Bienestar animal

Los seguros y los animales de compañía

La justificación de una herramienta esencial para la protección de las mascotas y de sus propietarios

Covadonga Díaz González

Covadonga Díaz González

La reciente entrada en vigor de la Ley de protección de los derechos y bienestar animal ha generado un amplio debate, especialmente en torno a la obligatoriedad del seguro de responsabilidad civil para los responsables de animales de compañía. Hoy queremos aclarar malentendidos y subrayar la importancia de dicho seguro, no solo como un imperativo legal, sino como una herramienta esencial para la protección de los animales y sus responsables.

La ley, en este aspecto, no busca ser punitiva, sino establecer un marco de seguridad y responsabilidad para quienes se puedan ver involucrados en algún percance provocado por animales de compañía. Contrario a los bulos que la pintan como una carga financiera injusta, el seguro de responsabilidad civil puede ser una inversión en tranquilidad y es una práctica común en varios países, reconociéndose como un componente integral de la tenencia responsable de animales.

Consideremos un ejemplo ilustrativo: un perro se escapa y entra en una carretera, causando un accidente de tráfico. Sin el seguro, el tutor legal del animal se enfrentaría a la responsabilidad propia de cubrir todos los daños ocasionados, tanto personales como materiales, una carga que podría ser abrumadora. Con el seguro, estos importes serían asumidos por la compañía hasta el límite de la póliza suscrita, siempre y cuando la causa que origine el accidente esté dentro de las coberturas contratadas, ofreciendo protección financiera al propietario y evitando posibles catástrofes en la economía familiar.

Este escenario destaca cómo el seguro de responsabilidad civil puede actuar como una red de seguridad, protegiendo no solo al propietario ante riesgos imprevisibles, sino también contribuyendo al bienestar animal al fomentar una mayor conciencia sobre el cuidado de los animales, y que a su vez también refleja un acto de responsabilidad consciente hacia la sociedad en su globalidad.

Pero todo esto no quiere decir que cualquier póliza vaya a blindarnos o a colocarnos en una posición de impunidad total ante cualquier catástrofe provocada por nuestro compañero. No debemos contratar de manera inconsciente el primer seguro que nos ofrezcan, lo prudente es que previamente nos asesoremos bien y revisemos a conciencia la letra pequeña, procurando conocer de primera mano los escenarios en los que estaremos amparados, ya que el mero hecho de contar con una póliza no implica que vayamos a poder derivar cualquier siniestro a la compañía. Del mismo modo, lo ideal sería que tuviésemos claros los supuestos en los que la aseguradora no va a responder por nosotros, o lo que ellos vayan a considerar como un acto imprudente por nuestra parte, como puede ser el accidente de tráfico provocado por un perro que se encontraba suelto por una voluntad consciente de su responsable.

En conclusión, debemos considerar la parte positiva que reporta contratar un seguro para nuestros amigos peludos, que protege los derechos y la seguridad de todos, siempre y cuando esa contratación se efectúe de manera correcta y no solo para dar cumplimiento a un imperativo legal.

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