo, a convertirse en un conducto de doble dirección que acelera las oportunidades, pero también los riesgos. No pensemos en el siglo XXI creyendo que lo necesario en las dos centurias anteriores será la clave de nuestro desarrollo. Las deslocalizaciones son una buena prueba de ello. Cuando los costes energéticos pueden suponer el 60% de los totales de la industria, hay que desechar explicaciones exóticas. Lo definitorio de la Asturias contemporánea es su industria; la frontera entre un parque temático y un espacio autónomo y desarrollado. Aprovechemos su retorno a la agenda nacional y europea.