Piloña ya tiene a sus "Paisanos del año 2018". Son la hostelera de La Marea Maruja Óvana Lobeto y el cartero de Areñes, Constantino González Espina. El Ayuntamiento les rendirá este viernes un homenaje en el transcurso del 60.º Concurso regional de ganado vacuno de Infiesto por su labor en el medio rural. Los dos comparten el amor por el trabajo bien hecho y se muestran "agradecidos" por el galardón.

Maruja Óvana nació en El Tozu (Caso) en 1937, pero se crió y fue a la escuela en La Marea, donde sus abuelos fundaron, a finales del siglo XVIII, la tienda-bar Casa Maruja, que ella misma regentó hasta la jubilación, cuando tomó el relevo hijo David. Desde pequeña aprendió a moverse entre fogones gracias a su madre Natividad. Sus recetas han sido degustadas por el presidente del Corte Inglés, Isidoro Álvarez; el juez Baltasar Garzón; el exdirector de la Biblioteca Nacional de Uruguay, Raúl Vallarino, y el rey Felipe VI, siendo príncipe.

Maruja Óvana confiesa que le cuesta estar lejos de la barra porque cada día son varios los clientes que "vienen desde lejos" para saludarla y con los que le gusta charlar. En su negocio se pueden comprar desde una bombilla hasta unas zapatillas. "Mantenemos la tienda por tradición, aunque los vecinos hace años que hacen las compras en grandes superficies", relata. La "paisana del año" de Piloña puede presumir de ser una de las primeras mujeres de la zona rural en sacarse el carné de conducir, a finales de los años sesenta. "En Infiesto me conocían como 'la moza del coche' porque bajaba a hacer los recados en un R6 verde que compré nuevo en Gijón por 124.297 pesetas", explica. Su negocio fue el primero de la zona en tener congelador. "Supuso toda una novedad porque hasta entonces los vecinos sólo podían comer pollo o merluza en Nochebuena", relata. Aunque reconoce que la hostelería en el medio rural "es dura y no entiende de vacaciones", no cambia su profesión "porque detrás del mostrador se aprende mucho".

Sus platos más conocidos, como el cabritu, los callos, los pimientos rellenos y el jabalí fueron degustados en más de una ocasión por el "paisano del año" Constantino González. "Celebramos alguna Nochevieja hasta altas horas en el bar de Maruja", confiesa el galardonado. El piloñés ya está acostumbrado a los homenajes, pues este mismo año la asociación "Ríu Fontoria" le brindó uno por ser, a sus 95 años, el vecino de más edad de Areñes. Cuidar de una huertina y desayunar tortos con leche son algunos de sus trucos para seguir cumpliendo primaveras con vigor.

González es un incondicional de ferias ganaderas como la que se celebra el sábado en Infiesto. Su primer trabajo lo consiguió en la mina de carbón de La Marea y le permitió reducir el número de meses que prestó servicio militar en Medina del Campo. Después entró en Correos y se encargó, hasta la jubilación, de llevar las cartas a los pueblos de Areñes, Les Coballes, Les Cuerries y Santa Ana de Maza. "Iba a pie hasta que compré una Vespa. De aquella, la paga les llegaba por carta a los vecinos y alguna propina me daban", dice González, que complementaba los ingresos con media docena de vacas.