Opinión | La indignación del sector primario

Xuan Valladares / Portavoz de Asturias Ganadera

Que el campo no pare en Asturias

Apuntes sobre la movilización del medio rural, lo que se ha conseguido y lo que ha quedado en el tintero

GANADEROS Y TRACTORES ABANDONANDO LA CALLE URIA TRAS DESCONVOCARSE LA PROTESTA

GANADEROS Y TRACTORES ABANDONANDO LA CALLE URIA TRAS DESCONVOCARSE LA PROTESTA / Luisma Murias

Lo que es bueno para el campo asturiano es bueno para Asturias Ganadera. Nos congratulamos de las acciones campesinas de las últimas semanas, y de que éstas puedan condicionar algún tipo de mejora, de materialización real en forma de cambios de normas, aceleramiento de procesos favorables, freno a dislates, etc. Felicitamos a todas las personas -simpatizantes o no de Asturias Ganadera- que espontáneamente han ido nutriendo las movilizaciones, unas veces organizadas de forma improvisada y anónima a través de las redes sociales y el teléfono móvil, otras veces más auspiciadas u organizadas por alguna asociación o sindicato.

En Asturias, como también es la norma en gran parte del resto de España, los sindicatos agrarios convencionales son los menos incisivos, si bien, como ahora pueden centrar sus críticas en las políticas que parten desde Bruselas, pueden jugar a movilizarse ya que no muerden directamente la mano que les da de comer. Ya sabemos que el anquilosamiento de estas estructuras y su dependencia económica y política de los partidos y gobiernos es una parte de los principales problemas del campo en Asturias y en España. Por ello nuestra revuelta campesina se parece poco a la francesa, promovida por grandes y eficientes aparatos sindicales con mucha autonomía y capacidad de acción.

Hace pocos años, ocho mil personas y más de quinientos tractores no consiguieron que el Presidente de Asturias atendiera en persona a las demandas de los manifestantes en un gesto político muy torpe que le deshonra. Sí nos ofrecieron entonces y en otras ocasiones a consejeros y consejeras para atender en directo nuestras demandas, pero el inexplicablemente aún presidente Barbón no se dignó, muy mal aconsejado por sus consejeras peineteras -en esta metáfora soslayo también aquella “peineta” que nos brindó desde el Palacio Presidencial una mujer muy probablemente perteneciente a su gabinete- a recibirnos.

El pasado viernes 9 de febrero otra vez hubo disponibilidad de gobernantes de rango político de consejero dispuestos a “negociar”, y en esta ocasión a los manifestantes les valía su interlocución. Sabemos que un Consejero no puede decidir ciertas cosas, las de calado, sin consultar, por eso en su día se le exigía un compromiso al Presidente. Sin embargo, la experiencia política de D. Marcelino Marcos Líndez y la inexperiencia de la otra parte produjo la engañosa sensación de que se había conseguido lo suficiente. Repasando esos aparentes éxitos, la lista se redujo prácticamente a confirmar que van a hacer lo que ya llevaban avanzado y decidido antes de estas últimas movilizaciones, muchas veces asuntos promovidos desde hace años por no importa quién, pues no se trata de poner medallas a nadie -aunque la hemeroteca puede sacar de dudas a los más curiosos-, como la exigencia de elecciones agrarias.

Nos alegramos, pues, de cualquier avance, por pequeño que sea, y agradecemos a las personas que esta vez se movilizaron por y para el bien común. Partimos siempre de este agradecimiento y del refuerzo positivo de que siempre, sin excepción, la lucha por lo que creemos justo merece la pena. Pero reconozcamos que realmente no hubo ninguna concesión esencial aún. Y algunas de las que se escribieron hay que concretarlas mucho más para que lleguen a ser eficaces, como las compensaciones de los daños que pueda generar una reacción del ganado a las vacunas que innecesariamente nos quieren imponer desde diversas administraciones, con fines no siempre sanitarios.

Los dos primeros puntos hablan de que se van a realizar con más puntualidad los pagos de la dichosa PAC, y que los retrasos de lo impagado de 2023 quedarán resueltos este mes para quienes no tienen pendiente una inspección. Ese dinero que se nos da, que subvenciona realmente la cesta de la compra para que los consumidores tengan asegurados los alimentos baratos, nos corresponde como pagos a nuestros servicios ambientales, estratégicos, sociales y demás. No es ninguna concesión. Siempre fue de obligado cumplimiento el reparto de fondos europeos con los criterios de turno, esos que sí hay que negociar para que cambie algo de forma importante. El consejero se apunta un tanto por cumplir con un deber impuesto desde Bruselas, pero no se trata de ninguna concesión a los manifestantes de ese día.

La tercera es la ya mencionada garantía -¿?- de compensaciones por los perjuicios que pueda causar la campaña de vacunación de la lengua azul.

En la cuarta se comprometen, como caída ese día del cielo, a elaborar -ya estaba diseñado el borrador al menos- una instrucción que favorezca el mantenimiento de las pequeñas cuadras que existen en los núcleos rurales. Esto es una medida necesaria, pero es clave la letra pequeña de esa instrucción para que no se convierta en un nuevo “brindis al sol”. Tampoco se improvisó esto para dar respuesta a una exigencia llevada ese día. Desde hace años venimos reclamando medidas para blindar las actividades agrarias de nuevas presiones que existen en el medio rural, y en particular en esta norma tiene mucho que ver también el trabajo de la asociación Ganagri y de la firmeza de uno de sus socios para dar la cara. Bienvenida, si acaso acompaña esa letra pequeña, esta norma, sí, pero en absoluto debe ser utilizada para alimentar el conformismo o la sensación de que esta serie de protestas cumplió sus objetivos.

El quinto punto es quizá el que más tiempo de lucha nos llevó a algunos, todo menos improvisado, y ya incluido expresamente en la agenda del nuevo consejero y no por gusto, sino por las presiones que en los últimos años llevamos haciendo para conseguirlo, especialmente desde la disolución de la Cámara Agraria en beneficio de unos pocos, y por lo que desde Asturias Ganadera se fomentaron la mejora y la génesis de nuevos sindicatos agrarios, cuya existencia es imprescindible para que unas elecciones agrarias puedan resultar verdaderamente útiles -siempre y cuando los nuevos sindicatos no sigan el proceso de los ya viejos nuevos partidos y se dejen absorber por el sistema-. En la elaboración de los estatutos de los nuevos sindicatos, siempre que se cumplan claro, dejamos una impronta fuerte para dificultar que este proceso espurio se dé. Así pues, habrá elecciones, sí, pero ya estaba la suerte echada.

Un asunto clave que sí se trató (sexto punto) es el incumplimiento de la Ley de la Cadena Alimentaria, que se resolvió con un lacónico “trabajar durante este año en una herramienta de cálculo de costes de las explotaciones”, eso que la propia Ley ya obligaba al Ministerio a hacer y que no hizo. Esperemos que se siga avanzando en este punto. Si se sigue presionando, seguro que avanzamos, pero si esperamos que con esta frase el problema queda resuelto o aplazado, nos vuelven a torear indignamente. El séptimo punto, ya lo comentaré un poco más abajo, cuando mencione el problema de los daños del lobo, pero lo trata extendido a la fauna salvaje en general. El octavo punto lo celebramos: la creación de una mesa sectorial -otra, ya hay unas cuantas convenientemente intervenidas para que trabajen al son del omnímodo poder de los gobiernos socialistas asturianos-. Esperemos que en esta mesa quepan las asociaciones y sindicatos no domesticados y verdaderamente llegue a constituir una herramienta eficaz para plantear soluciones a nuestros problemas, a los problemas del campo asturiano, y para exigir que se implanten.

Curiosamente se echaron de menos en las últimas exigencias llevadas al consejero algunos asuntos importantísimos. No sabemos si, asimiladas las limitaciones de los demandantes, se pidieron sólo en los términos más asumibles por el Gobierno algunos puntos para asegurar el “éxito” en la negociación. Se echaron de menos, por ejemplo, alusiones valientes y directas al problema de fondo del lobo, conformándose con que se diga que este año se pagarán los retrasos y que se ajustarán a partir de ahora los plazos de cobro a noventa días. Bien, que se paguen los retrasos está bien; que a partir de ahora -en la anterior legislatura el propio Barbón prometió pagos en quince días…- se pague en un máximo de tres meses, bien. Pero lo que se debe exigir en este punto es que no se queden sin pagar el 70 o el 80% de los daños, como ocurre ahora, que se contemplen los daños indirectos y el lucro cesante y, sobre todo, que se hagan las mejoras en la gestión de la especie, controles incluidos, que sean necesarias para que los daños bajen a unos límites tolerables.

Qué de un Plan Estratégico para reforzar la reciella, con una Ley Pastoril o como sea, pues las ovejas y las cabras siguen siendo las especies claves en la mayor parte de los ecosistemas de montaña asturianos.

Qué de los montes vecinales, cuya devolución es clave para dotar a las comunidades rurales de oportunidades económicas renovadas, modernas y tradicionales, dentro de la naturaleza productiva del medio rural, para ofrecer verdaderamente una herramienta contra el despoblamiento en las áreas de montaña.

Qué del infame protocolo de denuncias por presuntos indicios que está procesando a inocentes como pirómanos sólo por su profesión, con sentencias de culpabilidad ridiculizadas por el propio Supremo por su paupérrimo nivel en su instrucción, investigación y desarrollo. Qué de los asuntos que deben llevar al Ministerio (como la exclusión del lobo del LESPRE) o a Europa (por ejemplo un replanteamiento de la Agenda 20/30).

Estamos seguros de que la lucha no fue vana a pesar de la pericia política del Sr. Consejero de Medio Rural, pues sólo la demostración de que estamos dispuestos y capacitados para salir a la calle resulta francamente positivo, pero el campo no debe resignarse ni dejarse engañar por esa falsa cesión de lo que ya estaba concedido. Las políticas agrarias deben dar un giro en Europa, y hay que seguir presionando, pero también en lo que compete decidir en el Gobierno de España, y hay que seguir presionando, y en el propio Principado de Asturias, donde hay que seguir presionando para que de verdad haya cambios esenciales. A todos los niveles nos queda muchísimo por hacer. Por eso, celebrando los indicios de revolución campesina, que no pare la lucha.