14 de junio de 2020
14.06.2020
La Nueva España

Alegría por dentro en San Antoniu

Las reuniones de amigos dieron calor a un desangelado día del patrón de Cangas de Onís, sin apenas actos oficiales

14.06.2020 | 00:07

Cangas de Onís registró ayer su San Antoniu más atípico, marcado por la pandemia del covid-19, muy a pesar de la entusiasta Sociedad de Festejos que preside José Luis García García, "Fifu", que estaba volcada meses atrás en organizar unos eventos inolvidables. La suspensión de los eventos festivos fue una decisión dolorosa, pero la más sensata para salvaguardar la salud y cumplir a rajatabla las medidas de seguridad sanitaria en el marco del estado de alarma por el coronavirus. Eso sí, no faltó, simbólicamente, la ofrenda del ramu al santo patrón.

"Es triste que no haya fiestes de San Antoniu esti añu, pero la salud es lo primeru". Palabras de José Manuel Valle Calvo, al que todo el mundo en Cangas de Onís conoce por "Manolín, el de Virgilio". Es la persona encargada desde hace cuatro décadas -en su momento ayudando a su progenitor Manuel Valle Castaño- de la quema del rozu de la joguera en la medianoche de cada 12 de junio, al pie del vetusto robledal de Cangas de Arriba, en la víspera del "día grande". Hasta el pasado viernes.

Habría que remontarse a la infausta la Guerra Civil, cuando fue destruido el retablo de la ermita, aunque la imagen de San Antoniu se conservó "gracias a que le pusieron un pañuelo rojo por el cuello y un fusil en la mano para presidir uno de los salones de la Casa del Pueblo", según cuentan Juan Ramón Cofiño Prieto y Javier Remis Fernández en el libro "Cangas de Onís, historia de una parroquia".

El 13 de junio fue declarado fiesta oficial y San Antonio de Padua patrono de la ciudad de Cangas de Onís, por acuerdo municipal de 9 de junio de 1932, siendo alcalde Constantino González y González, primer regidor republicano cangués, nombrado el 15 de abril de 1931, permaneciendo el cargo hasta 1936, sustituyéndole en esa misma Segunda República Manuel Torres García.

Otra fecha que afectó de lleno a las fiestas de San Antoniu fue el 12 de junio de 1987 cuando se estrelló en Sohornín, cerca del Lago Enol, un helicóptero de la Ertzaintza, falleciendo sus siete ocupantes. Participaban en las labores de búsqueda de Germán Quintana, quien se había extraviado días antes por aquellos lares, mientas hacía una ruta con un grupo de alumnos del Colegio Loyola, de Oviedo, y en excursión organizada por la Asociación de Padres del mismo centro educativo con destino al Mirador de Ordiales. El chico nunca apareció.

Ayer, apenas unos voladores rompían la tranquilidad del día de San Antoniu, triste y desangelado. La Policía Local precintó espacios de ocio (zona del Frontón, el área Llanu´l Cura, hórreo de Casa Riera, y, por supuesto, el robledal de San Antoniu), como medida previsora para evitar aglomeraciones. Hubo cinco misas en la iglesia parroquial de Cangas de Onís, predicadas por los párrocos Marcos Cuervo y Diego Macías que contarán con la Banda de Gaitas "Ciudad de Cangas de Onís", dirigida por Jesús Miguel Gómez Pellico, que también tocó de forma simbólica el himno de Asturias, al mediodía, en la plaza Camila Beceña.

Algunas familias y grupos de jóvenes aprovecharon para reunirse en torno a mesa y mantel en restaurantes cangueses que ofrecían menús especiales enmarcados en el día de San Antoniu, el Nuestru.

Música en Infiesto

También celebró San Antonio la villa de Infiesto, con un programa recortado pero que incluyó un vermú musical aderezado por el grupo "Push" tras la misa y el pregón a cargo de Francisco Rodríguez, coordinador de Protección Civil en el concejo.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook