12 de septiembre de 2013
12.09.2013

Cangas de Onís presume de iglesia

El templo parroquial de Santa María cuenta con cuatro nuevos altares, ideados por el cura local, Luis Álvarez, y el restaurador Jesús Puras, con imágenes procedentes de donaciones

12.09.2013 | 00:00

«Era increíble que en la iglesia de Cangas de Onís faltara la Cruz de la Victoria, que no estuviera la Santina, y que no hubiera una imagen del primer santo asturiano». Así se expresa el párroco de Cangas de Onís, Luis Álvarez Suárez, cuando alguien le pregunta porqué se decidió a impulsar la creación de cuatro nuevos altares en el principal templo del concejo. Lo tenía muy claro desde hace tiempo. Tanto que ideó el proyecto y elaboró, incluso, los bocetos de los altares. Y se los envió a un restaurador de su absoluta confianza, Jesús Puras, quien introdujo algunas mejoras, varias ideas, los afinó y dirigió las obras.

El resultado está a la vista. Donde antes había paredes pintadas de blanco, ahora lucen cuatro espectaculares altares. El resultado ha satisfecho tanto al sacerdote como al profesional de la restauración. El monumental templo ya está preparado para celebrar su cincuentenario, el 4 de noviembre, momento que podría ser aprovechado para retomar una vieja aspiración de la parroquia, que se le concediera el título de basílica, en atención a las raíces históricas, culturales y religiosas de la ciudad.

Los altares están dedicados a San Melchor de Quirós, la Virgen de Guadalupe, la Virgen Dolorosa y el Cristo Yacente, y la Santina y la Cruz de la Victoria. «Ha quedado un conjunto muy asturiano», señaló el párroco, pues incluso la Virgen de Guadalupe tiene una legión de seguidores aquí, por los muchos asturianos que emigraron a México, donde existe auténtica devoción por esta advocación mariana.

Al cura le gustan los cuatro altares, pero si tuviera que elegir uno quizás se quedaría con el que reúne a la Virgen de Covadonga y a la Cruz de la Victoria. Está situado justo enfrente del dedicado a San Melchor de Quirós, que es, precisamente, el favorito de Jesús Puras. En ambos casos, según explicó el restaurador se buscó la continuidad de los elementos que adornan las enormes cristaleras situadas justo encima, respetando siempre las líneas clasicistas del templo. Así que se prolongaron las jambas de las vidrieras. «Intentamos, y creo que conseguimos, integrar los altares en el edificio». Fue, en palabras de Pura, «un guiño a la composición que se ve en la iglesia». Y no fue fácil, pues los trabajos no estuvieron exentos de problemas. El primero, que la piedra caliza tipo Covadonga, utilizada en la iglesia, está prácticamente agotada, por lo que hubo de buscarse una veta similar, que finalmente se halló en Santander. Otro problema fue la existencia de una boca de calefacción en la zona del altar de San Melchor de Quirós. Ante la imposibilidad de eliminarla, el diseño del altar de San Melchor tuvo que modificarse y no es exactamente igual que el de la Santina. «La boca mata un tanto al altar. Sin ella ganaría una barbaridad», señaló Puras resignado.

En el altar de la Santina y la Cruz de la Victoria, Puras hubo de resolver el problema de las dimensiones de las dos imágenes. Se decidió por un entablamiento muy sencillo y un arco de medio punto. La Cruz de la Victoria se colocó arriba, y la Santina debajo. «El juego cromático de las piedras quedó bien, simétrico», señaló el restaurador. Luis Álvarez añadió: «es el altar que más gustó, un conjunto muy logrado».

El altar de San Melchor, además de la boca de calefacción, tuvo un segundo inconveniente: los bancos, antiguos y de gran valor, están en esa zona apoyados en la pared. Moverlos significaría ocupar un pasillo y, en definitiva, romper el equilibrio del templo. Así que Puras se limitó a prolongar las jambas, hasta la altura de la boca de calefacción.

El altar de la Virgen de Guadalupe, donde antes había un confesionario, tenía como handicap que iba a tener como figura principal un cuadro sin relieve. El retablo de encuadramiento tenía que ser, además, lo más parejo posible al de la Dolorosa, cuyo altar se sitúa justo enfrente. Tanto el arco, como las cornisas y los estribos son similares en los dos altares. El altar de la Virgen mexicana es asimismo un homenaje al indiano y benefactor local José González Soto, que sufragó en 1963, parte de la construcción de la iglesia de Santa María.

Las imágenes han sido donadas por varios fieles, salvo la de la Dolorosa, que es antigua, pues, gracias a la intersección de una devota, se salvó de la pira en la que se quemaron las demás imágenes del templo durante la Guerra Civil. Existió anteriormente otro Cristo Yacente, pues hay fotografías antiguas, en procesiones de Semana Santa. Además de los altares, se han colocado una sede y un ambón elaborados en Siero con mármol verde hindú.

Levantar los altares llevó tres semanas, en las que Puras contó con la ayuda de dos canteros de Piloña, Nando y Carlos Remis. Ahora la iglesia está «completa», señaló el párroco, que dejará la parroquia canguesa en los próximos días, para ejercer como capellán del Hogar cangués Beceña González. El sacerdote se va con la pena de no haber conseguido instalar un nuevo altar mayor con un retablo en consonancia con el resto del templo.

Unas imágenes «muy dignas»

El párroco cangués, Luis Álvarez, presume de contar en su iglesia con unas imágenes «muy dignas», entre las que se cuentan, por ejemplo, las de la Dolorosa y el Cristo Yacente, una talla de San José, el Sagrado Corazón de la Guarda y un antiguo Cristo Crucificado.

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